VIVIR EN PLENA Y AUTÉNTICA LIBERTAD

La vida nos enseña, nos transforma. Y a medida que avanzamos por ella, nos permite descubrirnos distintos. Nuestros cambios no son siempre agradables, a veces sí. Lo que es seguro es que siempre nos informan de lo que somos y nos ayudan a seguir, a permanecer o a abandonar un proceso. Al vivir somos dueños de nuestras decisiones y acciones. Y esas son las que nos pueden quitar o dar la auténtica libertad. En la vida la auténtica libertad es la emocional. La que conecta con lo que hay y busca la estabilidad, la paz para seguir avanzando. Es nuestra, intransferible, nos pertenece. Y para poderla sentir, solo tenemos que ser conscientes de los obstáculos emocionales que nos lo impiden. 

Si escuchamos nuestro sentir y lo respetamos para alcanzar el bienestar real, la regulación del equilibrio interior, entonces fluimos. Si no nos escuchamos y no buscamos el bienestar, nos bloqueamos y sufrimos. Te angustias si sufres, frustras o te alteras… ¿Cuál es el problema? ¿Con qué te conectas? ¿Qué estás haciendo que lo mantiene? Te esclaviza ¿qué estás pensando para sentirte así? ¿Qué te mantiene en la perturbación y qué necesitarías hacer para conseguir un estado de equilibrio y bienestar? 

Virginia Satir fue una psicoterapeuta humanista que decía que los problemas no eran los obstáculos para conseguir la libertad emocional, sino que los problemas surgían de cómo los afrontamos. Si nuestro objetivo es sentir bienestar, nuestros pasos deben encaminarse a reducir los obstáculos que nos lo impiden. Así, hizo un planteamiento de cinco libertades que nos pueden permitir vivir con responsabilidad emocional y plenitud personal. 


Libertades para vivir en plenitud personal

La libertad de ver y oír lo que hay, en lugar de esperar lo que debería ser, lo que fue, o lo que será. ¡Cuántas veces sufrimos por lo que debería ser, por lo que debió ocurrir, por cómo debería comportarse alguien! Si queremos dejar de sufrir y liberarnos, aceptemos lo que hay y decidamos actuar responsablemente buscando conectar con el estado emocional que nos permita sentir más paz, más tranquilidad…

La libertad de decir lo que siento y pienso, en lugar de decir lo que pienso que debería decir. ¿Cuántas veces decimos lo que los demás esperan, lo que nos esclaviza al sentir del otro y frustra nuestra libertad interior? Decir, conectar y transmitir nuestros sentimientos y pensamientos con respeto y claridad, sin dañar ni ofender, sin intentar convencer ni imponer, pero permitiendo que nuestra posición se mantenga firme aunque no coincida con la de los demás. 

La libertad de sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir. ¿Cuántas veces nos encontramos convenciéndonos de ser menos egoístas, más considerados, más indulgentes o menos huraños? Sentir la necesidad de velar por nuestro bienestar nos lleva a actuar de forma coherente con lo que sentimos. No tengamos miedo a actuar en función de lo que nos dictan nuestros sentimientos. No pretendamos tampoco que los demás nos comprendan. La libertad es eso. Y desde ahí, fortaleceremos el amor propio. 

La libertad de pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno. ¡Cuántas veces esperamos que nos den permiso para actuar por nuestra cuenta! ¿Qué le parecerá si hago esto o lo otro? ¿Le molestará, se sentirá mal? Cuando queramos hacer algo que dependa de nosotros y sintamos que nos puede beneficiar, es fundamental actuar sin temer la coacción ni la presión emocional de los demás. Así podremos aportarnos el bienestar personal regulado por nosotros mismos y no condicionado por la dependencia de los demás. 

La libertad de correr mis propios riesgos en lugar de conformarme con la seguridad. Decidir libremente nos llevará a correr el riesgo de perder seguridad, pero nos aportará la confianza de ser nosotros mismos. Conocer y calibrar lo que queremos, podemos y valorar lo que podemos conseguir y perder nosotros mismos. Aportarnos confianza personal es la clave de la auténtica seguridad. Depender de los demás es una falsa sensación de seguridad. Nunca podremos conectar con nuestro bienestar esencial, el que nos da la regulación de nuestra propia libertad.  Vivir bien es vivir libre. 


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