SUFRIMIENTO Y ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

El maltrato a la infancia, en cualquiera de sus formas, es el acto más miserable y ruin. Te afecta y desajusta el resto de la vida y, concretamente, el abuso sexual en la infancia es el más indecente de los maltratos, es perverso y humillante. Deja una huella traumática que afecta de forma profunda en la personalidad, la psique y la conducta de quien lo sufre. 

La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices.

Albert Einstein

Si hay un desgarro terriblemente devastador para cualquier niña y niño es que un adulto que se supone debe protegerles, guiarles y cuidarles, les dañe. Una conducta miserable y execrable es utilizar la posición de poder para aprovecharse de la inocencia infantil. Si hay una actitud indeseable y vergonzosa, es utilizar a la infancia para satisfacer deseos sexuales desde la compulsión más miserable. Si hay una desviación psíquica grave, es la de aquél que abusa sexualmente de cualquier niño o niña y además, se jacta de ello, disfrazándolo de conducta plausible y con connotación afectiva. 

Abuso sexual: un dolor que desgarra el alma

«¿Recuerdas cuando me decías que no se lo dijera a nadie, qué era nuestro secreto? ¿Recuerdas cuando te decía que no me gustaba y que lo dejaras y tú me decías que me aguantara y que me callara? No sé si te acuerdas, pero yo sí recuerdo mi miedo, mi desasosiego… Cuando se abría la puerta y tú te acercabas. Recuerdo tu hediondo olor, tu tacto asqueroso y tu respiración.   Recuerdo el pavor, el asco, el rechazo, la sensación de sentir angustia y saber que tenía que soportar noche tras noche esa sensación».

«Querer morirme y no comprender por qué me asqueaba sentirte a mi lado. Aguantar ese trato ingrato que durante el día solías tener y solo esperaba que todo acabara pero nunca ocurría. No me dormía temiendo y sufriendo que volviera a ocurrir. Solo pensaba en poder deshacerme de este gran dolor». 

«Esa vergüenza que me atormentaba, ese sentimiento de llorar por dentro, de sentir que esto no iba a parar… Sentir que mi alteración y mi tensión nerviosa me estaban matando. Y ese miedo interno a no ser capaz de hablarlo con nadie porque me sentía tremendamente culpable». 

«Ese es tu legado: desesperación, impotencia, miedo y angustia por dentro, inseguridad y desaliento vital. Ser incapaz de mirar de frente, perder mi niñez y ser esclava de un dolor agudo que destroza el cuerpo y desgarra el alma. No quiero vivir. Vivo desahuciada, perdida, alterada. Vivo o sobrevivo porque nunca aprendí a salir del intenso daño que infligiste en mi». 

«Tus grandes sentencias de hombre ejemplar, exigir obediencia y presumir de lo que es correcto, de lo que está bien y de lo que es incorrecto o no se debe hacer. Castigos forzados si no obedecía y también desprecios y nada de amor. No sé lo que es eso, nadie me lo dio. Vivo sintiendo que no tengo lugar en el mundo y que no tengo valor». 

«Cuando venías me decías que me querías, que yo era tu niña y me apretujabas, me tocabas, me babeabas y me desgarrabas… Yo solo lloraba, me quedaba muda, bloqueada, amedrentada. Ese era tu amor, canalla y dañino. ¿Te lo creías? ¿De verdad pensabas que abusar de mi para tu placer me hacía algún bien? «

Una sociedad enferma y perdida

Si a día de hoy seguimos luchando contra el abuso sexual, contra esta barbaridad, es porque la sociedad, lejos de evolucionar, está favoreciendo que esto se perpetúe y demuestra que está gravemente enferma.

Tristemente, todos sabemos que cualquier situación en la que un hombre adulto vea amenazada su integridad o su posición de autoridad, se considera mucho más bochornoso y degradante que el daño que cause a un niño o una niña. Se es condescendiente con la actitud depravada del posible abusador y se desprecia, desacredita y se cuestiona a la víctima inocente. 

La infancia es sagrada, es el momento evolutivo más importante donde solo caben respeto y amor. Si no lo entendemos y seguimos viendo mejor promover la educación, obediencia, control y miedo, en lugar de proteger a la infancia, guiarla y fomentar la libertad, estamos perdidos como sociedad. 

Si dejamos que los adultos tengan más derechos que los niños, todos somos cómplices de este crimen atroz. Pero lo más terrible de no darnos cuenta, es que vamos perdiendo la esencia, la dulce inocencia, la suave canción de una infancia llena de bellos matices, de amor natural que sí nos haría ser grandes personas. El mundo sería otra realidad, más limpia y excelsa, más justa y más buena, llena de mujeres y hombres de paz. Habría grandeza y Amor de verdad. Qué pena más grande no darnos ni cuenta y seguir dañando el futuro de la Humanidad. 

La vida es la infancia de nuestra inmortalidad.

Johann Wolfgang von Goethe

Confío en que el mundo deje de ser ciego, de mirar su ego y su vanidad. Deseo que sus habitantes puedan llegar a sentir que un día fueron niñas o niños y cuiden su esencia. Pido que con ojos libres y compasivos, miren a nuestra infancia actual y les den confianza, protección y Amor de verdad. No dejen a nadie que maltrate, que haga daño, que abuse de los niños y defiendan a los menores con ferocidad. Entonces, sin duda, seremos una sociedad llena de justicia y prosperidad. ¡NO AL ABUSO SEXUAL!


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1 Comment

  1. says: Marcela

    Que bien escrito, que fuerte este tema, yo misma lo viví, lo sigo viviendo cada noche una y otra vez. Es como lo cuentas, te marca, te roba la infancia, te desajusta la vida. Gracias por hacer visible el tema. un abrazo.

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