TROL DE INTERNET: LA EDUCOMUNICACIÓN COMO ARMA

La Educomunicación es una instrucción que, gracias a la constancia, resulta cada vez más visible. En las aulas ayuda a mejorar el método educativo, inculcando a los alumnos la autonomía y el ingenio a la hora de afrontar un obstáculo, sobre todo cuando es decisivo para su futuro. Sin embargo, la Educomunicación no comprende únicamente los exámenes o la asimilación de conceptos, sino que abarca también aspectos tales como la brecha social en lo que respecta a materiales de su misma índole, la alfabetización digital, o el ciberacoso.

Estos dos últimos términos tienen en común más de lo que podemos imaginar. Mientras que la alfabetización digital consiste en comprender y aplicar cómo el uso de las herramientas cibernéticas pueden hacer que nuestra vida mejore o que seamos más productivos y eficientes en ella, el ciberacoso sería el mal uso que se acuñaría a la Internet; puesto que estarían utilizándose conocimientos informáticos para difamar, presionar, difundir información falsa al respecto de un asunto, atacar o molestar.

Desde It-Magazine queremos tratar este inconveniente tan destructivo desde la psicología, manteniendo la Educomunicación como arma, ¡y el buen humor! Al fin y al cabo, el ciberacoso ha traído consigo un nuevo tipo de usuario en Internet: los troles, y no hay nada más dañino para ellos que la indiferencia y el pensamiento positivo. Antes de comenzar con este artículo, queremos hacer una pequeña mención de agradecimiento a una de las muchas mujeres valientes que colaboran con Justicia Poética, por haber prestado parte de la información que va a tratarse aquí.


Cómo identificar a un trol: seres vacíos y carentes de valor

En su momento, un trol era quien se dedicaba a gastar pequeñas bromas en Internet, generalmente con un fin cómico para gusto de todos los participantes, incluido de la víctima, como ocurría en foros como AltFolkloreUrban: “siendo una broma privada relativamente suave sobre los usuarios novatos, consistía en hacer preguntas o mencionar temas de conversación tan trillados que sólo uno de ellos respondería seriamente. Otros extendieron el término para incluir la práctica de representar el papel de un usuario seriamente desinformado o ingenuo, incluso en grupos donde no se era un participante habitual, pero estos intentos fueron a menudo más broma que provocación. En tales contextos, el sustantivo ‘trol’ solía referirse al acto más que al autor”.

Dos tipos de troles
La Educomunicación puede ayudarnos a detectar los numerosos tipos de troles que hay por Internet

 No obstante, actualmente los tintes que han tomado esta clase de usuarios tampoco divierten en grupo. Ese objetivo inicial que ayudaba a desconectar y a tomarse el día a día con un poco de alegría ha quedado eclipsado por las segundas intenciones que también podían arrastrar su presencia: “alterar la conversación normal en un tema de discusión, logrando que los mismos usuarios se enfaden y se enfrenten entre sí. Según la Universidad de Indiana son una comunidad en aumento. El trol puede crear mensajes con diferente tipo de contenido como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar, con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás”.

El trol puede aparecer en cualquier sitio: videojuegos en línea, redes sociales, comentarios, foros, canales IRC, listas de correo etc. El nombre atribuido podría hacer referencia a la mitología, pues eran seres que vivían escondidos, en la oscuridad y con capacidades intelectuales muy limitadas, algo que hoy en día guarda una similitud idéntica: los troles cibernéticos dedican su ingenio a algo vacuo y simple, tienden en la mayoría de los casos a ocultar su identidad –es decir, actúan escondidos- y cuando se expone la verdad de un tema que intentan difamar –la luz- pierden su poder. También existe una técnica de pesca en Inglaterra denominada “trolling” consistente en lanzar un señuelo al agua y moverlo imitando los movimientos de un pez.

La mejor manera para identificar a un trol es fijarse en su actividad, pues según un estudio de las universidades de Stanford y Cornell veremos que: acostumbran a escribir comentarios con una frecuencia mayor a la de los demás usuarios promedios, intentan seguir el mismo discurso aunque no encaje con el tema tratado en ese momento, no acostumbran a usar un lenguaje conciliatorio o aceptar razones diferentes a la postura que defienden, y su consistencia y falta de riqueza léxica los delata.

Sin embargo, y como explica nuestra lectora con sus aportes, el término ‘trol’ es altamente subjetivo. Ciertos lectores pueden clasificar un mensaje como trol mientras que “otros verán el mismo mensaje como una contribución legítima a la discusión, aunque sea controvertida. El término se usa frecuentemente para desacreditar una posición contraria o a su proponente mediante el argumento ad hominem”.


