UNA CITA MUY ESPECIAL CON LEONARDO DA VINCI

Cuantas veces nos hemos o nos han preguntado “¿con qué personaje de la historia te gustaría comer un día?”. Hay tantos personajes interesantes para sentarse en una mesa y ponerse a hablar que cuando te preguntan nunca sabes qué responder. En esa disyuntiva estaba yo el otro día. No sé muy bien por qué cuando me vino a la cabeza Leonardo da Vinci. Para mí es una de las figuras más polifacéticas de la historia. Fue pintor, escultor, arquitecto… Además de llevar a cabo una labor de investigación sobre anatomía, mecánica y cosmología. En fin un genio del Renacimiento. Pero lo que no se suele conocer de este “mago” del Quatroccento es que fue maestro de banquetes en la corte de Ludovico Sforza llamado el Moro, y mecenas de Leonardo da Vinci. Ahí es nada.

Pues con Leonardo en la cabeza me imaginaba yo llamando a mi amiga y diciendo “oye, que viene Leonardo a comer: ¿qué puedo preparar?” y  ella contestándome “hija, cualquier cosa, algo de pasta, con un italiano, nunca fallas, unos spaghetti puttanesca que te salen de vicio”. Pero como voy a preparar un plato de pasta a alguien que junto con Miguel Angel, Botticelli, Rafael, Tiziano, Machiavelli por citar algunos genios, impulsó un cambio en el pensamiento del mundo civilizado. Empezando con la arquitectura y continuando con la filosofía y la literatura haciendo posible que aquel Viejo Continente durante los siglos XV y XVI, atravesara uno de los periodos más brillantes de la historia de su cultura. No, definitivamente, unos sapghetti puttanesca no iba a ser la comida que preparara a Leonardo da Vinci en nuestra primera cita.

Entonces me puse a “bichear” entre las páginas de “San Google” a ver si descubría algo sobre los gustos culinarios de “mi buen amigo” Leonardo da Vinci. Y descubrí que fue el precursor de los programas de cocina de la época. Bueno eso pensé al leer que estuvo de jefe de cocina en una taberna de Florencia llamada “Los tres Caracoles”. Lo echaron cuando quiso cambiar las grandes fuentes de comida por pequeñas porciones de ricos manjares sobre pedacitos de polenta. Lo que se conoce hoy como “nouvelle cuisine”.

Además con su amigo y socio Sandro Botticelli, abrió otro local sin éxito en la misma ciudad. Menos mal que aceptó el cargo de maestro de festejos y banquetes del señor de Milán, Ludovico el Moro. Allí pudo desarrollar varios ingenios mecánicos para mejorar el trabajo en la cocina del palacio. Pero no solo inventos como extractores de humo o picadoras de carne, también creaciones culinarias a la altura de un chef con estrellas Michelin como una anchoa enrollada sobre una rebanada de nabo tallado en forma de rana o enroscada alrededor de un brote de col. Vamos que si se presentara a alguna edición de Master Chef Celebrity, la ganaba seguro. Pero todo esto no resuelve mi duda sobre qué preparar de comida a Leonardo da Vinci. Eso sí, descubro que le gustan los platos sencillos. Aborrece las preparaciones complejas.

Así pues vuelvo a coger el teléfono e informo a mi amiga sobre mis investigaciones. “Pero tú no sabías que Leonardo añadió la tercera púa al tenedor veneciano para poder coger mejor los espaguetis. Bueno los «spago mangiabile», los cordeles comestibles, que así los llamaban entonces”, me dice cómo si fuera la cosa más normal. Me dice que todo el mundo la sabe. Todo el mundo menos yo, claro. “Sigo pensando que la pasta es la mejor opción, y si tantas dudas tienes ya sabes qué hacer”. Pues no, no sé qué hacer. “De verdad, que cuando te pones en modo no pensar, no hay manera contigo. Haz lo que haría cualquiera, llama a Leonardo y pregúntale qué le apetece comer”. Y eso hice.


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