EL CINE DE NUEVO FUERA DE PLANO EN LOS GOYA

El sábado se celebró en Sevilla la Gala de los Premios Goya que concede anualmente la Academia de Cine, de la que formo parte. Me sorprende la capacidad de, sobre todo los actores, para orillar el cine en la Gala anual y colocar en el escaparate las reivindicaciones políticas siempre en beneficio de la izquierda. No aprenden.

Este año, como estaba previsto visto lo visto en los Premios Feroz, el asunto estrella no fueron las magníficas películas que competían, sino la crítica a la gestión de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid. E incluso, el patrocinio y convocatoria de la manifestación celebrada ayer domingo en Madrid con Isabel Díaz Ayuso como centro de todas las críticas.

Pensé que quizá esta vez la reivindicación esencial iba a ser la defensa de las mujeres denunciando el disparate de la Ley del sí es sí o de la Ley trans. Pero ni una palabra. La cosa iba de subirse al carro de la principal batalla ideológica que libra la coalición PSOE-Unidas Podemos conta el PP de Madrid, por supuesto al lado del Gobierno.

Defiendo la libertad de cada uno para actuar según considere y el derecho de todos a equivocarse. Pero no ayudan en nada al mundo del cine ni a la Academia. Se les ve demasiado el plumero y la Academia somos todos los académicos. Incluso los que no estuvimos en la Gala.


Cacería permanente a Ayuso, esta vez en los Goya

Ya en el arranque, Eulalia Ramón, pareja de Carlos Saura, comenzó con el discurso oficial al agradecer el Goya de honor al maestro Saura. Y con un lapsus curioso. Relató los últimos días de Saura en el Hospital General de Villalba, al que puso como ejemplo de la buena sanidad pública. Se le olvidó contar que ese hospital es un centro público de gestión privada. O sea, que tienen todos sus servicios asistenciales y no asistenciales cedidos a una entidad privada. En este caso el Grupo Quirón (en el que se tratan habitualmente Almodóvar, Bardem y Penélope Cruz). También se le olvido decir que ese Hospital público gestionado por Quirón ha recibido premios internacionales por su excelente nivel.

Soy un entusiasta defensor de la sanidad pública. Me siento orgullo de que la española sea una de las mejores sanidades públicas del mundo. Seguro que hay muchas cosas que mejorar, no me cabe duda. Lo que no comparto es la cacería permanente hacia Isabel Díaz Ayuso por su gestión de la sanidad, porque no soy bobo, y sé lo que hay detrás. Díaz Ayuso arrasó en las elecciones, y las encuestas apuntan a que en mayo puede volver a hacerlo, y los partidos de izquierda que no consiguen derrotarla en las urnas utilizan la sanidad y a los sanitarios para erosionar a la presidenta madrileña. Qué curioso que en la Gala del sábado en Sevilla, como en los Feroz celebrados en Zaragoza, no se citaran los problemas sanitarios en Aragón, Valencia o en Cataluña.

Dicho esto, celebro el éxito de “As Bestas”. La magnífica película del magnífico Sorogoyen. Y me sorprendió la derrota de “Alcarrás”, porque los mismos académicos que con sus votos la seleccionaron para representar a España en los Oscar tras ganar el Oso de Oro en Berlín, no le concedieron ni un goya pese a sus 11 nominaciones. 

Mis votos en las diferentes categorías fueron en su mayoría para “Modelo 77”, de Alberto Rodríguez. Me ha parecido la película del año. Un guion formidable que cuenta una historia valiente. Una producción de mucha categoría, ambiciosa, con unos intérpretes que lo bordan. No dejen de verla. 

Y de los discursos destaco a Alauda Ruiz de Azúa, Goya a mejor dirección novel por “Cinco lobitos”, y a Carmen Sánchez, directora de producción de “As bestas”. Fueron las únicas que se acordaron en sus agradecimientos de la clave para que el cine tenga sentido, los espectadores. Dijo Lauda: “Gracias a los espectadores por haber visto nuestras películas. Sois parte de esta fiesta”. Y me sumo con entusiasmo a la petición del presidente de la Academia, Fernando Méndez Leite, que pidió un favor a todos: “dejad de llamar pelis a las películas”. 

Pues eso, que si en los próximos Goya no dejamos al cine allí al fondo, fuera de plano, y lo colocamos en el escaparate, más aún cuando hay motivos de sobra para hacerlo, la cosa saldrá mejor y los espectadores lo disfrutarán más, porque estoy seguro de que muchos de ellos van al cine entre otras cosas para sacudirse la cabeza y distraerla de tanto mítin que cada día nos llega por tierra, mar y aire. ¡Viva el cine! Y también mi apoyo absoluto a la sanidad pública y a los sanitarios, claro. Pero en los Goya el cine por encima de todo. En el centro del plano y con foco. Palabra de académico.


Y Además…

  • La ministra de Transportes, Raquel Sánchez, y el presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, tras el fiasco de los trenes comprados para Cantabria y Asturias que no caben por los túneles, se apresuraron a decir que “van a rodar cabezas”. Y rodaron dos cabezas. La de Pedro Alcaraz, gerente del Area de Gestión de Renfe Viajeros, y la de Angel Moya, Jefe de Inspección y Tecnología de Adif. Sus cabezas han sido las cabezas de turco para que nadie asumiera ninguna responsabilidad política. Pedro Alcaraz tiene 67 años y estaba prevista su jubilación (bien ganada), para este año. Angel Moya ya sabía que iba a abandonar la jefatura que ocupaba desde meses antes. O sea que no han rodado cabezas, como no ruedan los trenes. Han vendido como cabezas rodadas dos salidas que ya estaban previstas. Y ahí siguen la señora Sánchez y el señor Revilla. A Revilla, que dice que los Gobiernos de España “llevan tomándome el pelo con los trenes desde hace 20 años”. Hay que recordarle el proverbio árabe aquel que dice que la primera vez que me engañes será culpa tuya, pero a partir de la segunda será culpa mía. Es sabido que los políticos mienten siempre que la verdad les resulta incómoda, lo cual sucede con mucha frecuencia. Sánchez y Revilla mintieron. Es lo que tiene el poder, que o corrompe o desenmascara. Y nuestros políticos tienen mucha más trayectoria en la lengua que en la suela. Se dedican a estar ahí, y no moverse, y en la vida hay que ser y no estar. Y mientras no ruedan cabezas, sabemos que los trenes no van a rodar hasta dentro de dos años. Esperemos que pare entonces no se hayan caído los túneles. Revilla probablemente seguirá ahí, en El Hormiguero.

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