CON MILEI ARGENTINA RECUPERA LA ESPERANZA

Un 55,69% de los argentinos le dio su voto a Javier Milei. No hay un 55,69 de argentinos mal de la cabeza. No hay un 55,69% de argentinos que sean peligrosos fascistas. Milei es el presidente argentino que más apoyo ha recibido desde la reinstauración de la democracia. Un 55,69% de los argentinos se cansó definitivamente de las ideas y las políticas del peronismo que ha dominado Argentina durante casi un siglo y ha llevado al país a la ruina. Con una inflación del 142% y un 40% de ciudadanos en situación de pobreza. 

En la campaña electoral, el candidato kirchnerista Sergio Massa tuvo el apoyo de todo el socialcomunismo de el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. O sea, Lula, Boric, Petro, Maduro y por supuesto Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero. El discurso se Massa se basaba, como el de Sánchez en España, en acusar a su adversario de ser “la extrema derecha, el fascismo”. Además de tachar a Milei de loco.

Fue clave en la victoria “El pacto de Acassuso”. Tras la primera vuelta, Macri y Bullrich decidieron apoyar a Milei. Algo así como si en España unieran sus votos PP y Vox en una segunda vuelta electoral. Los 11 puntos de ventaja de Milei constituyen un resultado histórico y muestran que los argentinos recuperan con Milei la esperanza en salir de la miseria.


Milei un liberal con una propuesta razonable

Sigo con interés la política argentina y he seguido con detalle la campaña. Milei ha hecho un discurso en el que algunas cosas no me gustan y no las comparto, pero tiene un plan y los argentinos le han dado su confianza. Milei no es un fascista ni un ultraderechista. Es un liberal con una propuesta quizá mucho más razonable de lo que sugieren sus formas.

Lo va a tener crudo porque no dispone de mayoría en el Congreso, y porque es más que probable que el sindicalismo, una mafia que controla buena parte de la nación, las calles, los centros de trabajo, temerosa de perder sus millonarios recursos y la maraña de negocios ilegales que lleva años controlando al amparo del Gobierno, una casta hereditaria en la que los cargos se heredan de padres a hijos, se va a moviliza. Y los sindicatos argentinos movilizados tienen mucho poder.

Milei va a tener que esforzarse mucho para conseguir mayorías en el Congreso. Su plan necesita un tiempo, quizá más de una legislatura, que quizá no tenga. Pero de entrada la victoria de Milei me parece una buena noticia no solo para Argentina, sino para Latinoamérica, porque una Argentina liberal y democrática de verdad será un contrapeso a los gobiernos totalitarios del continente, con los que se alinea nuestro presidente Pedro Sánchez y sus socios de Gobierno.

El peronismo sabe que ha llevado a la ruina a uno de los países más ricos del planeta. Por ello durante la campaña ha escondido al presidente Alberto Fernández y a la ex-presidenta Cristina Fernández de Kirchner, condenada por robo. La misma Kirchner relacionada con el asesinato del fiscal Alberto Nisman. El fiscal denunció a la presidenta Kirchner por encubrir a los autores iraníes del atentado contra la Asociación Mutual Israelita de Argentina (AMIA), en el que murieron 90 personas y hubo centenares de heridos. Siete días después de presentar la denuncia, Nisman apareció muerto en su apartamento con un tiro en la cabeza.

Milei tiene tres ejes en su programa: recuperación económica, libertad y democracia. Ha anunciado una reducción del 15% del déficit fiscal, la privatización de empresas públicas deficitarias, un cambio drástico del sistema educativo y de salud. También la dolarización de la economía, reducción de impuestos y acabar con las políticas de género. El cambio que pretende Milei requerirá de sacrificios en el corto plazo y podrá comenzar a percibirse en el medio y el largo plazo. Milei va a tener que negociar mucho en las cámaras para poder sacar adelante sus proyectos, pues solo tiene 39 de los 257 diputados que componen el Congreso. Para conseguir un quorum parlamentario va a necesitar al menos 129, por lo que hay un riesgo de bloqueo porque la oposición no se lo va a poner sencillo.


Un enemigo común en España y Argentina: el «fascismo, la extrema derecha»

Pedro Sánchez pidió el voto para el peronismo para frenar a la ultraderecha, el mismo discurso que utiliza aquí. Junto a todos los líderes del castrochavismo apoyó al candidato que, como ministro de economía, en un año y medio multiplicó por dos la inflación, hizo que el peso perdiera cuatro veces su valor y aumento el número de pobres en dos millones. Merece la pena reflexionar y analizar lo de Argentina desde la perspectiva española. Allí y aquí la izquierda articula un enemigo para unir a los suyos. El enemigo es “el fascismo, la extrema derecha”. Y ahí incluyen a cualquiera que discrepe y convierten al adversario política en enemigo a perseguir.

Haría bien Sánchez en observar lo de Argentina, porque puede repetirse aquí. Milei, con un partido, La Libertad Avanza, que tiene dos años de vida, ha ganado por goleada. El voto kirchnerista solo resistió en la provincia de Buenos Aires, donde hay centenares de miles de subsidiados. En las provincias con economías más productivas arrasó Milei. Se llevó la victoria en 20 de las 23 provincias que conforman la República Argentina. En España, a la vista de la reacción masiva en la calle a la amnistía de Sánchez a golpistas y malversadores, parece que a Sánchez se le complica la cosa.

Los argentinos han optado antes por el bueno por conocer que por el malo conocido. Los argentinos han recuperado la esperanza. Ahora resta que Milei pueda cumplir con sus promesas. No se lo van a poner fácil. Son muchos años de peronismo radical de izquierda en el poder. Muchos años de corrupción. Un sistema mafioso que va a tratar de salvar sus beneficios y prebendas, con el sindicalismo matonil y sus patotas a la cabeza. Una maraña de poder de la que se benefician generaciones. Como decía Gandolfini, mi Tony Soprano favorito, “mi padre estaba en ello, mi tío estaba en ello, mis amigos estaban en ello, tal vez fuera demasiado vago para hacer otra cosa”.

Una frase muy aplicable a muchísimos dirigentes peronistas en Argentina, un país que era la sede de la desolación y que ha recuperado la esperanza con un candidato atípico, a veces estrafalario, con un discurso radical y antisistema, decidido a sacar a su país de la miseria a la que le han llevado décadas de peronismo. Y la esperanza es buena compañera de viaje, más aún cuando se llevan decenas de años de desesperanza, miseria y totalitarismo. Es legítimo que a muchos no les guste Milei, pero el discurso izquierdista del “loco fascista” no cuela ya. Ha ganado legítimamente. Ahora le toca gobernar, cumplir sus promesas y someterse a la crítica democrática. No lo tiene fácil. Esos que se autodenominan “antifascistas” han acreditado su peligro y su capacidad de movilización de mucha gente poco recomendable. 


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