El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha creado una denominada “Comisión de la verdad” para esclarecer las violaciones de derechos humanos cometidas durante la guerra civil y la dictadura de Franco, y ha designado para presidirla al juez Baltasar Garzón.
Sánchez y su “mayoría progresista” se han montado un Consejo de la Memoria Democrática y de ahí ha salido esa Comisión en la que han colocado a Garzón de capo. Rodeado el Gobierno por la corrupción y abatido por los reiterados batacazos electorales de la “mayoría progresista”, se sacan ahora de la manga esta Comisión para seguir agitando a Franco y continuar incidiendo en el enfrentamiento entre españoles.
Lo que pretenden no es dar con verdades sino polarizar y tensionar al personal para sacar beneficio en las urnas
Y colocan de presidente, dicen algunos, a un juez. No señores. Colocan a un señor que ya no es juez porque fue expulsado de la carrera judicial por cometer el delito más grave que un juez puede cometer, grabar las conversaciones en la cárcel entre los detenidos en el Caso Gürtel y sus abogados para sabotear su derecho a la defensa.
Si Sánchez y su banda quieren que se conozca toda la verdad, ojo, no las verdades, la Verdad, sobre esas violaciones de derechos humanos durante la guerra civil y la dictadura, lo sensato sería encargar esa misión a un personal idóneo, experto en la materia, y de trayectoria intachable, excepto, claro, como es el caso, que se pretenda con ello poralizar y tensionar al personal para tratar de sacar beneficio propio en las urnas.
Entre los elegidos para la Comisión no hay ni un historiador de los que más y mejor información han aportado sobre la materia
Entre los veinte elegidos para la tarea no se encuentra ni uno de los historiadores que más y mejor información han aportado sobre las violaciones de derechos humanos de uno y de otros. O sea, una Comisión al estilo de los comités de expertos habituales. Esta vez al menos existen, aunque su selección me parece más que cuestionable y, conociendo el paño, me malicio que han sido elegidos solo para agradar al contratante.
No extraña este paso de Sánchez, que ya sacó adelante su Ley de Memoria Democrática con el eficaz e imprescindible apoyo de los orgullosos herederos de la organización terrorista ETA, a cambio de abrir las puertas de las cárceles a los etarras.
Garzón le pidió dinero a Botín para unos cursos, le sacó 300.000 dólares y poco después inadmitió una querella contra Botín
Baltasar Garzón instruyó el sumario de los GAL en el que aportó el famoso organigrama en el que aparecía en la cúpula el señor X, que no podía ser otro, vistos los componentes del equipo que el presidente socialista Felipe González. Dio un brinco histórico presentándose a las elecciones como número 2 de González en las listas del PSOE.
González le engañó, no le hizo biministro de Justicia e Interior y nombró a su mayor enemigo en la carrera judicial, Juan Alberto Belloch. De pronto dejó el escaño en el Congreso, donde sus colegas del PSOE ni le saludaban, y volvió al Juzgado de la Audiencia Nacional.
Allí protagonizó varios escándalos, como el de enviarle cartas al presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, con el famoso “Querido Emilio”, pidiéndole 260.000 euros para financiarle unos coloquios sobre derechos humanos en Iberoamérica que iba a hacer en Nueva York. Botín terminó dándole 302.000 dólares. En los cursos participaron, entre otros, Felipe González, José Bono y Jesús de Polanco, dueño del Grupo Prisa, editor de El País y dueño de la cadena SER.
Tras regresar de esos cursos en Nueva York, Garzón recibió en su Juzgado de la Audiencia Nacional una querella contra Botín, no se abstuvo y la inadmitió a trámite. Ejemplar Garzón.
A falta de historiadores solventes, en la Comisión hay gente del PSOE y del PCE y defensores de las dictaduras caribeñas
Decepcionado y cabreado con Felipe González, reabrió el caso GAL en la Audiencia Nacional que acabó con el ministro Barrionuevo y el secretario de Estado Vera en prisión por el secuestro de Segundo Marey.
Años después instruyó la causa del Caso Gürtel en la que se basó la moción de censura que llevó a Sánchez a la presidencia con José Luis Ábalos como portavoz contra la corrupción. Sánchez no podía nombrar a Garzón ministro o fiscal general del Estado, pero si lo hizo con la señora de Garzón, Dolores Delgado, que fue ministra de Justicia entre 2018 y 2020 y del Ministerio pasó directamente a la Fiscalía General donde se mantuvo hasta 2022.
Garzón se montó su superdespacho y comenzó a colaborar con el Grupo de Puebla de Zapatero, Evo Morales, Jorge Rodríguez, el hermano de Delcy y compañía, que le aportaron clientes a los que no cobraba barato.
Y, por supuesto, en la Comisión que preside Garzón, a falta de historiadores solventes y de prestigio acreditado, hay gente del PSOE, defensores varios de las dictaduras caribeñas, militantes del Partido Comunista y en este plan.
Garzón y su Comisión tienen escaparate garantizado en RTVE y en La Sexta, porque no buscan la verdad, ni siquiera verdades, buscan utilizar la guerra civil como munición para ver si por ahí le dan la vuelta a las encuestas y a las últimas elecciones autonómicas en las que la “mayoría progresista” ha acumulado batacazos. Una tristeza y un disparate. Ay, Garzón, Garzón.
