LA POLÍTICA YA NO SE DEBATE, SE VIRALIZA

Las elecciones generales del 29 de noviembre vuelven a situar las redes sociales en el centro de la batalla política. Entre videos diseñados para provocar y campañas de movilización permanente, el debate público parece cada vez más condicionado por la necesidad de hacerse viral. El PSOE ha encontrado en ellas un escenario privilegiado para mantener la confrontación con la derecha y situar a Pedro Sánchez en el centro de la conversación política. 

Basta con asomarse a determinadas publicaciones para comprobar hasta qué punto el enfrentamiento con el Partido Popular se ha convertido en un recurso habitual de la comunicación política socialista. Llevamos viendo esta tendencia desde hace años, y ahora con las próximas elecciones el panorama se recrudece. 

El mitin ya no termina cuando acaba el discurso del político de turno

Cada vez que entro en las redes sociales, tengo la sensación de que la política se ha convertido en una discusión que nunca termina. Da igual la red social que abra. Siempre hay un vídeo de un político o una publicación que invita a indignarse. De eso sabe mucho Pedro Sánchez y su partido socialista, que llevan años haciendo de las redes su “medio de trabajo” habitual. Si no que se lo digan al ministro de Transportes, el señor Óscar Puente, que, en lugar de dedicarse a hacer su trabajo, que, por cierto, no he visto ministro más inútil que este señor, se pasa sus días enteros en la red social X creando odio y provocando enfrentamientos constantes. Por no hablar de los insultos que reparte, llegando incluso a descalificativos personales. Una joyita, vamos. 

Con las elecciones generales en el horizonte, esta dinámica de utilizar las redes cobra más protagonismo. La campaña ya no se limita a los mítines, los debates televisivos o las entrevistas. Ahora continúa en nuestros teléfonos, a cualquier hora y en cualquier lugar. 

Cuando el adversario se convierte en enemigo público número 1

Hay algo que me incomoda especialmente de esta forma de hacer política, y es la facilidad con la que se sustituye la discusión de las propuestas por el señalamiento y el hostigamiento de quienes piensan diferente. Y ya no solo me refiero al político de enfrente de distinta ideología, también me refiero al acoso y derribo que muchos periodistas de derechas están sufriendo por no pensar como el Uno. Si no estás con Sánchez, estás contra él. Y ya sabemos lo que eso significa: descrédito, linchamientos, insultos y ruedo de cabezas. El sanchismo dictatorial en estado puro. 

Prueba de ello son los periodistas Iker Jiménez y Carmen Porter, presentadores y directores del programa Horizonte. Las últimas semanas están siendo una auténtica batalla campal contra los periodistas y contra el formato en sí. Todo a raíz de las últimas polémicas que se han producido alrededor de los decretos de “regularización” de la vivienda. Y es un claro ejemplo de cómo las redes sociales pueden manipular un vídeo de una forma ruin y maliciosa, poniendo en el centro de la polémica a profesionales que lo único que hacen es informar sobre las barbaridades que rodean a Sánchez, a su partido, a su familia y al sanchismo. Pero, claro, no les conviene que se destape toda la suciedad que les rodea. Y por eso manipulan videos y palabras para tapar sus vergüenzas, que no son pocas. 

La viralidad como arma política

Queda clara mi postura con todo lo que está sucediendo. No me suelo significar mucho políticamente, pero hay veces que es necesario hablar, sobre todo cuando tenemos un espacio donde se nos da voz para expresar lo que sentimos o pensamos. Y me parece repugnante cómo el PSOE está utilizando la viralidad que ofrece las redes sociales para, en lugar de dedicar las mismas para explicar sus propuestas de cara a las próximas elecciones, se dedica a hacer circular bulos, insultos, imágenes y videos manipulados y una larga lista que me ocuparía todo este texto. Y luego ese lema que se han sacado de la manga tan poco original: “Elegir derechos y no derechas”. Un lema que resume la forma de plantear un debate político en el que el Partido Popular no aparece como una alternativa de gobierno, sino como una amenaza frente a la que hay que movilizarse. Y las redes, como digo, se han convertido en ese escenario donde ocurre todo. 

Me pregunto si, en esta carrera por hacerse viral, no estamos dejando en un segundo plano aquello que debería ocupar el centro de cualquier democracia: el debate de las ideas y la posibilidad de discrepar sin convertir al adversario en un enemigo. Y, ¿qué queda después de la viralidad? ¿Hemos entendido mejor una propuesta electoral? ¿Conocemos más detalles de una decisión política? ¿Hemos asistido a otro enfrentamiento partidista con bulos y descréditos? Juzguen ustedes mismos, pero la guerra política, aunque me pese, solo acaba de empezar. 

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