NO OLVIDEMOS LAS NIMIEDADES

nimiedades

Cuando perdemos el cuidado por los pequeños detalles, a menudo nos sorprenden las tragedias y acaban por derrumbarse hasta las más altas montañas. No es la primera vez que vuelvo a la linde con este tema; como suelo decir habitualmente: “soy torpe pero lento”. En los pequeños detalles y en la sutileza de sus matices, es donde suele habitar la belleza. Y como tengo la certeza de que no hay mejor excusa en esta vida que buscarla con apasionamiento, pues hacia ella camino.

Para mantener una plática que transmita exactamente lo que se busca, debemos cuidar las conversaciones y el uso correcto de cada denominación. Si nadamos en la ambigüedad del lenguaje no podemos extrañarnos por los malos entendidos.

Hace unos días me encontré con la urgencia de enviar un paquete desde Madrid a Murcia. Revisé las diferentes opciones y al final elegí el servicio de paquetería urgente de Correos. A pesar de los fallos y la evidente caída en su eficacia, le sigo teniendo un especial cariño a nuestro servicio postal ya que mi padre fue cartero y mi infancia estuvo muy vinculada a esta institución. 
Tras años pateando las calles con la cartera al hombro, consiguió una plaza en la central y sus últimos años estuvo en el departamento de recepción de cartas urgentes internacionales en el edificio de Correos frente a la Cibeles.


El Palacio de Comunicaciones

Lo que entonces se llamaba Palacio de Comunicaciones y actualmente es el ayuntamiento más bonito del mundo, fue durante algunos sábados en la noche el escenario de mis juegos y el lugar en el que descubrí nombres de lejanos lugares donde años después he tenido la suerte de vivir. 
Cada cierto tiempo, mi padre tenía que cubrir la guardia del turno de noche. 
Básicamente se sentaba en su lugar de trabajo y escuchaba la radio mientras esperaba que desde el buzón externo cayera alguna carta a su bandeja.
Cuando alguna llegaba a su mesa, comprobaba los datos de envío, revisaba el valor del franqueo, le pasaba el matasellos y la ponía en la cinta correspondiente para que llegara a su destino.

Esas cintas subían hasta lo alto de los pasillos y continuaban por un laberinto de corredores hasta llegar al patio de carga donde se encontraban los camiones de reparto. Cuando mi padre ponía una de esas cartas en su cinta yo corría tras ella tratando de alcanzarla para ver hasta qué muelle era transportada. Siempre me ganaba la carta, pero así pasaba las horas de guardia y el personal de noche se acostumbro a verme corriendo por los pasillos, mirando al techo tras la estela de una carta repleta de noticias o una tarjeta postal mostrando las bellezas de España.
 Perdón por la nostalgia, pero hablábamos de la importancia de las nimiedades.


Lo urgente que no es urgente

Volviendo a lo de mi envío: tenía una cierta urgencia en la entrega, así que seleccioné la modalidad “urgente”, pagué el precio con su recargo y esperé a la recogida en mi domicilio. Al llegar la persona de reparto me asegure de la modalidad del envío y él me confirmo que recogiéndolo ese viernes en la mañana, estaría el sábado en la mañana en su destino. Hasta ahí, todo bien.

El sábado no llegó, y esa misma tarde recibí un mensaje, sin opción a réplica, indicándome que el paquete sería entregado el lunes en la mañana.
Así pues, el lunes en la mañana llegó el paquete, pero yo acudí a una oficina de Correos para poner la correspondiente queja, ya que el lunes era demasiado tarde y el pago por “urgente” no sirvió de nada.

Para hacerlo corto, resulta que el servicio de paquetería no pertenece a Correos, es una contrata independiente y las quejas no se atienden en sus oficinas. Debo hacerlas en la web, para que me expliquen por qué “urgente” no es “urgente”.
 Lo peor es que me invadió la pereza y no he puesto ni la más mínima queja. A fin de cuentas, la devolución del dinero no iba a cambiar la demora en la entrega.

Las excusas

¿Por qué no podemos entender que los servicios que pagamos se deben resolver de acuerdo a lo que se especifica? Un servicio de mensajería urgente, debe cumplir sus características y en caso de fallo, avisar sobre la falta de esa urgencia. Bien explicado se entiende sin problemas. Todos entendemos que existen los fallos. Pero no. Lo asumimos y punto. Así son las cosas.

En la prensa, los grandes medios de información ya no informan. Hace tiempo los medios de comunicación, al margen de su línea editorial, vivían de sus ventas o la publicidad. Actualmente todos los grandes grupos necesitan de las subvenciones o los patrones para subsistir. El modelo de negocio ha cambiado y ahora se posicionan deliberadamente para arrimarse al partido político o las instituciones que les aporten los fondos necesarios para mantenerse vivos.

En el plano de la justicia, se acabaron los culpables. Ya sólo hay víctimas.
 Alguien mata a otra persona y la conversación se centra en si el pobre asesino tenía problemas mentales y la culpa es del sistema de salud por no estar atento a las víctimas de problemas psicológicos que acaban viéndose forzadas a delinquir.

Las nimiedades

Creo que deberíamos esforzarnos en aplicar las palabras correspondientes a los hechos precisos. Por favor, pongamos atención en lo que decimos y en lo que escuchamos. Dejemos las pancartas en el armario y borremos las soflamas de nuestro léxico. No nos hace falta enarbolar frases rimbombantes para sentir que decimos algo. Y sobre todo, en esta época de confrontamiento y polarización, la opinión personal y desvinculada de los altavoces debería ser nuestra única guía. 
No debe importarnos si estamos a favor o en contra de la mayoría. Y no tiene más razón el que vocifera más alto o congrega más minutos de arenga.

¿No me dice usted que es demócrata…?
 Pues entonces, coma la tortilla con cebolla o sin ella, pero no me haga apología de las hortalizas como si en ello le fuera la vida.

Y sobre todo, no olvidemos las nimiedades. Curiosamente, esas trivialidades suelen acabar aportando el sutil aroma que distingue lo auténticamente relevante.

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