CONTRADICCIONES PÚBLICAS DEL MINISTRO TRAS LA TRAGEDIA DE ADAMUZ

Cuando ocurre una tragedia de la envergadura de lo ocurrido en Adamuz, hay dos tiempos que nunca deberían confundirse: el de la investigación y el de la comunicación política. El primero exige rigor y prudencia. El segundo, contención y honestidad. En el caso del accidente ferroviario de Adamuz estos tiempos se rompieron desde el principio, ya que se ofreció demasiada información demasiado pronto. Información de dudosa credibilidad. 

El ministro de Transportes, Óscar Puente, salió a dar explicaciones ante la tragedia de mayor magnitud de los últimos años, y lo hizo con un mensaje contundente y directo: las vías estaban “completamente renovadas” y el mantenimiento de las mismas era el correcto. Pocas horas después conocíamos la mentira que escondían las palabras del ministro. 

La versión inicial de Puente: una vía renovada y sin fallos aparentes

En las primeras comparecencias del ministro de Transportes tras el accidente, insistió en que las vías donde se había producido el siniestro habían sido “renovadas recientemente y se encontraban en buen estado”. En ningún momento habló de mejoras parciales o tramos pendientes, sino de una “renovación completa”. Una afirmación demasiado arriesgada y con la única intención de evadir responsabilidades. Algo que viene siendo habitual en toda la estrategia política del Gobierno. 

Y es que, afirmando que las vías estaban renovadas, se desviaba el foco de atención hacia otros factores, como errores humanos, circunstancias técnicas imprevistas o causas por determinar. Muy en la línea del gobierno de Sánchez. 

La información que llegó después y que dejó en evidencia que la vía no estaba “completamente renovada”

Conforme han ido avanzando los días y se han ido conociendo más detalles de la investigación, la versión oficial ha perdido rotundidad. Desde ADIF se ha reconocido que no todos los elementos de la vía han sido renovados. Algunas actuaciones correspondían a fases anteriores y no correspondía a la totalidad del tramo siniestrado. Algo que ha tenido que admitir Puente, cayendo en contradicciones con respecto a sus primeras declaraciones. 

A todo esto, se han sumado las informaciones técnicas que apuntan a un posible fallo en una soldadura o en la unión entre tramos de carril, un detalle difícil de conciliar con la idea de una renovación integral reciente. Ya no se habla de renovación total de las vías, sino de una revisión parcial. Una vergüenza. 

Todo esto ha dejado, de nuevo en evidencia, al Gobierno y Óscar Puente, responsable directo de que estas cosas no sucedan.  

Una semana de accidentes ferroviarios: de Rodalies a Adamuz y lo que eso dice del estado real de las vías

Pero es que el accidente de Adamuz no es un caso aislado, en los últimos días se han ido produciendo accidentes e incidencias en la red ferroviaria. En la madrugada del 20 de enero, apenas dos días después de la tragedia en Córdoba, un tren de cercanías en Cataluña, descarriló entre las localidades de Gelida y Sant Sadurní d’Anoia tras ser impactado por un muro de contención que se desplomó sobre las vías a causa de las lluvias intensas. En este accidente falleció el maquinista y al menos 37 personas resultaron heridas, varias de ellas graves, lo que obligó a suspender de forma temporal toda la red de Rodalies en Cataluña. 

Pero es que este siniestro en Rodalies tampoco es un caso puntual: en menos de una semana se han registrado otros incidentes menores en diferentes líneas, incluidos choques y descarrilamientos que han obligado a interrumpir servicios, reconfigurar horarios y bajar la velocidad en algunos trayectos. Y todo esto vuelve a poner en evidencia que el estado real de las vías no es el adecuado. Y yo me pregunto, si la seguridad, mantenimiento y renovación de la red ferroviaria depende del ministro de Transportes y no se está llevando a cabo, ¿qué es lo que hace Óscar Puente en su ministerio? ¿En qué dedica el tiempo que no emplea en el mantenimiento de la red ferroviaria? Es lamentable mantener en el Gobierno a un señor que no hace su trabajo, que miente y que intenta defenderse mediante ataques a través de su red social favorita. 

La defensa de Pedro Sánchez a Óscar Puente y en una estrategia basada en resistir en vez de aclarar 

No olvidemos la gestión del presidente del Gobierno en toda esta crisis: nula. No da la cara, no da explicaciones, y cuando lo hace es para respaldar y defender las vergüenzas políticas de su ministro de Transporte. De nuevo, el señor Sánchez no asume errores. Su principal cometido es mantenerse firme en su cargo. Lo que viene haciendo en estos últimos años de corrupción. 

En el caso de Adamuz, el problema ya no es solo qué ocurrió en la vía ferroviaria, sino cómo el Gobierno ha decidido gestionar lo que decía sobre ello. Y en esa decisión política, Sánchez juega un papel fundamental, ya que basa toda su estrategia en resistir en lugar de aclarar. Lo que le importa es mantenerse en La Moncloa, en el poder a costa de tantos fallecidos, heridos y de familias rotas. Y eso a este señor no le importa. Prima su resistencia contra el dolor de la tragedia. 

Mientras el Gobierno se esfuerza por proteger su relato, hay quienes no pueden permitirse esa estrategia: las familias de las personas fallecidas. Merecen verdad, respeto, y una investigación sin fisuras y sin intereses de dirigentes políticos que no valen para estar al frente de un Gobierno del que poco nos queda por ver. El accidente de Adamuz es una tragedia y mentir o caer en contradicciones es una falta de respeto. Un respeto del que el Gobierno de Sánchez ya no conoce su significado. 

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