UN SENTIMIENTO EXTRA DE SENSIBILIDAD

“Las personas PAS, es decir, las personas con alta sensibilidad, presentan una sensibilidad más alta a ciertos estímulos. También una forma de procesar la información sensorial más profunda en su cerebro que el de los individuos que no poseen estos rasgos”. Fueron los psicólogos Elaine Aron y Arthur Aron quienes descubrieron en los años 90 este grupo de rasgos neuropsicológicos. Ellos afirman que del 15% al 20% de la población los presentan.

He descubierto que soy una de las personas que entra dentro de este porcentaje. No dejas de sentir demasiado todo el tiempo, en el día a día. Sientes siempre con demasiada profundidad, sin necesidad de que te suceda nada especialmente importante. Puedo estar viendo una película de acción y emocionarme con el sufrimiento del protagonista. Incluso mis ojos llenarse de lágrimas con una noticia del telediario aunque la emoción sea mínima. Hasta aquí, si solo experimentara este fluir de sentimientos viendo televisión o cine, tampoco sería un gran inconveniente.

El problema es que mis emociones también me provocan infelicidad con las personas de mi entorno más cercano. Familia, amistades o cualquiera con la que pueda interactuar en alguna ocasión. Un leve gesto de disgusto con alguna persona o una mala contestación que provenga de mi círculo más íntimo, depende del momento en que me encuentre emocionalmente, me puede invadir una especie de tristeza y desanimo que seguramente se quedará conmigo todo el día.

Alta sensibilidad: fluir de sentimientos incontrolables

Me ha ocurrido estar conversando con alguien sobre algún tema personal y simplemente, viendo un gesto de desacuerdo, o sentir que no está con todos sus cinco sentidos en lo que estoy relatando y al momento experimentar una ola de sentimientos infelices, unidos a una enorme decepción con aquella persona.

Y comienzo a dejar ir pensamientos y emociones negativas sin freno por mi parte. O incluso sentirme insignificante y pequeña de repente, todo por un puñado de sensaciones que me invaden sin poder evitarlo. No es algo estacional que venga con la primavera al “Corte Inglés”. Es un estado duradero que va conmigo a trabajar, comprar e incluso a recoger a mis hijos a la escuela. Más bien es una parte de la personalidad, como ser tímida o extrovertida.

Son rasgos que forman parte de uno mismo y tienes que aprender a saber llevarlos de la mejor forma. Con el tiempo y la edad vas aprendiendo a controlar un poco este estallido de emociones, y con un gran trabajo interno logras dominarlas en muchos momentos. Aprendes a fabricar un escudo invisible con el que protegerte, al menos en las relaciones con los demás.

He tenido muchos momentos de ira conmigo misma por ser como soy. He deseado con todas mis fuerzas ser una persona distinta, mucho más segura de mí misma, y sobre todo con un carácter fuerte e inquebrantable. Aún así, creo que he logrado ser emocionalmente más serena y menos frágil ante los demás.

En clase de yoga mi profesora al practicar meditación, siempre nos insiste en que todas las preocupaciones, pensamientos o cualquier idea que nos pase por nuestra mente en ese momento, la coloquemos en una mochila invisible y la depositemos en una percha imaginaria. Tenemos que concentrarnos solamente en esa meditación.

Ser altamente sensible también tiene aspectos positivos

Las personas que tenemos un extra de sensibilidad y respiramos empatía por todo nuestro ser, tendríamos que ser capaces de guardar ese exceso de sensaciones en nuestra mochila de pensamientos. Podríamos guardarla en un armario, cerrarlo con llave y aliviar nuestras emociones para no estar continuamente sufriendo por ellas.

A pesar de todo, también ser altamente sensible tiene aspectos positivos. Tienes una gran capacidad de escuchar a los demás, no juzgas a la persona, sino que la comprendes, ya que tu poder de empatizar es enorme. Cuando alguien está a tu lado, siempre intentas que se sienta a gusto, de lo contrario lo percibes y tú eres la primera que está incómoda. Eres una amiga fiel y en el momento de aconsejar a alguien que te lo pida, lo harás con el corazón en la mano y con la mayor sinceridad de la que eres dueña. Sé que en esta sociedad nuestra de hoy en día, donde abundan las envidias, falsedades, maldades, egoísmo y codicia, es muy complicado ser una persona altamente sensible.

Y no es una lucha fácil porque cada día nos ponen a prueba. Con los años vas superándolas cada vez con menos esfuerzo, debido a que la edad te aporta conocimiento y entereza para afrontarla. Estoy convencida que aportamos nuestro granito de arena a la sociedad y a la vez tenemos una sensación de satisfacción interior que nos hace crecer como personas, por lo que el beneficio es recíproco. No dejes de ser una persona con un extra de sensibilidad y llévala contigo en todos los momentos y lugares.


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