LA HISTORIA QUE CONTARÁN

Lo que sabemos de nuestro pasado conforma nuestro presente y nos marca un cierto rumbo futuro. Nuestros errores y aciertos nos ayudan a mejorar, tratando que las generaciones venideras no tropiecen con las mismas piedras ni repitan las mismas pifias que cometimos sus ancestros.

Por ello, nuestros libros de historia, especialmente los editados antes de este periodo actual regido por internet, poseen un valor por su veracidad que pocas veces tomamos en la medida de su importancia.

A principios de este año, se desclasificaron más de 4.000 páginas de documentos judiciales en el marco de la demanda por derechos de autor que los escritores Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson interpusieron contra la empresa Anthropic en 2024. La acusación principal defendía que Anthropic descargó en sus sistemas millones de libros protegidos por derechos de autor procedentes de librerías digitales para entrenar sus modelos de IA sin permiso ni compensación. En agosto de 2025, Anthropic acordó pagar 1.500 millones de dólares para cerrar el litigio, convirtiéndose en el mayor acuerdo por derechos de autor en la historia de los Estados Unidos.

El proyecto Panamá

Parece una resolución positiva y se vio como un ejemplo de aplicación de las leyes de protección de derechos de autor. Pero la desclasificación de los documentos, sacó a la luz algo oculto llamado “Project Panama”.

El proyecto respondió a una necesidad estratégica identificada directamente por la dirección ejecutiva de Anthropic, encabezada por sus cofundadores Dario Amodei y Jack Clark. Desde enero de 2023, memorandos internos reflejaban una postura dominante en la dirección: los libros redactados por humanos constituían la única fuente de datos capaz de enseñar a los modelos a “escribir bien”, ofreciendo una densidad léxica y una coherencia estructural que el texto extraído de la web abierta no podía replicar. 

El rendimiento de Claude (su modelo de lenguaje), depende directamente de la pureza de datos. El problema es que se nutre de todos los datos disponibles, incluso los generados por IA, pudiendo provocar algo denominado “colapso de modelo” que bajaría a marchas forzadas la veracidad de la información.

“Project Panama” fue el nombre en clave del despliegue logístico e industrial desarrollado entre 2024 y 2025, diseñado para comprar en el mercado secundario, guillotinar mecánicamente, escanear a alta velocidad y posteriormente destruir millones de libros impresos con el objetivo de alimentar el entrenamiento de sus modelos de lenguaje. Además, creaban un “foso” de datos. Al destruir los libros físicos después del escaneo, Anthropic aseguraba que ningún competidor pudiera acceder a esas mismas copias físicas para digitalizarlas.

Antes fue en Google

Al frente de este proyecto había alguien destacado, con antecedentes curiosos: Tom Turvey, el Vicepresidente de Asociaciones de Producto en Anthropic, fue anteriormente Jefe de Asociaciones para Google Books liderando la digitalización masiva de bibliotecas universitarias durante casi dos décadas.

Parecía que Anthropic le contrataba para hacer lo mismo que hizo en Google, pero decidieron cambiar de estrategia: Turvey aplicó su experiencia previa para resolver la logística de escaneo masivo, pero a diferencia de Google (que tomaba en préstamo y devolvía los originales), en Anthropic se utilizó el escaneo destructivo para crear un dataset privado y eliminar la evidencia física, asegurando una ventaja competitiva exclusiva.

Durante los dos últimos años han estado comprando millones de libros, a menudo en gran volumen a tiendas de segunda mano de todo el mundo, centrándose en ejemplares editados entre 1970 y 2022. Se escogieron estas fechas ya que al incluir el código ISBN en los libros, podían comprar lotes a grandes distribuidores.

La operación fue avalada legalmente ya que según la ley, un propietario es libre de hacer lo que quiera con los libros que ha comprado. Por lo visto, no existe ningún impedimento legal que nos impida cortarlos, triturarlos o quemarlos.

La destrucción de libros

Pero lo que no contaba Anthropic es que una vez acabado el juicio, entre los informes desclasificados aparecieran determinados documentos internos que dejaban claras las intenciones de la empresa, con frases como: “Project Panama is our effort to destructively scan all the books in the world. We don’t want it to be known that we are working on this.” (Project Panama es nuestro esfuerzo para escanear de forma destructiva todos los libros del mundo. No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto).

Y digo yo…, ¿por qué una empresa querría destruir todos los libros del mundo? Bueno, tal vez cobra sentido si resulta que las únicas copias que quedan son las digitalizaciones que la empresa tiene en propiedad, pudiendo manipular a su antojo el contenido de todas esas obras.

En España, gracias a la Ley 23/2011, de 29 de julio, de Depósito Legal, las editoriales están obligadas a depositar en la Biblioteca Nacional (BNE) dos ejemplares de todas las obras que editen, produzcan o importen.

Su finalidad es la conservación, la protección del patrimonio bibliográfico y el control estadístico de la producción editorial.

Pero aquí es donde entra mi escepticismo hacia la clase política y sinceramente, no me aporta mucha tranquilidad pensar que los únicos valedores de nuestro legado cultural son los individuos que nos gobiernan. 

Realmente, es difícil asegurar que hay un motivo siniestro detrás de esta operación por parte de Anthropic, pero personalmente creo que es un toque de atención para que valoremos nuestra historia y no olvidemos la importancia de nuestro recuerdo y nuestro legado personal. Todo lo que un ser humano ha escrito nace desde un lugar que nunca podrán replicar las máquinas. La creatividad no se basa en reunir datos y sintetizarlos de forma original; requiere que el resultado impacte, provoque sensaciones y toque lo más profundo de nuestra humanidad.
La cultura actual y pasada son la semilla de los nuevos tiempos y la mejor herramienta para trazar un futuro esperanzador.

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