CORRUPCIÓN MANIFIESTA

Confieso que no sé ya qué tiene que ocurrir para que un escándalo político provoque una verdadera reacción en España. Ya nada nos sorprende, sobre todo tras los últimos acontecimientos que se han ido desarrollando en un entorno político cada vez más corrupto. La actualidad política se ha convertido en un suceso de investigaciones, declaraciones judiciales, grabaciones, mensajes y explicaciones oficiales que convencen a menos gente. O eso quiero creer. 

Mientras tanto, los ciudadanos vemos cómo tenemos que asistir a un espectáculo grotesco con una mezcla de indignación y resignación. Y esto me preocupa y mucho. No olvidemos que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa tras una moción de censura construida sobre una idea muy clara: España necesitaba recuperar ejemplaridad política. Paradójico, ¿verdad? El presidente del Gobierno no ha cumplido este punto, nos ha engañado y de qué manera. La regeneración política era su bandera. La ética pública era una bandera. ¿Y qué nos hemos encontrado con el Gobierno de Pedro Sánchez? Corrupción y más corrupción. Un escándalo sin precedentes en la historia de la democracia española. 

Demasiados nombres, ninguna explicación

Uno de los argumentos que más repiten desde el Gobierno es que cada asunto debe analizarse por separado. Y sí, cada investigación tiene sus propias características, pero ya parece una alucinación todo esto. El PSOE y el Gobierno del señor Sánchez están empañados hasta las trancas de corrupción. Cada día aparecen más nombres y más tramas. Y, lo más sorprendente, es que ya todo nos va pareciendo normal. Es a lo que nos tienen acostumbrados.  

José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Begoña Gómez, Koldo García o Leire Díaz ocupan titulares todos los días. Mientras escribo estas palabras se está produciendo una de las declaraciones más históricas de todos los tiempos: la de del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Una declaración sin precedentes, pues es el primer presidente del Gobierno de España que se enfrenta a un caso judicial de gran envergadura. El lunes también declaraba ante el juez la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, volviéndola a situar en el centro de la actualidad. Independientemente del recorrido judicial que tenga el asunto, el simple hecho de que la mujer del presidente del Gobierno tenga que comparecer ante un juez ya constituye una situación extraordinaria. Lo mismo ocurre con otros nombres que durante años formaron parte del círculo de máxima confianza del presidente.

No hablamos de personas lejanas al poder. Estamos hablando de personas que ocupan puestos clave. Una vergüenza. 

La responsabilidad que nadie quiere asumir 

Hay algo que me resulta más que llamativo en la política actual y es la desaparición de toda responsabilidad política. Si una persona de confianza falla, puede ser un error individual. Si fallan dos, puede ser mala suerte. Pero, si durante años aparecen problemas relacionados con distintas personas del mismo entorno político, quizá tendríamos que empezar a hacernos preguntas. Pero esas preguntas nadie nos las va a responder. 

La estrategia de esta gente siempre es la misma. Negar cualquier conocimiento previo. Desvincularse de los implicados. Presentar cada nuevo escándalo como un episodio aislado. Manchar la imagen de personas como cortina de humo. Y esperar a que pase la tormenta mediática. Objetivo: cero responsabilidades. Y cero éticas morales. 

El gran problema de Sánchez

A estas alturas, el principal problema de Sánchez es la credibilidad. Cada vez que comparece para asegurar que desconocía lo que ocurría, una parte de los ciudadanos dejan de creerle. Un señor que está acabando con la democracia y salpicando un país de presunta corrupción no merece la credibilidad de nadie. 

Y luego está ese discurso que ya ha hecho suyo de que todo responde a una campaña contra él. Discurso barato que lo único que demuestra es que no quiere asumir ningún tipo de responsabilidad. 

Y ahí está, en el poder, que es lo que a él le gusta. De ahí no lo baja nadie. Lo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo es dimitir. Pero la necesidad de poder de este hombre se lo impide. Ni piensa en España. Ni piensa en los españoles. Solo piensa en él y en estar el mayor tiempo posible siendo el número 1. 

El daño ya está hecho

No sé cómo terminarán las innumerables investigaciones abiertas. No lo sabe nadie. Lo que sí sé es que el daño político ya está hecho. 

Millones de españoles observamos con estupor lo que ocurre y vemos que quienes prometieron que iban a limpiar la política han terminado rodeados por los mismos problemas que denunciaban cuando estaban en la oposición. Y esa es la peor noticia para nuestra democracia. Porque la corrupción no solo vacía las arcas públicas. También vacía la credibilidad de los ciudadanos. Y recuperar esa confianza es mucho más difícil que ganar unas elecciones. 

Pedro Sánchez llegó al poder señalando la corrupción de los demás. Ahora, esa corrupción le señala a él y a las personas que se encuentran a su alrededor, dejando una pregunta en el aire: ¿dónde quedó la regeneración democrática que prometió?

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