UNA HISTORIA CON UNA TELEVISIÓN MÁGICA

Aquella mujer delante de la puerta de su casa, buscaba con desesperación las llaves en el bolso. En su cara se podía percibir el miedo. No las encontraba, se había olvidado coger el llavero. Lo dejó sobre la mesa de la cocina cuando miró el monedero para comprobar si llevaba dinero suficiente y cogió el carro de la compra. Era una mujer menuda, entrada en la década de los cuarenta, de semblante triste y manos temblorosas. Sabía que él estaba en casa pero no le gustaba que le molestaran cuando estaba metido en su habitación, donde se dedicaba a lo que más le gustaba: limpiar su colección de armas.

Ella odiaba profundamente las armas pero no tuvo más remedio que aceptar aquel extraño entretenimiento cuando se casó con él. Él era mayor que ella. Tenía tierras en el pueblo y con el matrimonio, su familia y ella podrían salir de aquella crisis económica en la que llevaban tantos años sin ver una solución.

Con cierto temor acercó el dedo hasta el telefonillo y pulsó varias veces. Cuando escuchó su voz, lo único que pudo salir de su boca fue un “se me han olvidado las llaves”. La puerta se abrió y ella entró nerviosa. Va hacia la cocina mientras él mira a un lado y a otro de la calle antes de cerrar la puerta. Luego, despacio, camina hacia la cocina. “La próxima vez no te abro, sabes que me molesta mucho que me interrumpan cuando estoy con mis cosas. ¿Has traído la película del videoclub?”, le dice mientras le tira las llaves a la cara. Ella le da la cinta de video y él se va.

Cuando se dispone a ver la película sentado en el sofá, suena el teléfono. El hombre contesta y nada más colgar, se dirige a su mujer para decirle que va a salir. Ella se queda mirando como cierra la puerta y va a apagar la televisión que se ha quedado encendida cuando de pronto en la pantalla aparece un hombre que dirigiéndose a la mujer, con voz profunda, le dice: “¿Tu marido te trata mal, te desprecia? ¿Crees que te engaña? Yo tengo la solución. Si llamas al número que está en pantalla yo, el profesor Ben An-Ymal, te daré la respuesta a tus dudas y la solución a tus problemas. Y la pantalla se apaga.

Aquella mujer dudó unos segundos antes de marcar el número y la misma voz que había escuchado en la televisión respondió “gracias por haber marcado este número, pronto recibirás el paquete que necesitas para solucionar tus problemas”. Y nada más colgar suena el timbre de la puerta. Cuando abre, no hay nadie, solo un paquete en el suelo. Lo coge, lo abre y ve una cinta de video con una pegatina que dice: “aquí está todo lo que necesitas saber”.  Introduce la cinta en el aparato de video y como por arte de magia, ve a su marido con otra mujer, con la que está sonriendo, bailando, besándose. Apaga el televisor y con una rabia contenida, se va a la cocina a tirar todo lo que ha comprado para él. 

En ese momento él regresa a la casa. Ella sale corriendo hacia la habitación donde está la preciada colección de su marido, pero no tiene la llave para poder entrar. Él se ha quedado mirando la televisión y ve a un extraño individuo que le mira y le dice: “¿quieres saber qué te va a pasar? Pues observa”. Y como si de una película se tratara ve cómo su mujer coge un arma de su colección, se dirige a él y le dispara. Sorprendido se va al cuarto donde están sus “tesoros”. Abre y ve que no falta nada, se queda mirando y manipulando algunas cosas. Sale tranquilo, todo está en orden.  

Desde la cocina escucha a su mujer diciendo que la comida está preparada, que va a coger una botella de vino de la bodega, que vaya sentándose. Cuando ella vuelve, en la mano no lleva una botella de vino sino un arma que dispara sin mirar y sale corriendo. Él cae al suelo unos instantes pero enseguida se levanta, además del chaleco antibalas que se había puesto después de ver el video, también había cambiado las balas por unas de fogueo. Se sentía el hombre más listo del mundo.

Recorrió la casa y se dio cuenta que ella no estaba. Se había marchado sin verificar que su actuación no había dado el resultado que esperaba. Se sentó delante de la televisión y se rió de aquella mujer torpe. La pantalla se encendió y de nuevo el sujeto extraño apareció. “¿Te crees muy listo?”. Una mano con una pistola salió de la televisión, le apuntó y le disparó. “Nadie es más listo que el profesor Ben An-Ymal”.


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