UN “PREADOLESCENTE” ENTRE DOS MUNDOS

Observo con detenimiento a mi hijo menor. Tiene 11 años y está en esa edad en la que poco a poco está dejando de ser un niño para convertirse en un preadolescente. Se encuentra entre dos mundos totalmente diferentes. Uno de ellos donde existe el juego, la curiosidad, la inocencia y la empatía que son habilidades características de niños y niñas. Y el otro en el que a medida que se acercan a los 12 años comienza en ellos una especie de metamorfosis. Dejan ese niño o niña que eran hasta hoy y se convierten en  jóvenes con personalidades dispares.

Cambios con los que tendrán que batallar. Y predominará la falta de autoestima provocada por esa etapa vital, llena de cambios y deseos de recibir respeto y aceptación por parte de sus amigos. Si la respuesta al contrario es de rechazo y son ignorados, pueden verse invadidos por una marea de frustración enorme. Son sentimientos que les asedian sin que ellos puedan negarse, inducidos por esta corriente de cambios que se suman a la gran transformación que sufren sus vidas.

Los cambios de ese “nuevo ser preadolescente”

Hay quienes aceptan este cambio con agrado y dejan que “ese nuevo ser preadolescente” se apodere de ellos y los renueve por completo. Y nosotros los progenitores somos testigos de cómo se van convirtiendo. Al principio son cambios de humor, de repente pueden pasar de estar alegres y tranquilos a entrar en cólera e incluso irrumpir en llanto en cuestión de segundos. A veces es una reacción exagerada a una discusión o cuando están intentando explicarte un hecho, y no logran que entendamos su postura.

Yo confieso que hay veces que voy con pies de plomo. Estos cambios a veces son sin motivo o razón. Puedes sentirte protagonista de una película, como aquella famosa comedia estadounidense algo terrorífica “Gremlin”, donde aparecían unos simpáticos y tiernos seres peludos en apariencia dulces, pero que tenían un punto oscuro. Resulta que si ingieren comida después de medianoche, entonces se convierten en unos monstruitos malignos y perversos. Y nosotros los padres de las criaturas, les queremos incondicionalmente, da lo mismo si están en modo niño alegre y cariñoso o en estado “Gremlin”.

Sus emociones en ebullición…

En muchas otras ocasiones ni ellos mismos saben lo que les pasa, y posiblemente sean sus emociones que están en ebullición y actúan como una gran ola. Esa misma que los surfistas buscan en sus viajes por todos los mares del mundo para cabalgar sobre ella durante horas, enérgica e interminable. Y una vez han adquirido ese conocimiento sobre sus particulares olas, logran aprender una gran lección de vida que les hará perfeccionar la práctica del surf e inspirar profundamente sus vidas.

En este cambio encuentran los valores humanos tan necesarios hoy en día como la ética, el respeto al prójimo, la tolerancia, la bondad, la empatía y la amistad. Todos esos valores que tendrían que formar parte de su nuevo mundo y ayudarles a reflexionar antes de realizar cualquier acto. Reflexionar sobre sus posibles consecuencias negativas o positivas que influirán en cómo encaminaran su futuro como adultos.

La misma inspiración que necesitarán nuestros “preadolescentes” de la misma forman que buscan los surfistas esa ola mágica e inigualable. Encuentren en su interior esa fuerza para crecer en ese nuevo mundo sin miedos, experimentar y dejarse llevar para lograr completar con éxito esa gran misión que es nuestra vida. 


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