CANAL DE WHATSAPP DE JUSTICIA POÉTICA

Hoy os abro la puerta de la Asociación con un canal para que caminemos más juntos que nunca. Quinientas cuarenta y dos personas, a través de Justicia Poética, habéis alcanzado la cifra para cubrir mi indemnización. Hay cifras que son solo números y cifras que son personas. Cuarenta mil euros, escritos así, parecen un dato frío. Pero detrás de ellos hay más de un millar de manos que decidieron, una a una, que yo no tenía que cargar solo con el peso de una indemnización que me ahogaba.

Lo hemos conseguido. Se han cubierto los 40.000 euros. Y mientras escribo esto, todavía me cuesta encontrar las palabras; a mí, que vivo de ellas. Durante meses, esa cantidad fue una losa. No solo por el dinero, sino por lo que significaba: la sensación de que defender lo justo puede salir caro, de que alzar la voz tiene un precio. Y entonces, sin que tuviera que pedirlo a gritos, fuisteis llegando. Personas que no me conocían de nada más que mi labor. Personas que apenas podían y, aun así, daban. Cada aportación era un mensaje silencioso: “no estás solo”. Y sigo sin estar solo en lo que sigue, que son los intereses y las costas.

El aprendizaje de esta campaña de recaudación

He aprendido algo que no enseñan en ninguna facultad de Derecho: que la justicia, cuando es de verdad, no la firma un juez. La escribimos entre todos. Por eso esta Asociación se llama Justicia Poética. Y por eso hoy entiendo, mejor que nunca, que la Asociación no soy yo. La Asociación somos todos los que anhelamos Justicia.

Y precisamente por eso doy hoy un paso más. Durante demasiado tiempo habéis sostenido algo que ocurría en cierto modo a puerta cerrada: sin ver del todo lo que hacíamos, sin poder opinar demasiado, casi como espectadores de una causa que también es vuestra. Voy a intentar cambiar eso.

Un canal para llegar a más manos, crecer y ser más fuertes

Hoy abrimos el Canal de WhatsApp de Justicia Poética. Un lugar donde os contaré, de cerca y sin filtros, lo que pasa dentro: los casos, las batallas, las dudas, las victorias. Donde podréis reaccionar, votar y decirme qué queréis que tratemos. No un tablón de anuncios, sino una mesa común a la que, por fin, os sentáis también vosotros. Y para los más comprometidos ya estoy pensando en algo aún más cercano: el Salón de los Poetas Guerreros. Pronto lo tendré…

No tengo forma de devolveros lo que me habéis dado. Pero sí puedo prometeros que nunca arrojaré la toalla. Y que me apetece mucho sentir esa cercanía vuestra y la certeza de que cada paso que demos lo daremos juntos.

Más de un millar de manos cubrieron una indemnización injusta. Imaginad lo que todas esas manos juntas podemos hacer por quienes todavía esperan Justicia.

Dale al botón. Te espero dentro. Porque esto, ahora, más que nunca, también es tuyo.

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