LA ESTACIÓN DE LOS LIBROS

La realidad

Agosto, para mí, es el mes de las lecturas sin propósito. Durante el año leo tomando notas y buscando conexiones. En verano intento leer simplemente porque quiero hacerlo.

Pero este año me ha costado. La realidad se ha impuesto con mensajes, compromisos, trabajo y pensamientos pendientes. Incluso cuando abría un libro, mi cabeza seguía en otra parte.

Y quizá por eso he pensado tanto en qué significa leer.

Los libros

Hay libros que se dejan leer en cualquier momento y otros que necesitan tiempo y silencio. Con Calvino, por ejemplo, la realidad nunca es solamente la realidad: una ciudad puede convertirse en memoria, un viaje en pensamiento, una historia en otra historia y leer se revela como un proceso en el que escapar del mundo es mirarlo desde otra distancia.

Eso es algo que encuentro también en Szymborska: la capacidad de detenerse ante lo pequeño y descubrir que nada es realmente pequeño. Un objeto, un animal, una persona desconocida pueden contener un mundo entero.

Kafka, en cambio, me ha recordado lo extraño que puede ser el mundo que creemos conocer. Sus personajes intentan orientarse en una realidad llena de reglas incomprensibles. A veces nuestra vida cotidiana no parece tan distinta: notificaciones, obligaciones, agendas, cosas qué hacer antes de poder simplemente estar.

En estas noches de verano, estos autores me han iluminado, haciéndome tomar nuevamente conciencia del inmenso poder de sus obras. Aunque, para mi insatisfacción, intentaba leer al menos una página antes de irme a dormir, su simple presencia me ha permitido reconectar con el poder de la palabra escrita.

La atención

Quizá por eso leer sea hoy una forma de resistencia.

No porque los libros solucionen nuestros problemas, sino porque nos obligan a prestar atención. A una frase, a un personaje, a una imagen. A hacer una sola cosa durante un tiempo.

La atención es también una forma de cuidado.

En agosto, cuando los días parecen un poco más lentos, podemos recuperarla caminando sin prisa, mirando por la ventana y conversando sin mirar el teléfono.

Tal vez la literatura nos devuelve precisamente la capacidad de mirar de nuevo aquello que creíamos conocer.

El tiempo

No necesito encontrar respuestas este verano. Me basta con recuperar un poco de tiempo.

Abrir un libro, leer y mirar.

Dejar que una palabra permanezca y recordar que la realidad no es solamente aquello que sucede mientras estamos ocupados, sino aquello que conseguimos ver cuando, por fin, nos detenemos.

Agosto. 
Contraponientes
de melocotón y azúcar, 
y el sol dentro de la tarde, 
como el hueso en una fruta. 

La panocha guarda intacta
su risa amarilla y dura. 

Agosto. 
Los niños comen
pan moreno y rica luna.

de “Canciones” (1921-1924) Federico García Lorca

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