Hay una polémica que viene debatiéndose estas últimas semanas relativa a la presencia de los influencers en las alfombras rojas, en concreto, en la alfombra roja de los Premios Goya, celebrados el pasado 28 de febrero en Barcelona. Una polémica que, en realidad, no es nueva. Cada año reaparece con más intensidad y cada edición parece empañar un poco más el límite de lo que entendemos por una alfombra roja de cine.
Y la pregunta que se hacía muchos espectadores que vieron el desfile previo a la gala es: ¿qué hacen aquí tantas personas que no tienen nada que ver con el mundo del cine?
Cuando la alfombra roja era del cine
Durante décadas, la alfombra roja de los Premios Goya era el momento en que el cine español se reunía públicamente: actrices, actores, directoras, directores, guionistas, técnicos, profesionales de la industria que habían trabajado durante el año en las películas que luego se premiaban o quienes, aun no habiendo trabajado ese año, acudían para celebrar el cine español.
No era solo un paseo de vestidos y flashes. En la alfombra roja estaban siempre los auténticos protagonistas: los profesionales de la industria. Y no se necesitaba más. Todo eso, hoy, por desgracia, se ha diluido.
Una alfombra roja cada vez más abierta a perfiles que no pertenecen a la industria cinematográfica
En los últimos años, sin embargo, este espacio se ha convertido en un auténtico circo. Perfiles cuya relación con el cine es, siendo generosos, difusa. Influencers, creadores de contenido y rostros de redes sociales invitados por marcas o agencias que utilizan el evento como plataforma de visibilidad.
Y es que, una alfombra roja no es cualquier photocall. No es la inauguración de una tienda ni la presentación de una colección de moda. Es el lugar donde la industria cinematográfica se reconoce a sí misma. Se celebra.
Y llega el temido y bochornoso momento en el que los periodistas que cubren la alfombra preguntan a estos influencers y creadores de contenido qué película nominada les ha gustado más, a qué director o directora admiran o qué interpretación les ha llamado más la atención. Silencio. Respuestas vacías, incómodas o inexistentes. Y es que no han visto las películas, ni siquiera siguen el cine español. Están ahí porque tienen seguidores.
Y mientras, actores y actrices de este país como la copa de un pino, de los de antes, se quedan en sus casas viendo la gala porque parece que no hay lugar para ellos. ¿Esto tiene lógica? Porque yo no se la veo por ningún lado. Hay actores y actrices que deberían estar ahí, en primera fila.
Del cine al algoritmo
Quienes defienden la presencia de influencers en alfombras roja de cine suelen recurrir a un argumento habitual: los influencers ayudan a amplificar el evento en redes sociales y a atraer audiencias jóvenes. ¿En serio? Si el cine español, por algo de lo que siempre se ha caracterizado es por tener presencia. No necesita de algoritmos para ser una industria fuerte.
¿O quizá esa amplificación beneficia más a los influencers? Yo me inclino por esto último. Porque una cosa es que el cine dé conversación en redes sociales y otra muy distinta es que las redes acaben eclipsando al propio cine.
Y toda esta polémica no ha girado en torno al trabajo de grandes profesionales de la industria o de las películas nominadas, sino que se ha desplazado hacia quien genera más contenido viral o quien acumula más seguidores.
