¿TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS?

Vivimos en una época confusa, donde nada es lo que parece y parece que no tenemos nada. Nuestra mente está llena de temores, algunos fundados y la inmensa mayoría infundados. Somos gobernados por personas de dudosa capacidad de liderazgo y nula capacidad moral y empática. Nos dejamos llevar por la corriente que imprimen estos a los que llamamos líderes, pero que en realidad son dictadores. Ante esta situación cabe hacerse una pregunta: ¿tenemos lo que nos merecemos? Pensamos que somos víctimas de lo acontecido durante este año que acaba y que un virus letal ha sido el culpable de todos nuestros males y de todos los males que la humanidad ha vivido a lo largo de estos extraños meses.


Nos creemos víctimas de lo que ocurre

Como víctimas que somos (o que creemos ser) no tenemos ninguna responsabilidad sobre ello y, en consecuencia, esperamos que un tercero, llámese gobierno, llámese Dios, llámese extraterrestre, llámese como se quiera, nos dé las soluciones. Y si no vemos el resultado que consideramos apropiado para nosotros como individuos, despotricamos contra ese “salvador” (eso sí, desde la comodidad de nuestro sofá, mientras vemos alguna serie de Netflix). Me temo que somos más responsables de lo que ocurre de lo que creemos, querido lector.

La sociedad es muy parecida a una máquina compuesta por muchas piezas diferentes, cada una de las cuales tiene funciones específicas. Unas piezas pueden ser más grandes, otras más pequeñas, pero todas ellas son necesarias para el correcto funcionamiento de esta máquina.

Si queremos que, por ejemplo, el motor de un coche funcione correctamente, no podemos dejar un tornillo mal apretado porque ese acto puede provocar que se suelte debido a la vibración del motor en marcha. Eso a su vez, puede hacer que una pieza clave se desencaje y desemboque en una avería grave y, por consiguiente, se pueda producir un accidente de consecuencias tal vez fatales. Ese tornillo, como ves, tiene una gran importancia, aunque en un principio no lo parezca. Tú eres ese tornillo. En consecuencia, tienes la responsabilidad de permanecer bien ajustado para que la maquinaria social a la que perteneces funcione como debe.


¿Somos responsables?

¡Yo no tengo la culpa de que haya aparecido un virus que está poniendo patas arriba el planeta!, podrías pensar. Claro que no tienes la culpa de eso, nadie la tiene. Sin embargo sí que tienes responsabilidad sobre tus actos pasados que han ayudado a crear la situación actual.

Has permitido que las personas que están dirigiendo de manera tan brutal esta crisis sean las que son y no otras al ir a votar al candidato X sin reflexionar ni analizar sus propuestas, tal vez porque es más guapo que el Y, o porque es tradición familiar, o porque te lo ha recomendado tu amigo, padre, novio, etc. También has consentido que te timen en lo que tú crees que son pequeñas cosas con la excusa de que “total, para cuatro perras no me merece la pena denunciar”.


Has tolerado lo intolerable

Tampoco olvides que has tolerado que tu jefe abuse de ti y de tu tiempo porque tienes miedo de que si te echan de ese trabajo que tanto detestas y que tan poco dinero te reporta al mes, nunca vas a salir adelante por tus propios medios. Y ni que decir tiene que has dejado que tus valores éticos y morales se vayan por el sumidero gracias a todas las horas que te tiras viendo programas basura por la tele. Todas esas minucias que has consentido durante años se han ido acumulando y ahora se han convertido en un monstruo global que ha adoptado la forma de un coronavirus que lo engulle todo y que parece muy difícil de parar (nótese que solo lo parece).

Hay un dicho muy sabio que reza: “recogemos lo que sembramos”. Hemos sembrado muchas semillas de odio, pereza, estupidez, dejadez, apatía y exceso de confianza en las Instituciones del Estado. Las hemos regado con mentiras y ahora estamos recogiendo el fruto del miedo, de la sumisión más absoluta y de la pérdida de los derechos y libertades más básicos como seres humanos que somos. Entonces ante la pregunta ¿tenemos lo que nos merecemos?, después de todo lo expuesto, puedes pensar que la respuesta es sí. Te equivocas.

Todos nosotros albergamos la semilla de amor dentro de nuestro interior. Para descubrirla no hay más que agarrar la pala de la confianza en uno mismo y escarbar hacia adentro de nosotros con paciencia y tesón. Una vez encontrada esa hermosa semilla de luz, solo hemos de plantarla en la tierra fértil de la alegría, de la sonrisa y de la concordia y regarla con la empatía y la solidaridad. Así conseguiremos tener lo que realmente merecemos.


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