VOLVER A ALMODÓVAR 

Hay directores que me gustan y directores a los que vuelvo. Pedro Almodóvar pertenece, sin ningún género de dudas, a la segunda categoría. Su cine forma parte de mi manera de entender el cine y, aunque ya he hablado de él en algunos de mis artículos y columnas, incluso dediqué una entera a Amarga Navidad, me apetecía volver a meterme en su mundo. 

También hay películas que vemos y otras a las que regresamos. Con Almodóvar me ocurre lo segundo. Puedo ver una misma película más de una vez y siempre disfrutar de lo que el director ofrece. Incluso observar detalles en los que en un primer visionado no había caído. Y no me importa. Volver a Almodóvar es siempre la excusa perfecta para disfrutar del cine español en mayúsculas. 

Un universo que reconozco

Creo que una de las cosas que más me fascinan de Almodóvar es que su cine se reconoce antes incluso de que aparezcan los créditos. Su cine tiene algo propio, característico, reconocible a los ojos de los que amamos el cine. 

Una cocina amarilla, una pared roja, una camisa celeste, un vestido llamativo, una habitación llena de objetos. En el cine de Pedro Almodóvar los colores son un personaje más de su historia. No están puestos en el decorado al azar. Cada color lo estudia minuciosamente para cada escena, y he de reconocer que me encanta. 

El cineasta ha construido un universo visual propio. Un universo excesivo en el mejor sentido de la palabra, lleno de estampados, de contrastes y de personajes que parecen vivir dentro de una película cuando están haciendo algo tan cotidiano como hablar por teléfono o cocinar. Y hay algo que me parece complicadísimo, pero si tuviera que reconocer una película suya en un solo plano, acertaría sin dudarlo un segundo. Y eso es maravilloso cuando hablamos de cine. 

Las mujeres de Almodóvar

Hace unos meses escuchaba un podcast en el que Pedro Almodóvar confesó que odiaba el famoso término chica Almodóvar. Y me sorprendió bastante, porque las mujeres que han pasado por sus películas las conocemos así. Ellas, las mujeres, son las principales protagonistas de sus historias. Penélope Cruz, Carmen Maura, Loles León, Rossy de Palma, María Barranco. Son muchas las mujeres que han pasado por sus maravillosas películas. 

No puedo hablar del cine de Almodóvar sin hablar de sus personajes femeninos. Mujeres que aman, que mienten, que sufren, que cuidan, que pierden y que vuelven a empezar. Raimunda, Sole, Agustina, la madre, Vera Cruz, Julieta, Janis o Elsa. Todas tienen algo especial. Todas están atravesadas por conflictos y secretos, pero ninguna se hunde ante el dolor. Y eso es lo que más me gusta de Almodóvar: sus mujeres pueden estar rotas, pero no son débiles. Son capaces de seguir adelante a pesar de las circunstancias. 

Volver

Si tuviera que elegir una película para explicar qué significa para mí el cine de Almodóvar, probablemente escogería Volver, con una Penélope Cruz en el papel de Raimunda actuando de forma excelsa. Me gusta todo de esta película. ¿Qué es lo que tiene que hace que vuelva a ella una y otra vez? Me gusta su reparto, su historia, sus colores, la relación entre sus personajes y esa mezcla de comedia, drama y misterio que consigue mantener al espectador hasta el final. 

Me gusta cómo lo cotidiano convive con lo extraordinario. Y es que una comida familiar puede convertirse en la escena fundamental de la película. O una conversación en una cocina puede acabar siendo tan importante como la escena principal del largometraje. 

Dolor y gloria

Con Dolor y gloria siento algo diferente. Es una película más íntima, más contenida. Salvador Mallo revisa su vida, sus carreras, sus relaciones y algunas de las experiencias que han marcado su vida. Y en ese personaje veo, sin lugar a dudas, a un Pedro Almodóvar mucho más reflexivo que en sus anteriores historias. Después de tantas películas y tantos personajes, aparece un director que parece preguntarse qué queda cuando se apaga el ruido. Y también me gusta cómo habla del cine como profesión, pero también como necesidad. 

Es una película sobre un hombre que intenta entenderse. Y quizá por eso me resulta tan cercana, porque todos, en cualquier momento de nuestras vidas, hemos intentado entendernos y encontrar nuestro sitio. 

Y entonces llegó Amarga Navidad

Sin duda, creo que Amarga Navidad es otra de las grandes películas de Almodóvar. Me fascinó la historia que cuenta y cómo vemos un Almodóvar más maduro en cuanto a director. Ya escribí sobre ella en una columna anterior, así que no quiero repetir mucho. Pero si tenía que escribir sobre el cine de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad tenía que estar aquí. 

Almodóvar ha cambiado mucho desde sus primeras películas, pero no ha perdido su identidad. 

Volver a Almodóvar

Lo que más admiro de Pedro Almodóvar es que, después de tantos años de carrera cinematográfica, siga teniendo una mirada reconocible. Puede cambiar el tono, la historia o la forma de contarla, pero hay algo que permanece: esa manera tan bonita de mirar a sus personajes sin juzgarlos y de encontrar belleza incluso en las situaciones más incómodas. 

Por eso me gustan tanto Volver, Dolor y gloria y Amarga Navidad. Son películas muy distintas, pero en las tres siempre encuentro a un director sublime que sigue interesado en contar historias con una personalidad que es muy difícil imitar. Almodóvar sigue teniendo algo que muchos persiguen durante toda una carrera: una voz propia. Una voz única. No necesitas que te digan quién está detrás de esa película. Simplemente lo sabes. Y cuando un director consigue eso, poco más se puede pedir. 

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