LA IMPORTANCIA DEL APRENDIZAJE

En los años noventa fundé una empresa de servicios para el sector musical en la que contábamos con una escuela de música moderna. Para el desarrollo del curriculum, quienes formamos el equipo directivo trabajamos durante semanas sobre las metodologías de algunas de las mejores escuelas de música moderna del mundo. Recuerdo repasar los temarios de The Juilliard School (New York), del Musicians Institute (Los Angeles) o de Berklee (Boston).

Ahí aprendí desarrollo curricular y la importancia de las habilidades y competencias en un programa educativo. Años más tarde, ya en la segunda década del siglo XXI me dediqué a la consultoría educativa relacionada con la tecnología y trabajé con cientos de profesores, directores, decanos, rectores… En cada uno de los procesos, siempre entendí la diferencia entre las herramientas y el aprendizaje intelectual.

Hace muchos años esta distinción era más evidente ya que una calculadora no te hacía parecer menos inteligente. Se asumía su labor y se situaba a disposición del usuario. En la actualidad, los agentes de IA aportan tal cambio en los procesos de aprendizaje humano que pueden provocar dicotómicamente, que la herramienta más efectiva en la historia de la humanidad sea también nuestro mayor fracaso.

Memorizar no es aprender

Los procesos de aprendizaje no son sólo una serie de obstáculos que superar para conseguir llegar a la meta de la erudición. Son el elemento de integración cognitiva que nos permite asimilar realmente dicho conocimiento. Memorizar no es aprender, repetir un texto no implica haberlo entendido. Y soltar una ristra de frases célebres no nos pone a la altura de sus autores. Siempre me ha sorprendido la recurrencia al nombrar citas famosas en una conversación como si al hacerlo, quien las rememora se situara de inmediato del lado e incluso al nivel de su solemne autor.

El recurso “ya lo dijo Fulanito” es tan vacío como asumir que no hace falta preguntarse el porqué de las cosas si alguien reconocido ya hizo el esfuerzo. Además, me fastidia la arrogancia de pensar que haber leído una frase o incluso las obras completas de un pensador pone al lector a la altura del mismo. Leer a Faulkner no te pone a su altura narrativa, más bien te define como un “amanecista” argentino con ínfulas de ser autor de prestigio.

El aprendizaje requiere de un esfuerzo necesario, de un camino que se debe recorrer para entender el proceso una vez se llega a la meta. Un corredor de maratón no adquiere valor por hacerse los 42 kilómetros y 195 metros, sino por superar los retos, los miedos o las inseguridades que le van atenazando y susurrando para tentar con la renuncia.

Ver más allá de un cuadro

Visitar un museo no te hace más culto ni te ayuda obligatoriamente a entender a los artistas en él expuestos. Si tu mente no ha adquirido los conocimientos que te permiten la comprensión y toda tu atención no está puesta en el mensaje que sucede cuando te encuentras frente a un lienzo. Puedes pasar por delante de las obras completas de Goya sin sentir el más mínimo interés.

Da igual si conoces la vida y obra del artista, si te impresiona el valor del lienzo o si detrás hay una historia apasionante. Al final, todo se reduce a un proceso de aprendizaje entre lo que ha quedado plasmado en un lienzo enmarcado y la disposición del espectador para captar el mensaje subyacente.

El progreso de los agentes de IA es incuestionable. Es un avance increíble y una herramienta absolutamente disruptiva, pero estamos también ante un momento histórico sin precedentes: nunca antes una herramienta creada por el ser humano ha sido capaz de rebajar nuestra valía de una forma tan abrupta.

No sólo nos encontramos ante el recurrente problema de la suplantación laboral, suceso que ha pasado en muchos otros momentos de la historia; me preocupa más el efecto aletargante que imprime en nuestra consciencia.

En otros momentos de la historia reciente ya pasamos por situaciones parecidas aunque nunca de este tamaño. Por ejemplo, en los años ochenta no había móviles y las comunicaciones telefónicas se hacían desde donde había un teléfono. Los que vivimos aquellos tiempos y nos negábamos a cargar con una agenda en el bolsillo, teníamos la costumbre de memorizar los números de teléfono de nuestros amigos y familiares, por lo que era bastante habitual poder marcar de memoria varias decenas de números de teléfono sin apenas esfuerzo. ¿Cuántos números de teléfono te sabes en la actualidad…?

La capacidad de reflexionar

Cuando un talento se hace irrelevante va perdiendo importancia y acaba por perderse. Si en lugar de un talento en particular, hablamos de la capacidad de reflexión o incluso de comprensión sobre los dilemas que nos encontramos, el resultado intelectual puede ser devastador.

Este mismo texto podría haber sido escrito por una IA. Hubiera sido más sencillo haberle planteado el tema a tratar, los puntos de importancia y la síntesis que quiero presentar, pero me hubiera perdido el autentico motivo por el que me siento frente al ordenador y dejo que las ideas y las palabras vayan surgiendo, mientras ordeno las piezas del mensaje que deseo transmitir.

El proceso de creación tiene tantos matices y puntos de aprendizaje, que delegar las partes más complejas a una IA pone en cuestión quién es realmente el autor. En mi caso, para el trabajo que desarrollo en mi empresa suelo utilizar varios modelos de IA pero siempre los uso para la búsqueda de datos, comparativas de parámetros o análisis sencillos. Las síntesis o los resultados que se derivan de estos análisis siempre surgen desde mi criterio. De otra manera, me costaría considerarlos como propios.

Tengo algo muy presente: ninguna IA es inteligente por el simple hecho de saber manejar la información. Un modelo de IA no es más que un ingente repositorio de datos, manejado desde una consecución de algoritmos que me muestran los resultados más convenientes de acuerdo a los objetivos que se han planteado. Y esta parte última es la que realmente considero relevante. 

Y llegó la IA

No le quito ningún mérito a la tremenda revolución que significa la IA, pero el objetivo lógico de cualquier empresa es la rentabilidad. Y me parece normal que tras la búsqueda de su propio éxito, las empresas se vean en la disyuntiva de tener que elegir entre determinadas oportunidades de negocio y la ética. Por todo esto y muchos otros motivos, nunca desestimes el placer del aprendizaje. 

Aprende un idioma por el placer de comunicarte con personas de distintas culturas sin necesidad de un traductor, equivocándote en las palabras y buscando el término apropiado para definir el mensaje correcto. Estudia y aprende a tocar un instrumento musical, sin querer ser músico, ni siquiera para tocar delante de amigos y familiares.

Hazlo para disfrutar del reto de superarse y ver al final de cada tramo cómo ese esfuerzo se transforma en la capacidad de reproducir sensaciones en forma de armonías, melodías y ritmos. Escribe desde el corazón, con errores y frases incoherentes pero propias, sin buscar la perfección y plasmando mensajes desde la propia humanidad.

Y lo más importante…, hazlo para ti y por el sencillo placer de verse crecer.

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