MANUAL DE INSTRUCCIONES: LA RELIGIÓN

Regreso encantado a IT MAGAZINE -uno de los bastiones de libertad en la prensa española- estrenando una nueva serie que he dado en llamar ‘Manual de Instrucciones’ donde trataré de abordar, como buenamente pueda, temas que considero importantes.

Empezamos fuerte con la Religión y con un San Pablo que certeramente apunta: «Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe». Mucho tiempo después, Lacan apostillaba: «Mientras los seres humanos mueran, la religión ganará seguro, porque la existencia de Dios responde a la necesidad de remediar nuestra mortalidad». El epítome de la necesidad es la muerte. Si la muerte puede ser vencida, entonces uno puede creer. Si no, la fe es completamente inútil. La religión te da esperanza frente a la muerte: ‘mañana estarás conmigo en el paraíso’. La esencia del hecho religioso está en la superación de nuestra condición mortal. Por eso, tras miles de años, el hombre sigue viviendo dentro de unas coordenadas religiosas.  

La Religión y la Filosofía han ido siempre de la mano

Más cerca o más lejos, pero siempre juntas. Tratan los mismos temas. La Filosofía nace cuando abandona las historietas y los personajes de la mitología para centrarse en los conceptos. No obstante, la Religión te ofrece la salvación que la Filosofía no puede ofrecerte.

La Filosofía pierde, pero se venga con el Psicoanálisis que revuelve en los temas que toca la religión: en el hombre, en su familia y en el inconsciente. La religión es mucho más fuerte porque no deja de ser una idealización de la familia natural y porque te coloca por encima del resto al negar que el hombre sea solo un cuerpo orgánico reparable desde la medicina. Además, te regala un ‘padre trascendental’ -una hipóstasis del padre natural- que no solo ama al hombre en general, sino que te ama a ti particularmente. Un concepto ganador. 

Cristianismo, judaísmo… un único Dios

El hombre siempre ha estado unido a la divinidad, pero esa relación ha ido cambiando a lo largo de la Historia. Panta rei. Pero hay algo que no cambia: la necesidad, lo que nunca cesa. Nuestros deseos, ambiciones, proyectos, etc… chocan con el envejecimiento y con la muerte. La religión viene a remediarlo.

El cristianismo nos llevó al dios único desde la idea judaica de que dios no está en ninguna parte, pero lo llena todo. Da un paso más, lo humaniza y lo hace carne, una carne que sufre y que muere por nosotros. Es el mito más fuerte de la Historia. Nietzsche lo tiene claro: «Nunca habrá una imagen más extraordinaria que la del crucificado». Un dios que le pide ayuda a otro dios. Su victoria sobre lo imposible, sobre la necesidad de la muerte, nos conquista definitivamente porque todos queremos vencer al fatum, a nuestro destino mortal.

Nietzsche rompe con todo: «Dios ha muerto». El hombre está huérfano y así nace el superhombre. Dios, el superhombre por excelencia, ha dejado de preocuparse por los hombres que siguen queriendo superar la necesidad. Quiere que el hombre se independice de la religión.

Religión e inmortalidad

Schopenhauer le ayuda señalando que, aunque no exista un dios que tenga compasión del hombre, cada hombre puede ser un dios para los demás, ayudando. Después, Pascal nos reta: «Viva usted como si fuera inmortal. A ver qué sale. A lo mejor le toca a usted la lotería», ahondando en esa visión superadora de la religión. La religión se defiende. El arte sacro, desde la música a la arquitectura, y unos montajes escénicos cargados de majestuosidad y simbolismo desde los que continuamente evocan la inmortalidad, hacen que tengamos siempre presente a una religión que desde el principio se hizo dueña y señora del calendario usurpando las fiestas paganas de toda la vida. La Semana Santa y la Navidad siguen conquistando corazones. Por eso la religión siempre vuelve. Por eso Cioran, con sorna, decía aquello de que «nunca sabrá dios cuánto le debe a Bach».

La religión no nos ha abandonado nunca porque, en el fondo, nunca quisimos creer a Nietzsche. El problema, a mi modo de ver, no es que la religión esté metida en los corazones –eso pertenece a la esfera íntima de la persona-, el problema es que siga metida en la Política. La Iglesia Católica Apostólica y Romana es la única multinacional con 2.000 años de antigüedad que existe y sigue tratando de influir políticamente en los hombres.

Independientemente del signo del gobierno, los curas siguen revoloteando en todos los actos políticos. Ya no es el opio del Pueblo, pero sigue siendo protagonista en la política. Puede que sea buena para el hombre –ahí no me meto-, pero es letal para la política. Lo es porque sigue yendo contra el logos, contra la razón de las cosas. La religión, lamentablemente, no nos hace más libres, ni más tolerantes, ni mejores. La religión se interpone a la razón y por eso considero que debemos sacarla definitivamente de la política. Vamos a darle una vuelta entre todos. 

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