La mente de un trol: la Educomunicación nos enseña a ver su toxicidad e inferioridad interiorizada

Un trol no tiene intenciones de razonar; no desea llegar a un acuerdo con los demás, ni siente culpa por las consecuencias de sus ataques. La razón de su existencia es simple y sencillamente la de entorpecer la comunicación ajena. Por otro lado, y aquí entraríamos en el ciberacoso, “si bien en ciertos ámbitos su accionar puede resultar sencillamente molesto y, en el mejor de los casos, ‘gracioso’, en otros puede provocar profundas heridas a nivel psicológico a causa de sus comentarios, generalmente carentes de tacto” puesto que el trol de Internet parece “sentir un especial placer al ofender al resto de los usuarios y al iniciar discusiones absurdas, sin razón aparente”.

Toxicidad en la Red: la Educomunicación como arma
Toxicidad en la Red: la Educomunicación como arma

¿Cómo es posible que el anonimato en internet haga sentirse a alguien impune y respaldado?

Aquellas personas que irradian negatividad y nos empuja al desgaste psicológico son conocidas como tóxicas, término que desglosamos en este mismo espacio hace unas semanas. Los troles podrían encasillarse perfectamente como tales: sus comentarios denotan un alto grado de egocentrismo, evaden su responsabilidad o las consecuencias de sus comentarios, critican sin ningún fin enriquecedor ni respetuoso, se mantienen en la ignorancia (pues su vanidad no les permite aprender del resto) y carecen de autocrítica. A consecuencia de esto, sus días están sumidos en una profunda infelicidad la cual les impide centrarse en proyectos constructivos, ya que no resulta muy sano limitar la existencia a intentar mermar a los demás. Esto estaría confirmado por la Ciencia: una investigación de Canadá encontró que los troles son sádicos: «Los sádicos solo quieren divertirse», concluyen los investigadores, «e Internet es su patio de recreo».

En ocasiones, sus venenosas intervenciones rozan la línea de la legalidad y sus injurias y ataques son llevados a los tribunales; pues nada justificaría dañar deliberadamente a otro usuario, bien sea dedicando amenazas de muerte, publicando datos personales de terceros, acusando al prójimo de delitos inexistentes (como “estafador”, “maltratador”, “pederasta”, “ladrón” etc), o manipulando psicológicamente con multicuentas, entre otras cosas. Incluso son un arma contra el periodismo objetivo, pues en ocasiones son el origen de las ‘FakeNews’: “Un partido político, por ejemplo, puede crear cientos de troles para publicar falsas denuncias sobre otra agrupación, intentando que el mensaje falaz se multiplique en Internet para desprestigiar al grupo opositor”.

Ya lo dice el refrán: “cuando una persona tóxica no pueda controlarte, buscará controlar la forma en la que te ven los otros”. La Educomunicación puede ayudar a que esto no suceda.


Cómo combatir a un trol: dos remedios infalibles

Como primera medida y desde la salud mental, teniendo en cuenta que el trol encuentra como fuente de energía las emociones negativas que suscitan en el resto de usuarios, la indiferencia es el arma definitiva para convertirlos en internautas inofensivos. Ya en los antiguos lares de la Red, el lema “No alimentar al trol” se ha convertido en parte de la cultura cibernética, pues no será la primera vez que en las normas de foros y otras plataformas se encuentra la frase “don’t feed the troll”, ya que es el mejor remedio debido a la gran variedad de troles que se encuentra en el vasto terreno de la Red de redes.

Tal y como explica el aporte de nuestra lectora “enviar esta señal públicamente en respuesta al comportamiento de un trol para desanimar más respuestas, puede disuadir al trol. Sin embargo, también puede tener el efecto contrario, pasando a ser él mismo comida para el trol. Por tanto, cuando un participante en un foro ve una respuesta aparentemente inocente a un trol como potencial comida para éste, puede ser más prudente enviar el aviso de ‘Prohibido dar de comer al trol’ en un mensaje privado (por ejemplo, por correo electrónico)”. No obstante, y como se ha explicado líneas atrás, la apatía ante sus palabras evitará un ambiente negativo.

Trol que intenta compartir emociones negativas
Trol que intenta compartir emociones negativas

Otro de los efectos de un trol es que trae el miedo a Internet, ya que “poco a poco, más usuarios que solían disfrutar de sus interacciones en la Red se vuelven más cautos a la hora de iniciar un intercambio, por miedo a caer en las garras de uno de estos molestos seres; del mismo modo, una simple respuesta discrepante puede despertar una actitud violenta si parece provenir de un trol”. Desde la Educomunicación no sólo queremos insistir en que Internet puede permitir el estudio de destrezas de un modo autodidáctico, sino que ayuda a contactar con gente que pueda multiplicar nuestro desarrollo personal. Que haya usuarios tóxicos que busquen, desde su infelicidad, eliminar un ambiente de aprendizaje o positividad no debería ser motivo para cortar el chorro de información que puede hacer que otras personas estudien, investiguen o descubran algo provechoso.

Y sobre todo, no debería nublar ningún proyecto y más si es en pro del beneficio de la Sociedad.

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