VALORES VACÍOS Y PASAJEROS

Me inquieta lo que pueden cambiar los valores de una persona. De hoy, para mañana. Es preocupante que los seres humanos podamos modificar nuestros valores, ideales y creencias con tanta facilidad, como quien se cambia de chaqueta según la estación del año en la que nos encontremos. Los valores humanos son una serie de principios por los que nos regimos la mayoría de las personas. Nos guían para saber qué camino seguir, como comportarnos, cómo establecer relaciones sociales. Todos ellos son una unión de ejemplos para tomar como referencia a la hora de relacionarnos con los demás.

Cuando decimos que alguien “tiene valores” nos referimos a que esa persona crea vínculos de respeto con los demás. A lo largo de nuestra vida nuestros padres nos educan siguiendo sus propias creencias. Nos transmiten su saber acumulado en todos sus años de experiencia en esta gran escuela que es la vida. La que a ellos a su vez, les han sido transmitida por los suyos.

Todo este conjunto de valores nos construye como personas. Y serán los responsables de nuestro saber estar en la sociedad. En general estamos muy alejados de los valores que aprendimos en su tiempo que tendrían que regirnos a todos los seres humanos. Eso sí, por encima de todo ,que siempre sean sinónimo de respeto a los demás y no discriminatorios por razón de raza, género o condición sexual.

En muchas ocasiones, te encuentras conversando con otra persona y en plena conversación por tal o cual tema, te das cuenta que no merece la pena malgastar palabras porque los idiomas en los que hablamos son distintos. Soy una ingenua porque siempre he pensado qué llevando tu discurso con dignidad y respeto a tu interlocutor, siempre encuentras un nexo común y al final siempre hay algún punto en que las dos personas nos podemos encontrar y estar de acuerdo.

Aunque la realidad es muy distinta. Cada vez encuentro más personas a quienes en muchos aspectos presumen de tener un puñado de valores. Te ilusionas con ellos y piensas: después de todo todavía hay quien cree en lo verdaderamente importante. No está todo perdido. Y después, les vas conociendo más profundamente con más detalle y te das cuenta que sólo era un farol.

No sé si la razón de perder nuestros valores es lo que podemos estar viviendo a nuestro alrededor, empezando por quienes nos gobiernan. A los que las palabras puedo prometer y prometo, las pronuncian acompañadas de una excelente oratoria. Un discurso que solo ha sido válido en aquel instante. Está tan lleno de intenciones y promesas, pero jamás serán hechas realidad. En vez de tener cada vez un camino más recto y liso, nos colocan piedras más grandes con las que tropezar. Nuestros hijos crecen con la certeza de que hay que ser el mejor en todos los ámbitos. El más popular entre sus amigos o conocidos. Sino dejas huella en los demás, parece que no existes para el mundo.

Cuando practican un deporte, la idea de jugar, estar en forma, aprender compañerismo, respeto a los demás, trabajo en equipo y el juego para participar y pasarlo bien, por lo visto ha quedado para nuestros ancestros. Ahora te exigen ser bueno como mínimo y de los mejores. Solo entonces y no de otra forma, serás el elegido para participar. Después que no nos extrañe que haya falta de motivación entre los más jóvenes, inseguridad, estrés y depresiones. Que son el desencadenante de la mayoría del vaivén de emociones entre ellos.

Pienso que los valores no van de serie contigo al nacer, que desde el momento en el que respiras por primera vez, es cuando empezaras a empaparte de ellos. Pero son tus padres, abuelos, maestros y demás personas con las que nos encontramos en varias de nuestras etapas de crecimiento, las encargadas de enseñarnos los más importantes. Y de verdad que hay personas que merecen un reconocimiento por transmitir tanto y tan bien. Yo los he encontrado en mi vida, en la de mis hijos, grandes comunicadores en valores. Personas que son de admirar y que están en peligro de extinción, porqué cada vez son menos y más, los falsos valores los que abundan entre nosotros.


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