LA AMARGA NAVIDAD DE PEDRO ALMODÓVAR 

Estos días he tenido la oportunidad de leer el guion de Amarga Navidad, la última película de Pedro Almodóvar. Siempre he pensado que se disfruta mucho más de una obra leyendo el guion. Y esta vez lo he disfrutado muchísimo. 

Amarga Navidad es, en apariencia, una historia íntima atravesada por el duelo, la creación y la memoria. Pero, también, es una película sobre el propio arte de narrar, sobre cómo la ficción se convierte en refugio para quienes necesitan ordenar y olvidar el dolor. En un contexto navideño que funciona más como contraste que como celebración en sí, Almodóvar construye un relato contenido, silencioso, donde cada gesto pesa más que cualquier palabra. 

El microrrelato como refugio: cuando escribir y grabar una película es una forma de sobrevivir 

Hay una idea que se mantiene durante todo el guion y es la ficción como herramienta para procesar la pérdida. El protagonista no se limita a escribir lo que le ocurre, sino que intenta darle sentido a través del relato. Necesita ordenar lo que ha pasado, ponerle palabras, imágenes, personajes, y convertirlo en algo que pueda comprender. 

Y ahí está el punto clave: Amarga Navidad no solo trata del duelo, sino la necesidad de contarlo para poder asumirlo. Y si nos ponemos a pensar, Pedro Almodóvar a través de sus últimas películas ha traído siempre a escena la muerte de su madre, que tanto atravesó al cineasta. 

A su vez, el protagonista de la película, interpretado por Leonardo Sbaraglia, también director de cine en la película, crea el personaje de Elsa (Bárbara Lennie), directora de publicidad para poder reconciliarse con el duelo y superar la muerte de su madre. Como vemos, el duelo está presente en toda la película, a través de varios personajes. 

Un Almodóvar más sobrio que nunca

Es cierto que me he acercado a la filmografía hace relativamente poco. Gracias a diversas plataformas, he podido ver varias de sus películas más conocidas, y he de decir que me está cautivando. Y, por eso, estaba deseando poder adentrarme de lleno en su última película. Con un Almodóvar más sobrio que nunca. Más auténtico. Más evolucionado como director. 

Y es que, una de las grandes sorpresas que me he llevado al leer el guion, es que es relativamente sencillo. No necesita artificios ni adornos para contar lo que quiere contar de una forma sublime y única, como solo sabe hacer Pedro Almodóvar. No hay grandes estallidos dramáticos ni giros estridentes ni ruidosos. Lo que hay es contención. Una contención que se traduce en diálogos precisos y en escenas congeladas, haciendo posible que el movimiento parezca detenerse por completo, como si fuera fotografía. 

Con Amarga Navidad, Almodóvar ha dejado atrás parte del barroquismo de sus inicios para apostar por una puesta en escena casi teatral. Todo parece reducido a la mínima expresión y, sin embargo, no hace falta nada más. 

Leer el guion ha sido fascinante, más si cabe que ver la película. Cada línea está ahí por una razón. Pedro ha sabido lo que quería decir en cada momento. 

Personajes que se construyen sobre sus propias contradicciones

Si algo define al cine de Almodóvar, y esta película no es la excepción, es la construcción de personajes complejos, contradictorios, vivos. En Amarga Navidad, parece debatirse entre lo que es y lo que proyecta ser. Hay una sensación de que todos están ahí interpretando un papel para sobrevivir. 

En la película y en la lectura del guion, estos personajes exponen de forma honesta sus miserias, sus deseos, sus sueños, sus anhelos e, incluso, sus derrotas. Y en esas miserias o deseos es donde los espectadores nos sentimos reflejados y eso hace que la película tenga el éxito que está teniendo. Porque es humana. Porque cualquiera de nosotros podemos experimentar esas contradicciones que acompañan a los actores a lo largo de toda la trama. 

Un reparto de actores que sostiene la emoción sin excesos

Si el contenido de la película es sublime, el reparto de actores es espectacular. Escogidos de forma minuciosa. Almodóvar ha sabido darle a cada actor su sitio. Hay interpretaciones muy medidas, casi contenidas al límite, que encajan con el tono de la película. 

El protagonista, que funciona como un alter ego de Pedro Almodóvar, destaca por una interpretación sobria, alejada de cualquier imitación evidente. El papel de Mónica, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón es único y extraordinario. Aitana es, sin duda, una de las mejores actrices a nivel nacional e internacional. Es comedida, brillante y actriz de raza. En una de sus últimas entrevistas, concedidas a La Script, de María Guerra, afirmaba que después de hacer Amarga Navidad es capaz de hacer cualquier cosa. Y no se equivoca, el final de la película (que no voy a spoilear) es apoteósico gracias a la intervención de la actriz. 

Pero no solo los protagonistas hacen un papel grandioso, el resto de reparto es colosal. Victoria Luengo, en el papel de Patricia, Bárbara Lennie, como Elsa, Milena Smit, como Natalia, o Patrick Criado, como Bonifacio. Sin duda, Almodóvar se corona, desde mi humilde opinión, con esta película. Argumento, reparto, fotografía, música, dirección. Todo está perfectamente medido. Y todos estos factores hacen única a esta maravillosa película. Y lo más importante: dejando atrás la política. 

Una película que permanece más allá del final 

Al terminar Amarga Navidad queda una sensación difícil de explicar. Bonita. Pedro Almodóvar no busca momentos estelares, busca que la película se quede contigo. Y lo consigue. Obliga pensar en el argumento de la película y en cómo lo hemos sentido días después de disfrutarla. Quizá ahí esté el mayor logro del cineasta: en demostrar que las historias más pequeñas son las que dejan una huella más profunda. Y Amarga Navidad me ha atravesado por completo. Me ha hecho pensar en cada detalle y me ha hecho valorar lo pequeño de las cosas. Sin duda, Almodóvar se sale con esta película. Una película de cinco estrellas y un guion deslumbrante. 

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