DE LOS MUSEOS A TIKTOK: EL NUEVO CONSUMISMO CULTURAL

Consumir cultura ya no es lo que era. No porque haya desaparecido, sino porque ha cambiado de lugar, de ritmo y, sobre todo, de intención. Hoy no solo vemos la cultura: la desplazamos con el dedo o la guardamos para más tarde. La cultura ya no es ese tiempo que reservamos para ver una obra de arte, sino algo que aparece mientras vemos otras cosas. Y este cambio es mucho más profundo de lo que parece. 

La velocidad como norma: consumir rápido y pasar al siguiente estímulo 

Hubo un tiempo en que la cultura exigía quedarse. Ir a un museo, leer un libro o asistir a una obra de teatro implicaba cambiar todo el planning de un día. Hoy, en cambio, para muchas personas esto ha desaparecido por completo. 

Las plataformas digitales han impuesto una lógica: todo debe ser inmediato. Y estamos perdiendo la esencia de antaño. Si algo no capta la atención en los primeros segundos, queda fuera de nuestro campo visual. Y la cultura, como cualquier otro contenido, se ha adaptado a esa dinámica. 

Ahora podemos recorrer siglos de historias en un solo clic, descubrir libros a través de las recomendaciones de bookstagramers o booktokers, o acercarnos a historias que nos atrapen mediante vídeos que duran menos de un minuto. Todo está pensado para consumirlo sin pausa, para ya. Y, para mí, esto no es consumir cultura. La cultura se vive, el libro se disfruta leyendo y una obra de teatro se ve en las salas. 

Pienso que no es que haya menos interés por la cultura. Es que hemos cambiado la forma de relacionarnos con ella. 

El museo en la era del móvil: ver, grabar y compartir 

Los museos no son ajenos a estos cambios se están produciendo en la cultura. Hoy, entrar en una exposición implica convivir con pantallas. No solo las pantallas que forman parte del recorrido, sino también la de los propios visitantes. Fotografiar una obra, grabar un vídeo o compartir una imagen se ha convertido en parte de la experiencia. 

Y, esto, los museos lo saben. Ya las exposiciones se diseñan, en muchos casos, pensando también cómo se verán en redes sociales. Espacios más atractivos y visuales priman ahora en las salas de arte. No solo se trata de contemplar y disfrutar del arte, sino también de mostrar que se ha estado allí. 

Por ello, el museo ya no es solo el lugar al que se va a mirar, sino es también un espacio que se consume, se documenta y se comparte. 

Cuando la cultura se convierte en contenido: el algoritmo como nuevo mediador cultural 

La cultura siempre ha tenido algo de entretenimiento, pero nunca había estado tan metida en la dinámica del contenido como ahora. Hoy, una obra de arte o un libro compiten con cualquier otro estímulo digital. Y en ese sentido, ya no es tan importante su valor. Ahora lo más importante es la capacidad para captar y mantener la atención. 

El algoritmo es el rey y decide lo que vemos. Y lo hace en función de lo que nos mantiene más tiempo mirando la pantalla. Esto ha obligado a la cultura a adaptarse, a ser más atractiva, más fácil de digerir. A ser más breve, más visual, en definitiva, más emocional. ¿Y cuál es el resultado? Una cultura más accesible, pero también más superficial. Mantener la profundidad de las cosas se vuelve complicado, ya que en estos tiempos se premia lo rápido sobre lo relevante. Consumimos más, esto está claro, pero no necesariamente mejor. 

De espectadores a creadores de contenido: participar es la nueva forma de consumir

Uno de los cambios más importantes en la cultura ya no es solo el formato, también es el papel que adquiere el público. La cultura ya no es algo que se recibe de forma pasiva. Cada vez hay más personas de a pie, ahora llamados creadores de contenidos, que a través de una cuenta de TikTok, Instagram o YouTube muestran el arte. 

Cualquier persona puede recomendar un libro, explicar una obra de arte o convertir una referencia cultural en algo viral. Esto ha permitido que más personas participen en la conversación cultural sin necesidad de intermediarios. Y esto lo único que hace es que la cultura, en mi opinión, vaya perdiendo valor. Y, como decía al principio del artículo, la cultura va muy rápido. 

Y cuando todo va tan rápido, la cultura deja de ser experiencia y se convierte en ruido, que se consume, sí, pero no se asimila. 

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