COLAPSO EN CORREOS A UNA SEMANA DE LAS ELECCIONES GENERALES

Finalizadas las municipales y las autonómicas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el adelanto de las elecciones generale. Estas estaban previstas para finales de año. Y lo hizo anticipándolas bastante. El 23 de julio los españoles están convocados a acudir a las urnas. Se decide en ello quién llevará el timón del país durante los próximos cuatro años. Y al contrario de lo que suele pasar habitualmente, que las campañas electorales se llenan de nuevas propuestas, de proposiciones, derogaciones y anuncios varios, estas elecciones han estado desde el principio marcadas por la fecha de convocatoria. 

El 23 de julio se ubica dentro de la llamada segunda “operación salida”. Se estima que para entonces se registren más de 19 millones de viajes. Tomando como referencia los datos registrados por el Instituto de Turismo de España el pasado año. Madrileños, catalanes y andaluces son, según estas informaciones, los que más se desplazan.

Pero los españoles suelen estar comprometidos con su derecho al voto. Lo ejercen siempre que pueden y siempre que no se unan a la cola de los llamados «indeciso» o finalmente se abstengan. Se va a votar y, si no se puede, se solicita el voto por correo. Y tal ha sido el interés por votar en las próximas elecciones que Correos ha recibido más de 2,3 millones de solicitudes para ejercerlo. El plazo para solicitarlo finalizó este jueves 13. Los trabajadores de las oficinas repartidas por toda España ya acusan a la Administración de haberles proporcionado demasiados pocos medios para poder sobrellevar la avalancha de solicitudes.


El voto por Correos bate todos los récords

De hecho, Correos amplió el horario en muchas de sus oficinas para poder dar cobertura a la alta demanda. El voto por correo para las elecciones generales de este 2023 ha batido ya todos los récords. Y probablemente esto tenga más que ver con las fechas en que se han convocado que con el expectante interés que pueda haber entre los electores. 

Ya hay quien se ha lanzado a introducir dentro de los argumentos que marcarán esta campaña electoral que la falta de medios y la posible presión de algunos “jefes” puedan determinar el trabajo de muchos empleados de Correos, incluidos los carteros. A quienes Feijóo anunció, en un acto celebrado en Murcia, que, si no se las pagan, “en el primer Consejo de Ministros les pagaré las horas extraordinarias a todos los carteros de España por cumplir con su deber”. Una promesa que se sale de lo habitual y que muestra cuál es el tono de esta campaña. 

Correos, por su parte, en un comunicado aseguró que ha realizado nada menos que 19.400 contrataciones de refuerzo “para el correcto desarrollo de las de las actividades relacionadas con el voto por correo”. La sombra de la duda sobre la labor de Correos y lo que ocurre con el voto a distancia, dadas las polémicas aparecidas en las pasadas elecciones de mayo, hace que esto sea también parte de disputa en plena campaña por las generales. 


Una oportunidad para quejarnos de verdad

Desde partidos como Sumar critican que el PP cuestione el voto por Correo. Le acusan de emular prácticas “trumpistas”. De “abascalizar” su discurso para cuestionar la encomiable labor que ejerce Correos con el voto de aquellos que el 23 de julio no pueden acercarse a una urna porque no pueden, prefieren “dejarlo hecho con antelación«o están de vacaciones. Hay algunos que erróneamente creen que esta acción les eximirá de tener que formar parte de una mesa electoral. Otro de los miedos de los españoles en estas elecciones generales. 

Algunos medios se han adelantado a exponer que el voto por correo vive sus momentos más críticos. Se les cuestiona y se necesitan refuerzos. Como algún día no muy lejano ya pasó con los trabajadores de la Sanidad. En plena pandemia pedían más convocatoria de puestos, más contrataciones, condiciones más dignas para poder seguir salvando vidas y curando enfermedades. Igual que pasó hace no tanto con los investigadores y científicos, que demandaban más atención. Más investigación también para más curas, más oportunidades para evitar la llamada “fuga de cerebros”.

Y como también suelen pedir los maestros y profesores, las familias que abogan por sistemas de educación inclusivos, que respeten las lenguas sin imposiciones. Claustros que ven cómo la educación se ha dejado aparcada porque interesa polemizar sobre chalets, viajes en Falcon, mayor cantidad de tonalidad morada sobre temas tan graves como la violencia contra las mujeres o la discriminación por sexo. O, simplemente, sobre cualquier otro tema sin real importancia que se antepone a las preocupaciones reales de los españoles. Y es qué pasa con mi hipoteca, por qué los tipos suben y los alquileres son inalcanzables. Qué ocurre con el empleo juvenil, con los desempleados, con las colas del hambre, con las ayudas al campo, con la innovación y la ciencia. Qué pasa cuando todo pasa y nadie hace nada. El 23 de julio tenemos una oportunidad para quejarnos de verdad. 


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