Nunca es tarde si la dicha es buena. Se fue febrero sin poder comentar la triple hora bruja del 23-F, pero no debemos dejar escapar la ocasión. Este año convergían el 45º aniversario de este golpe político-institucional -que no militar–, la desclasificación de una parte de sus archivos y el fallecimiento de Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil que, engañado, irrumpió en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo-Sotelo, aquella tarde del 23.02.81, poniéndole cara y uniforme a este trucazo que marcó la Transición y que explica la dictadura con chaqueta de pana en la que vivimos actualmente. El que no quiera ver, que se arranque los ojos.
La desclasificación del 23-F se parece bastante a la reforma ‘integral’ del tramo de Adamuz. Las únicas novedades son un informe del CESID, de febrero del 82, y un manuscrito de noviembre del 80. El primero recoge las entrevistas confidenciales que mantuvo el rey emérito, tras el 23-F, con varios de los protagonistas que, curiosamente, eran monárquicos acérrimos.
El papel de la Corona en el golpe
Una con Milans del Bosch al que pedía que «la Corona no salga lesionada del proceso», en referencia al juicio militar en ciernes. Y, en cualquier caso, que «los intentos en tal sentido no provengan de los principales procesados de reconocida vocación monárquica». ¿Por qué le pediría algo así si la Corona no tuvo nada que ver como asegura la versión oficial? También consta que «alguien muy importante de la Casa Real se ha entrevistado con el general Armada, matizando con él comportamientos relativos a la vista oral del proceso y que cuando de igual forma se quiso celebrar la entrevista con el general Milans del Bosch, este exigió que la entrevista se concretase con la propia persona real, no admitiendo intermediarios ni eslabones inferiores».
El segundo, ese manuscrito del 80, confirma que líderes del PSOE se habían mostrado a favor de conformar un ‘gobierno de gestión’ presidido por un general con «respaldo del resto de militares. Pero sin protagonismo público». Un gobierno con «un 50% de civiles independientes y algún militar; el resto, civiles propuestos por UCD, PSOE, CD … tendría como mandato el resto de la legislatura siendo un Gobierno de gestión».
La operación institucional, que llevaba gestándose un año, contaba con la «conformidad de determinados líderes de PSOE y UCD». En el mismo sentido, Pilar Urbano en 2014 refirió como Enrique Múgica, entonces nº 3 del PSOE, comió en octubre del 80 con el general Alfonso Armada, entonces Gobernador Militar de Lérida. Después, Felipe González fue a ver al rey con el ‘Informe Múgica’ y le contó que su preceptor –Armada– se «autoproponía como presidente».
Asimismo, en diciembre del 80, Adolfo Suárez le aseguró a Fernando Álvarez de Miranda que «ya sé que todos quieren mi cabeza. Te ahorro la enumeración. Todos. También los de dentro. Y ése es el mensaje que mandan hasta los socialistas: un Gobierno de coalición presidido por un militar, el general Armada. No aceptaré ese tipo de presiones, por muy alto respaldo que tengan… No lo aceptaré, aunque tenga que salir de La Moncloa en un ataúd» (extraído del libro de Miranda titulado ‘Del contubernio al consenso’ del 85).
Ese manuscrito apuntaba a una viabilidad muy alta de la operación con «plazo de ejercicio para primavera de 1981». E incluía instrucciones para, una vez alcanzado el poder, «presionar al PSOE para que haga un congreso anti-marxista y se transforme en partido socialdemócrata». Y para «presionar a UCD y AP para formar un partido de derecha nacional».
¿Operación política o golpe militar?
Así que lo cierto y verdad es que el 23-F no fue nunca un golpe militar, sino una operación política para desplazar a Adolfo Suárez que, consciente de haber sido elegido por el Pueblo, se negaba a seguir las órdenes de un Juan Carlos I venido arriba que quería ser Franco 2.0.
Suárez se largó para dejarles sin excusa –dando lugar a la investidura de Calvo-Sotelo– pero el rey quería mandar a toda costa, manteniendo en el machito a los partidos por supuesto y, por eso, el ‘golpe político-institucional’ continuó hasta que Tejero, ya en el Congreso, advirtió el engaño: no se trataba de un golpe militar para salvar España, sino un golpe político para salvar al rey y su camarilla.
Por eso declaró: “yo al rey Juan Carlos lo jodí vivo. Él tenía preparado con Armada un Gobierno a su gusto. Pero hacía falta un militar que diera el golpe. Ese fui yo. Es decir: lo mío era necesario para poner el Gobierno de Armada y el rey. Sin embargo, cuando vi lo que iba a ser aquello lo anulé, lo paré. Luego me traicionaron todos: el rey, Armada, Milans del Bosch…”. Más claro el agua.
Este manual de instrucciones resulta, por tanto, fundamental porque si no tienes claro todo esto, nunca podrás comprender ni la Transición, ni el Régimen del 78 –de la PPSOE, siendo más precisos– ni nada de lo que ocurre actualmente en España. Tómate algo: sé que no es fácil de digerir.
