UNA GRAN LECCIÓN: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

La mañana del sábado estaba siendo más o menos tranquila: lectura de periódico tras un copioso desayuno, conversación telefónica con uno de mis amigos, algo de práctica con la consola, faenas de casa… Uno de los sonidos característicos a media mañana es el pequeño rugido de la motocicleta del cartero y el golpe metálico de la puerta del buzón indicando que ha dejado algo. Busqué la llave y salí creyendo que había algo para mí pero no había nada. En cambio una vez fuera, algo llamó poderosamente mi atención: un zumbido. Estamos en primavera así que es normal que el tipo de insectos como las abejas, abejorros y demás anduvieran libando. Pero no.

El zumbido se hacía cada vez más insistente, más ruidoso, más patético –si cabe-. Busco el origen del sonido y veo un abejorro grande atrapado en una telaraña. La propietaria del entramado estaba a su lado tratando inútilmente de rodearlo con su tela pegajosa pero el insecto se defendía e incluso le atacaba. La araña retrocedía y el abejorro seguía debatiéndose.

En mi fuero interno yo le animaba a seguir luchando por su vida pero mi otro yo más realista veía que cuanto más se movía más se enredaba en la tela. La araña observaba de lejos pensando quizás en que ya se agotaría y pararía el pataleo. Pero no. El continuaba debatiéndose como un poseso. El zumbido llama la atención de un felino que rondaba por ahí pero al comprender que ambas posibles presas están fuera de su alcance, se marcha. La araña intenta de nuevo acercarse pero es misión imposible. Inexplicablemente vuelve a su escondite.

Después de un rato sale de nuevo para comprobar cómo está su potencial víctima. Observa que el insecto está atrapado por sus patas y se concentra en hacer hilo alrededor de ellas. Pero él sigue peleando por su vida y tira con todas sus fuerzas para liberarse. Zumba y zumba y la araña vuelve a retroceder. Cruza por mi cabeza la idea de ayudar, de romper esa tela que le aprisiona y liberarlo de una muerte certera. Pero no.

No debería intervenir en lo que la Madre Naturaleza ha previsto para un abejorro y una araña a las 13 horas del sábado día 3 de marzo. La araña hace un último intento por seguir fabricando sus tela y cerrar su trampa pero ocurre algo inesperado, algo inaudito: el abejorro se libera y se aleja a toda prisa de la despensa de la araña. Esta se queda unos segundos pensando en qué habrá fallado y se refugia en su agujero a la espera de otra víctima menos peleona. Y a mí me ha parecido muy importante la lección del abejorro: hay que luchar hasta el final y nunca rendirse.


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