La situación en Europa está tomando tintes de la época medieval, con imposiciones que recuerdan a las que sufrían los siervos de la gleba, campesinos adheridos a la tierra que trabajaban en absoluta servidumbre. Eran la mano de obra que acompañaba de forma inseparable a los terrenos de labranza. Sin ser esclavos mantenían una vida relativamente normal, pero se obligaban a trabajar para el señor feudal que poseía las tierras y jamás podían marcharse de ellas sin el permiso de su amo.
La obligación a pertenecer al lugar donde se nace, sin posibilidad de poder vivir en otro sitio, como si fuera el territorio o más bien el dueño de dicho territorio quien ejerce como auténtico propietario de las personas, es feudalismo al máximo nivel.
La polémica tributación por nacionalidad
Pues bien, eso es lo que se está planteando para Europa cuando hablan de la polémica tributación por nacionalidad. Es cierto que aún es tema de debate y deberá pasar un proceso complejo para salir adelante pero, aunque atados a situaciones peculiares, existen precedentes en dos países.
Los estadounidenses tributan por nacionalidad desde la ley de ingresos de 1862, promulgada durante la Guerra Civil para financiar el esfuerzo bélico. Al acabar la guerra se declaró inconstitucional, pero en 1913 se ratificó hasta la actualidad con tasas progresivas de hasta el 37%. En Eritrea aplican esta medida legal debido a la extrema pobreza del país, estableciendo un pago obligatorio del 2% sobre el total de los ingresos de sus ciudadanos residentes en el extranjero. Y sin derecho a que se puedan acoger a convenios de doble imposición.
A un nivel menor, en España desde 2021 tenemos ley de tributación por salida. Irse a vivir a otro país, aplica un gravamen en las ganancias patrimoniales que obtengamos durante los siguientes 5 años. Una medida sin sentido que obliga a que una persona siga pagando renta a su antiguo país de residencia a pesar de que todo lo que genere y produzca se desarrolle en un país distinto.
Sinceramente, el concepto de pagar por servicios me parece fuera de toda duda. El estado administra servicios para la comunidad y debemos pagarlos entre todos.
Pero nunca vetando mis alternativas. Si la compañía que me suministra la luz no me ofrece lo que considero adecuado según el coste, tengo libertad para irme a otra compañía. En cambio, si el país que gestiona las tributaciones no las aplica como creo conveniente, ¿por qué me penalizan al cambiarme de país…?
El derecho a la propiedad privada
Y respecto al patrimonio, se supone que la Constitución lo protege, aunque como es habitual en las leyes, incluye ciertas “imprecisiones convenientes”. El artículo 33, sobre el derecho a la propiedad privada y expropiación, dice en su primer artículo que “Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia”. En el segundo, que “La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes”. Y para terminar, el tercero dice que “Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes”.
Un famoso político sudamericano se mofaba de los propietarios bajo la falsa bandera de la protección a los más desfavorecidos con su famoso “exprópiese”. Pues bien, nuestra carta magna nos da una de cal y otra de arena. Ya que a la par que nos otorga el derecho a la propiedad de nuestros bienes, lo subordina a la función social y la causa justificada, criterios peligrosos en manos ambiciosas. Un arma de doble filo que, desde la ignorancia, me resulta muy peligrosa.
Hemos visto incluso que los políticos no tienen reparos en dictar una nueva ley y aplicarla de forma retroactiva de acuerdo a sus intereses. ¿Porqué no van a quitarte tu casa argumentando que es beneficioso como función social o necesario para el interés general? No sería la primera vez que sucede. Pero la situación no termina ahí, ya que no sólo estamos atados a sus designios respecto a nuestras mal entendidas propiedades. Sino que la moneda que ganamos y usamos de forma libre, está a punto de perder esa cualidad.
El euro digital
La imposición del euro digital (CBDC), esa maravilla que nos venden como la panacea para evitar que los delincuentes blanqueen su dinero, realmente incluye un control monetario sin precedentes.
En 2023, un borrador de la Comisión Europea ya sugería que los euros digitales pudieran incorporar límites de tenencia. Por ejemplo con un máximo de 3.000 o 4.000 euros por persona, para evitar riesgos bancarios. Igualmente, afirman que no hay planes oficiales de incluir caducidad en el euro digital. Sin embargo, la tecnología utilizada permite funcionalidades programables que pueden incluir que los euros caduquen, deban gastarse en determinados usos y servicios, e incluso que al estilo de las libretas de racionamiento. Tengamos limitada la cantidad de nuestro sueldo que podemos gastarnos en cada partida.
Y el argumento perfecto para su implementación incondicional será la compleja medida de la renta básica universal, en la que cada ciudadano europeo, solo por el hecho de serlo, e independientemente de su nivel adquisitivo, recibirá una cantidad mensual que garantice erradicar la penuria en Europa. Esta será la jugada maestra. Vendiéndonos la generosidad de nuestros dirigentes al otorgarnos un sueldo para cada ciudadano europeo, entregado directamente desde el Banco Central Europeo. Y programado desde su origen para utilizarlo en lo que nuestros políticos tengan a bien decidir.
Estaría loco si me quisiera marchar de un país donde me mantienen, cuidan de mi, protegen mis propiedades. Y legislan siempre a favor de la comunidad.
Un momento…, ¿no suena a distopía terrorífica?
A pesar de las múltiples veces que nos engañan, aún discutimos sobre lo que los políticos dicen, en lugar de reparar en lo que hacen. Que nadie me cuente que su ideología es mejor que otra, las ideologías no arreglan problemas ni evitan dramas. Las ideologías sólo alimentan odios y enfrentan a los incautos que las defienden.
El día en que los políticos hablen con sus hechos, comenzaré a plantearme el recuperar la fe en quienes nos gobiernan.
