EL LUJO DEL TIEMPO

Hay una pregunta que me ronda la cabeza desde hace tiempo: ¿qué significa hoy ser rico? Durante siglos, la respuesta parecía evidente. Rico era quien poseía tierras, casas, joyas o dinero. Después llegaron los símbolos modernos del éxito: un buen coche, una vivienda espectacular, viajes exóticos, tecnología de última generación.

Sin embargo, creo que hemos llegado a un momento histórico en el que la verdadera riqueza ha dejado de medirse en bienes materiales. El lujo más difícil de conseguir ya no se guarda en una caja fuerte ni se exhibe en una vitrina. El verdadero lujo es disponer de tiempo. Tiempo para desayunar sin mirar el reloj, para leer un libro sin sentir que deberíamos estar haciendo algo “más útil”, también tiempo para aburrirnos.

Paradójicamente, nunca habíamos tenido tantas herramientas destinadas a hacernos ganar tiempo. Los electrodomésticos hacen en minutos lo que antes ocupaba horas. Podemos comprar sin salir de casa, hablar instantáneamente con alguien al otro lado del planeta, realizar gestiones desde el móvil y encontrar cualquier información en cuestión de segundos. Todo parecía conducir a una vida con más espacio para nosotros. Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Cada minuto que la tecnología nos ha ahorrado ha sido inmediatamente ocupado por nuevas obligaciones. Respondemos correos a cualquier hora, llevamos el trabajo en el bolsillo, organizamos nuestra vida mediante aplicaciones que nos recuerdan constantemente todo lo que aún queda por hacer. Incluso el ocio ha terminado sometido a la lógica de la productividad. Ya no basta con leer; hay que leer más libros que el año pasado. No basta con hacer deporte; hay que registrar cada entrenamiento. No basta con viajar; hay que fotografiarlo, compartirlo y demostrar que hemos estado allí.

Vivimos con la extraña sensación de que el tiempo siempre nos persigue. Nos levantamos pensando en todo lo que debemos hacer antes de que termine el día y nos acostamos con la impresión de que, aun habiendo hecho muchísimo, no ha sido suficiente. La lista nunca termina y quizá ese sea uno de los mayores dramas de nuestra época: hemos confundido estar ocupados con vivir plenamente.

El tiempo convertido en mercancía

Existe una expresión muy repetida: “el tiempo es oro”. Siempre me ha parecido una frase reveladora porque resume perfectamente la mentalidad con la que hemos aprendido a relacionarnos con el tiempo. Lo tratamos como si fuera un recurso económico. Hay que invertirlo, optimizarlo, rentabilizarlo, ahorrar minutos y evitar cualquier actividad que no produzca un beneficio tangible. Sin darnos cuenta, hemos empezado a valorar nuestros días casi como una empresa evalúa su rendimiento. Si descansamos una tarde entera, aparece esa incómoda voz interior que nos recuerda todas las tareas pendientes. Incluso el descanso parece necesitar una justificación. Pero, el tiempo nunca fue una mercancía. El tiempo es el escenario donde ocurre nuestra vida y no se recupera. 

La lección de Momo

Hace poco volví a pensar en Momo (1973), una obra de Michael Ende. Recuerdo perfectamente haber visto la película cuando era pequeña. Me fascinaban la tortuga Casiopea, la imaginación de la historia y aquella niña capaz de enfrentarse a unos personajes tan extraños como inquietantes. Sin embargo, no entendí realmente la historia. Era demasiado pequeña para hacerlo y solo muchos años después comprendí que Momo nunca fue un cuento infantil en el sentido habitual, sino una crítica feroz a la sociedad moderna.

Los hombres grises no llegaban con violencia y no obligaban a nadie. Simplemente convencían a las personas de que estaban desperdiciando el tiempo. Les enseñaban a ahorrar minutos, a trabajar más deprisa, a eliminar conversaciones inútiles, juegos, paseos, visitas inesperadas y cualquier actividad que no generara un beneficio inmediato. Las personas creían que estaban ganando tiempo, pero la realidad era que estaban dejando de vivir.

Cada vez que releo esa historia me impresiona comprobar hasta qué punto Michael Ende anticipó el mundo en el que vivimos. Los hombres grises ya no necesitan aparecer, porque somos nosotros mismos.

En busca del tiempo… vivido

Hay otra obra que inevitablemente me viene a la cabeza: En busca del tiempo perdido (1913-1927) de Marcel Proust.

El título suele interpretarse como un intento de recuperar el pasado, pero siempre me ha parecido que va mucho más allá. Proust muestra cómo la memoria, una sensación o un sabor pueden devolvernos un instante con una intensidad extraordinaria. El famoso episodio de la magdalena no trata solo de recordar, sino de descubrir que el tiempo verdaderamente vivido permanece de algún modo dentro de nosotros.

No podemos recuperar las horas que ya pasaron, pero sí comprender qué hace que un momento merezca ser recordado. Y casi nunca tiene que ver con la productividad. Lo que permanece son las conversaciones, los afectos, los lugares compartidos, los silencios cómodos, las pequeñas escenas cotidianas que, en su momento, parecían insignificantes.

Quizá por eso el problema no sea que tengamos poco tiempo, sino que demasiado a menudo vivimos distraídos mientras el tiempo sucede. 

La resistencia

No podemos cambiar el ritmo del mundo y seguramente seguiremos viviendo rodeados de pantallas, plazos y responsabilidades. Pero sí podemos decidir, de vez en cuando, proteger algunos espacios.

Momo me enseñó esa lección demasiado tarde. De niña vi una aventura fantástica y de adulta descubrí una advertencia. Comprendí que los hombres grises nunca desaparecieron; simplemente cambiaron de aspecto. Hoy se esconden en la prisa permanente, en la obsesión por optimizar cada minuto, en la sensación de que siempre deberíamos estar haciendo algo más. Y quizá la mejor forma de vencerlos sea recordar que al final, el verdadero lujo no es tener más cosas, sino tener tiempo para disfrutarlas.

Tags from the story
, ,
More from Isabella d Amicis
¿ES REALMENTE IRRELEVANTE EL TEATRO?
Las recientes declaraciones de Timothée Chalamet, según las cuales formas artísticas como el...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.