EL FUEGO ERA LA CURA – FAHRENHEIT 451

fuego

¿Qué pasa en la sociedad cuando se prohíbe leer libros y tener una biblioteca personal? Es la pregunta tanto de la novela distópica Fahrenheit 451 de Bradbury publicada en 1953, como el tema del espectáculo de el Piccolo Teatro di Milano – Teatro d’Europa, en Milán, titulado Il fuoco era la cura (en español El fuego era la cura)

El colectivo italiano Sotterraneo (en español Subterráneo), presenta una transposición de la famosa novela y restituye una performace entre teatro, música, canto y baile. El espectáculo es una visión detallada y clara de la contemporaneidad, porque la tematica de la novela es inquitantemente moderna y tiene consonancias con nuestra época. Es algo que estremece por la lucidez con la que se aborda el tema.

El fuego, elemento central, es presentado tanto como destrucción, como preservación de la cultura de la humanidad. Una luz naranja, que representa visivamente este elemento, ilumina a los cinco actores que al comienzo inteprentan una danza tribal, casi primordial, una acción que sugiere la relación ancestral de la humanidad con la ritualidad de reunirnos a contar historias, cuentos, leyendas, en una palabra compartir emociones y sentimientos.

En 1953 el escritor Ray Bradbury publica una novela de ciencia ficción titulada Fahrenheit 451. La sitúa en un futuro distópico, en el que un régimen totalitario ha prohibido los libros y la lectura. En este contexto, los bomberos no apagan los fuegos sino que los emprenden para quemar tanto volúmenes, como a quién se obstina en tener una biblioteca personal. La obra sigue la parábola del protagonista bombero Guy Montag en su toma de conciencia; él, a poco a poco, se convierte cada vez más crítico con el régimen hasta huir de la ciudad y de la sociedad entera. Desde la estación teatral 2023/2024 Sotterraneo quiso adaptar para el teatro este clásico de la literatura del siglo XX, individuando las escalofriantes consonacias con el presente, sobre todo por lo que se refiere a los riesgos de la simplificación del pensamiento crítico y su apaciguamiento causados por la televisión y los medios.

El colectivo mantuvo casi intacta la narración, insertando elementos dramatúrgicos originales, contaminándola con nuevas inserciones literarias y acompañándola con canciones que en parte tienen como tema el fuego, en parte se refieren a libros que han inspirados los mismos artistas autores de los temas. La pieza teatral constituye todavía hoy una cita fija de la temporada teatral del Piccolo.

La visión del colectivo

Nuestra civildad parece haber perdido la fuerza, el deseo, y tal vez la alegría de cultivar la fatiga de un pensamiento complejo y plural. Sotterraneo explica sus elecciones artísticas, admitiendo que querían trabajar sobre una obra preexistente, explorar un mundo literario, divertirse en mixar teatro y ciencia-ficción y encontrar a un autor trágico e irónico al mismo tiempo. Y claro hay también motivos políticos: en Fahrenheit 451 el tiempo libre es siempre un tiempo-pantalla, la acceleración tecnológica ha llevado toda la sociedad a buscar una simplificación autoridaria frente a una complejidad que se había vuelto insostenible.

El Montag del Siglo XXI es para estos artistas el que duda, el que utiliza la corteza prefontal, el que logra dolorosamente a salir de sus propios automatismos y preconceptos, de sus propias cajas ideológicas, el que lee mucho y, si no entiende, lee más. Al final del espectáculo aparecen los clowns blacos, elemento que se menciona durante toda la actuación y que me ha impresionado especialmente viendo el espectáculo. La esposa del protagonista Montag pasa sus días viendo la televisión y riendo de estos programas demenciales. Montag no tiene manera de confrontarla y expresarle sus sentimientos. La mujer está demasiado ocupada con el programa, tanto que le dice que espere un poco más; luego estará con él. Para Montag esto es insostenible.

En Bradbury los clowns blancos representan el entertainment al estado puro, la falta de pensamiento crítico traducida en lenguaje artístico. De aquí se mueve también una reflexión sobre el teatro y su utilidad en el presente. El colectivo, se pregunta cual puede ser el futuro de su profesión y en el espectáculo hay también referencias a teatros vacíos y a una desolación cultural y emotiva.

“¿Qué haríamos de nuestro trabajo, en un mundo en el que se desea solo ser entretenidos?”

Los incendios en la historia de la humanidad y la cultura como salvación

La imagen de las páginas que se incendian y se ennegrecen no es una invención de Bradbury sino una acción real, que muchas veces se ha cumplido en la historia de la humanidad. Los seres humanos siempre han tenido miedo a los libros. El primer ejemplo de incendio librario data en 213 a.C, cuando el emperador de China quiso eliminar cada huella de un pasado antes su propia llegada. También Augusto, en el Imperio Romano, se manchó de este delito. Data de aquella época la pérdida de libros más colosal de la historia de la humanidad: el incendio de la biblioteca de Alejandría.

El miedo a los libros ha llegado hasta nuestros días. Es del 1918 el incendio originado por los bolcheviques después de la Revolución de Octubre; de 1933 son los Bücherverbrennungen (en español la quema de libros) actuados por una asociación de estudiantes nazis alemanes, con la finalidad de eliminar cualquier rastro de “judaísmo” de la literatura nacional. Es de 2015, finalmente, la hoguera por parte del Estado Islámico, que prendió fuego a la biblioteca de la Universidad de Mosul.

El libro, todavía hoy, parece ser un objeto prohibido; leemos cada vez menos, pero publican más. Tal vez porque necesitamos escribir para contarnos, para explorar el insondable alma humana, para ensuciarnos con nuestros sentimientos. Se necesita una autenticidad y una honestidad que no sea del agrado de los corruptos. Pero solo leyendo se pueden encontrar respuestas a preguntas y dudas que unen todas las existencias. Solo leyendo podemos descubrir que no somos los únicos en haber experimentado esa emoción o ese dolor; alguien mucho antes de nosotros ya lo ha hecho y nos lo está contando. Serían tiempos oscuros en los que se nos prohibiera vivir mil vidas más. Solo en el encuentro y la confrontación, tal vez alrededor de un fuego, como nuestros antepasados, podemos reconocernos a nosotros mismos en el otro.

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