El accidente ferroviario producido en Adamuz, con el choque de dos trenes, ha dejado un panorama que cuesta asumir: 42 fallecidos, familias destrozadas y un país entero en shock. No es un suceso más. No debe tratarse como algo puntual. Es una tragedia que obliga a detenerse por respeto, pero también a mirar qué es lo que está fallando.
Uno de los trenes cubría el trayecto Madrid-Huelva, una línea que para miles de personas es su conexión habitual con el trabajo o el camino de vuelta a casa después de un fin de semana con la familia y amigos. En Huelva, ciudad donde vivo, esta noticia no se ha recibido como algo lejano. Se vive con el miedo lógico de quien se imagina a sí mismo en ese vagón, en ese asiento, en ese trayecto. Como onubense, he cogido miles de veces ese trayecto, tanto sola como con mi familia, y es imposible no pensar que nos podría pasar a cualquiera.
Respeto y memoria a las víctimas
Lo primero es rendir homenaje a todas las víctimas de este accidente y a sus familiares. Es imposible imaginar cómo se pueden sentir ahora. Y es que las víctimas no son solo un número, son historias de vida, planes, recuerdos y finales injustos. Las familias afectadas merecen acompañamiento, silencio cuando toca y verdad cuando llegue el momento.
También merecen algo importante: información clara, sin especulación y sin carreras políticas por controlar el relato. En un accidente de esta envergadura el dolor se agrava cuando se mezcla con confusión, filtraciones contradictorias o especulaciones.
Tampoco debemos olvidar los heridos que han sobrevivido. A muchos les queda un largo proceso. Habrá secuelas físicas y psicológicas. Esto no termina cuando las cámaras y medios de comunicación se “olviden” de este accidente; para muchos empieza ahora.
Coordinación institucional eficaz
Dicho esto, hay algo que conviene destacar y es la gran coordinación entre equipos sanitarios, bomberos, emergencias, Guardia Civil, Protección Civil y personal ferroviario. Fue rápida y organizada.
También hay que reconocer la cooperación entre territorios. Cuando se activan traslados hospitalarios y gestión de recursos, entran en juego distintas administraciones y distintas comunidades autónomas. Y aquí, según todo lo conocido hasta ahora, el dispositivo respondió con eficiencia, dejando atrás las ideologías políticas.
Los responsables políticos suelen aparecer en estos casos para hacerse la foto y hacer acto de presencia, pero quienes de verdad sostienen el sistema son los profesionales que están sobre el terreno y hacen su trabajo. Ese esfuerzo merece reconocimiento.
El fallo que toca investigar
Ahora viene la parte más complicada. El accidente de Adamuz no puede cerrarse con condolencias, funerales de Estado y agradecimientos. Toca investigar qué es lo que ha ocurrido. ¿Qué es lo que falló? Lo dirá la investigación. ¿Pudo haberse evitado? Esto es una responsabilidad política que ya está encima de la mesa y que, por respeto, no voy a entrar a valorar.
Lo que puedo decir es que en España siempre se ha presumido de que existe tecnología ferroviaria avanzada, pero pocas veces se habla por parte de quien corresponde de la otra realidad menos visible: tramos envejecidos, inversiones anunciadas y retrasadas, y líneas que llevan años sobreviviendo entre promesas. Y aquí entra el trayecto Madrid-Huelva.
El Madrid–Huelva: la línea donde siempre falta algo
Quienes hemos hecho este trayecto sabemos de qué hablamos. Se trata de un servicio que arrastra la sensación de estar siempre en segundo plano. Es un trayecto que funciona a medias en una provincia que lleva décadas reclamando infraestructuras dignas.
Y aquí es importante dejar algo claro: no tiene que ocurrir una tragedia para saber que el estado de las vías y el mantenimiento importan y mucho. Pero a veces parece que hace falta una tragedia para que se convierta en prioridad.
La crítica no va dirigida a un técnico concreto ni a un maquinista concreto. Va dirigida a un sistema en el que algunas líneas se actualizan y se mantienen, mientras otras se gestionan con parches, retrasos y excusas. Y cuando hablamos de seguridad ferroviaria, los parches no son aceptables. Si un tramo no está en condiciones, se repara con materiales de calidad. Si el sistema de protección es insuficiente, se refuerza. Y si la inversión es necesaria, hay que hacerla.
Y si esto no se hace, alguien tiene que responder.
Del duelo a la acción
Tras Adamuz no basta con lamentar lo ocurrido. Hacen falta explicaciones claras y transparentes y una investigación independiente. Lo importante es proteger y acompañar a víctimas y heridos, reconocer el trabajo de los equipos de emergencia sin convertirlo en propaganda y, sobre todo, invertir donde haga falta y revisar los tramos más delicados.
El trayecto Madrid-Huelva no puede ni debe quedar relegado en el “ya se hará”, porque en seguridad ferroviaria cualquier fallo se paga caro. Y cuando fallan las vías, el resultado es lo que hemos visto: una tragedia de importante magnitud.
Mi respeto a las víctimas y sus familiares.
