En Roma, madre del orden y de la corrupción, no por casualidad se reglamentó un ‘cursus honorum’, señalando cómo, cuándo y por quién, podían desempeñarse los cargos públicos. La Ley Villia Annalis, del Tribuno de la Plebe Lucio Villio (180 a.C.) establecía un orden, de menor a mayor. Y la edad mínima para poder ejercerlos. Se trataba, precisamente, de evitar a los políticos per saltum.
Después Sila, en el 81 a.C., afinó el modelo, exigiendo un servicio militar previo –para acreditar la vocación de servicio público– y pasar por el vigintiviratus, una magistratura preparatoria para jóvenes con veinte cargos y distintas especialidades. Por la que había que pasar antes de poder optar a alguna de las seis magistraturas ordinarias: cuestura, edilidad, tribunado, pretura, consulado y censura. Muchas de ellas colegiadas para que el poder nunca estuviera en manos de una sola persona. La única magistratura extraordinaria, la dictadura, tenía que aprobarse por el Senado y no podía durar más de seis meses.
El jornalero del elogio
Muchos siglos después, en la moderna España no existe algo parecido. En la PPSOE –y en casi todos los partidos por imitación– arrancas siendo un ‘jornalero del elogio’ (Supergarcía dixit) en las nuevas generaciones para acabar, si mantienes las rodilleras bien puestas, de culiparlante en alguno de los tres niveles de la administración.
Solo individuos especialmente mezquinos y maleables son los elegidos por el partido para alcanzar las más altas magistraturas. Independientemente de su valía –que suele ser poca– el NODO les fabrica un perfil profesional propio de un semidios. Así han nacido personajes como Sánchez, Feijóo, Pablo Iglesias, Yolanda Díaz… y los mismísimos muñegotes coronados. Pueden fabricar el perfil que les dé la gana, a favor o en contra. Así nacen los políticos per saltum: personas que valen muy poco y que saltan sobre los realmente válidos para ocupar los centros de poder al dictado de quienes de verdad mueven los hilos.
Todos convienen en que la meritocracia es un estorbo y la democracia una entelequia. Ellos quieren ser comisarios políticos y que les dirijan y mantengan. El ascensor social ya no está en el estudio, el esfuerzo y la brillantez personal, sino en oscuros despachos donde se pone a prueba tu seguidismo y tragaderas. Son como bandas latinas y, como en ellas, después resulta muy difícil salir de esa hermandad criminal.
El bipartidismo
Gente que no ha trabajado nunca en el sector privado –que, por lo tanto, no sabe lo que vale un peine– viene luego a darte lecciones. Lo único que saben es subir los impuestos y aumentar el gasto público tirando el dinero en auténticas gilipolleces. Por eso, España no funciona como debería funcionar ni podrá hacerlo nunca mientras siga la PPSOE.
El problema arranca en los partidos políticos que no cumplen con el 6 CE porque no expresan ningún pluralismo político –muy pocos tienen ideas propias– ni canalizan la participación política, sino que se configuran como oligarquías muy poco democráticas. En definitiva, en España los partidos más que servir a la sociedad, sirven al sistema de la PPSOE. Internamente, son estructuras rígidas en las que se debate muy poco y en la que el acceso a niveles superiores no viene de tu desempeño, sino del nivel de obediencia que tengas acreditado. Externamente, al margen del programa, su desempeño es muy parecido porque todos imitan a la PPSOE y ésta sigue las consignas de los EEUU y de la UE. Los partidos se han convertido en una suerte de porteros de discoteca.
Hoy por ti, mañana por mi
A cambio, viven en la irresponsabilidad permanente. Hoy por ti, mañana por mí. Sin perjuicio de algunos sacrificados, tan puntuales como prescindibles, para poder venderte lo de la ‘regeneración democrática’. Otro cuento chino. ¡Luis, sé fuerte! Al cabo, independientemente de sus tropelías, se pueden volver a presentar todas las veces que quieran, por eso, lo importante es tejer una buena red clientelar que te mantenga a flote.
¿Te imaginas qué sería del deporte si a los que pillan dopándose les permitieran seguir compitiendo? Pues eso es lo que ocurre con los partidos políticos y con los políticos.
Lo que necesitamos es un sistema nuevo con representación y listas abiertas y responsabilidad. Que el político responda a los votantes de su circunscripción. Eso, y una total separación de poderes, y la colegiación de algunas magistraturas, pondrán fin al despiporre político. De lo contrario, seguiremos a merced de los políticos per saltum que fabrican los partidos para engañarnos una y otra vez. Hace 25 años.
Julio Anguita anunció que España se iba al carajo, que con el PSOE y con el PP no se pueden cambiar las cosas porque responden al dictado de los EEUU y de la UE. Entonces, Anguita pidió al electorado que “no siguiera votando a los ladrones” y hoy yo te pido exactamente lo mismo.
