La Paz de Westfalia puso fin a la Guerra de los Treinta Años, desarrollada por las grandes potencias en Alemania, y a la Guerra de los Ochenta Años, entre España y los Países Bajos. Guerras nacidas de la Reforma Protestante y de la subsiguiente Contrarreforma que dieron lugar a sendos Tratados de Paz, de 24.10.1648. Tras el primer congreso diplomático moderno celebrado en Westfalia donde concurrieron España, Francia, Alemania, Suecia y los Países Bajos.
Aunque son dos tratados, coloquialmente pasan por ser uno solo: el Tratado de Westfalia. Westfalia es la clave de bóveda del Estado Moderno. Allí nace el Estado-Nación y los conceptos modernos de soberanía nacional e de integridad territorial. Allí se centraliza el control sobre un territorio y sus habitantes frente al descentralizado Estado Feudal.
El Tratado de Paz
Los tratados de paz que conocemos como el Tratado de Westfalia dibujaron las líneas de un nuevo orden tanto en Europa como en el Mundo. Allí se reconocieron cosas como la independencia y la soberanía de los Estados involucrados en esos conflictos, la coexistencia pacífica entre diferentes religiones y confesiones, el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Un sistema de equilibrio de poder entre las principales potencias europeas.
El principio de igualdad entre Estados, independientemente de su tamaño o poderío militar, el principio de que el gobernante tenía el derecho a determinar la religión en su territorio, la libertad de culto para los católicos y los protestantes. La desaparición del poder político del Papa en los asuntos internos de los Estados y el reconocimiento de los Países Bajos como Estados independientes de España.
En lo que aquí interesa, allí se pusieron las bases para el reconocimiento de la soberanía estatal-nacional, marcando un antes y un después en las relaciones internacionales. Allí nacieron los Estados soberanos que conocemos hoy en día. Allí nació también la ‘Razón de Estado’ como justificación política. Allí el Estado se erigió en la máxima autoridad tanto en las relaciones internas como en las internacionales, al margen de cualquier consideración moral o religiosa.
Estado y Papado
El Estado pasó a controlar todo el territorio y, lo que es mucho peor, a las personas que hasta ese momento solo deambulaban por el mismo, al trazar fronteras y acuñar nacionalidades. El Estado dio un paso adelante y el Papado dos para atrás, perdiendo una parte de su ‘poder temporal’ y que la religión pudiera ser un casus belli.
Nunca los reyes crearon naciones. Las naciones son un invento de los Estados Modernos para controlar un territorio y una población. Ese concepto nació en Westfalia y, desde entonces, lo han ido perfeccionando. Resulta ilustrativo el libro ‘De campesinos a franceses’, de Eugen Weber, donde asegura que, tras la Revolución Francesa, la gran mayoría de los franceses no sabían aún que eran franceses. Ni tampoco hablaban lo que hoy conocemos por francés.
El nacimiento de los Estados
No fue hasta 1880, con la implantación del ferrocarril, del servicio militar obligatorio y de la escuela obligatoria –recordad a Louise Violet– que el concepto ‘Estado de Francia’ entró en la cabeza de los franceses. Los franceses, los españoles y todas las nacionalidades del mundo han sido acuñadas por un Estado. A la postre, no es una opción personal, sino una imposición. De ahí la necesidad de adoctrinar en la escuela pública obligatoria.
La ‘españolidad’, como cualquier otra identidad nacional, nace de Westfalia y de su Estado-Nación. Es una creación tan reciente como interesada porque la superestructura del Estado requiere de un territorio y de una población a los que explotar. La prueba la tienes en que allí donde el Estado relaja su adoctrinamiento e intervención cultural, la nación se agosta. Y tiende a desaparecer a la misma velocidad que el individuo recupera su conciencia y libertad naturales.
La Nación
La nación, por tanto, querido lector, es otra entelequia que los imperantes y su séquito usan para convencerte de lo que solo a ellos interesa. En definitiva, la nacionalidad es una herramienta más de dominación.
Westfalia dejó repartido el mundo entre Estados, así que tendrás que lidiar con alguno de ellos. Debes pensar en qué tipo de Estado quieres vivir. En algunos solo existe el Estado. En otros las personas aún pintan algo. Se trata, por tanto, de luchar políticamente para que las personas importen dentro del Estado en el que vives.
Si ves que eso resulta imposible, deberías pensar en emigrar. Todavía podemos luchar para superar el creciente autoritarismo de la PPSOE. Con la palanca del voto, podemos recuperar la democracia y unos derechos y libertades realmente oponibles al Estado. No te pierdas en la confusión del NODO y apuesta por los partidos que quieran ponerte a ti en el centro de la política y no al Estado. Por ahí van los tiros.
