LA RELIGIÓN DE EVENTOS

La Iglesia Católica Apostólica y Romana sigue en horas bajas y, en los últimos 10 años, ha perdido 20 puntos de presencia social en España (antes se declaraban católicos el 72% de los españoles y ahora solo lo hace un 52%). Números que cuadran con estos otros: solo un 15% se declaran católicos practicantes; solo un 25% de los nacidos anualmente se bautizan por este rito, y solo el 20% contraen matrimonio por la iglesia.

La cosa no pinta bien. Sin embargo, los eventos superventas de la iglesia triunfan, lo mismo que Bad Bunny. Movilizan a miles y miles de personas como acabamos de ver con la visita de León XIV o como vemos en Semana Santa y Navidad.

Tenemos una fe a la baja y unas manifestaciones de fe al alza. ¿Qué está ocurriendo? Las vocaciones se derrumban –faltan curas por doquier y tenemos que importarlos– y los templos no llenan. Sin embargo, los eventos religiosos sí lo hacen. Los actos religiosos, con su tradicional oropel, triunfan mientras el hecho religioso fracasa.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

¿Qué significan esos actos religiosos multitudinarios frente a un hecho religioso que pierde adeptos cada día? El hecho religioso comporta la presencia de Dios. La presencia de una superioridad infinita que trasciende el mundo físico pero que puede ser captada por una fe que se apoya en la inmortalidad del alma humana. Esa alma, gracias a Dios, puede vencer a su mortal destino, a esa finitud que hace estragos en una sociedad tan envejecida como la española.

Sin embargo, los superventas católicos ya no están en eso. No están ni con Dios ni con el Evangelio. Se trata de algo cultural. Un factor cultural al que la Iglesia se agarra porque, a falta de fe, buenos son esos eventos. Lo que subyace, en el fondo, es el sentimiento de pertenencia a una comunidad. El individuo necesita tener un hueco en un grupo. La creciente colectivización impulsa este tipo de conductas gregarias. Incluso el movimiento evangélico experimenta un boom.

Dos siglos después de la Revolución Francesa, ‘la soberanía de la razón’ no termina de abrirse paso. La búsqueda de la felicidad aleja a muchas personas de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la razón. Conceptos que, políticamente, conllevan la separación de poderes y la separación Iglesia-Estado. En este contexto, juegan la baza de la ‘Religión de Eventos’. Festivales que como los del Orgullo LGTBI explotan el orgullo de pertenencia. A través de la nueva Religión de Eventos, la Iglesia –que nos ha conducido a innumerables horrores– sigue intentando influir en los que sientes, piensas, dices y haces, ahora so pena de excomunión social.

La Religión de Eventos aumenta el dogmatismo en todos los órdenes de la vida. Conduce a un fanatismo que le hace un flaco favor a la sociedad y aumenta la división social. Los mantras religiosos vuelven a imponerse a la razón científica. Así las cosas, todo lo que se persiguió durante el ‘Siglo de las Luces’ –la fe en el hombre y en su razón– va perdiendo fuelle poco a poco.

El miedo vuelve a estar detrás de este regreso a lo esotérico. Frente a todo ello, reivindico la racionalidad como único camino real para alcanzar la felicidad. No hay felicidad en la intolerancia que trae consigo la religión. Convengo con Condorcet en que la humanidad en su conjunto es mejor que los humanos que la encarnan. Por eso, estoy seguro de que seguirá desplegando sus mejores frutos a pesar de tanto borrego y tanto abusón.  

Los curas y la política

En España, el voto católico sigue siendo decisivo para la PPSOE. Eso es lo que permite a los curas hacer política a través de la nueva Religión de Eventos, conscientes de que ahí está ahora la base fundamental de su poder. Los políticos consienten porque necesitan a unos curas que, para más inri, están detrás de nuestro secular atraso. Lo creas o no siguen siendo un palo en la rueda del progreso social y una baza de la PPSOE.

Por eso la PPSOE declara que el Estado español es aconfesional mientras mantiene a los curas revoloteando por todas partes. La principal baza para la PPSOE son los creyentes, ora religiosos ora políticos. Ellos favorecen sus ansias de control social y adoctrinamiento. El orgullo de pertenencia a un grupo facilita el control de los imperantes y su séquito. La Religión de Eventos es la nueva herramienta de los totalitarios para cercenar las libertades públicas y la razón. Dale una vuelta y no caigas en el sectarismo pase lo que pase.

Tags from the story
, ,
More from Mario González
MANUAL DE INSTRUCCIONES: SOBERANÍA Y ENERGÍA
La soberanía es el “poder político supremo que corresponde a un Estado...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.