SOY ÚNICO POR COMPARACIÓN

Soy único, sí, lo soy. Tal vez suene pedante, egocéntrico y un tanto chulesco por mi parte, pero es la verdad. Gracias a las casi cinco décadas que llevo deambulando por esta existencia tan extraña y maravillosa, he podido darme cuenta de este hecho y ha sido por comparación. A pesar de todo y aunque no lo queramos, el ser humano es un ente que no puede evitar compararse con sus semejantes. Esto es algo inherente a nuestra esencia. Tal vez, porque en el fondo, sabemos que Todos somos Uno y por ello tenemos la necesidad de realimentar continuamente nuestro yo con los yoes de los demás.

El que escribe estas líneas, como todo hijo de vecino, también ha adoptado y adopta esta actitud, inconsciente en muchos casos (y muy consciente en otros). Por ello, a pesar de que a lo largo del tiempo he procurado mantener mis principios inalterables en su esencia. He podido comprobar que, la mayoría de mis hermanos humanos no lo han hecho así. Los principios de muchos de ellos se han convertido en finales y en nuevos principios en demasiadas ocasione. Es decir, han optado por variar sus convicciones más profundas y esenciales en función de la influencia externa y se han dejado llevar como una pequeña canoa que, en alta mar, queda a merced de un temporal.


Soy único…como todos

Es por ello que, por comparación, he llegado a la conclusión de que soy único. Con esto no quiero decir que mi canoa sea mejor ni peor que la tuya, es exactamente la misma. La única diferencia es que suelo revisar mi ancla y mi mástil con regularidad para mantenerlos en perfecto estado. Por consiguiente, en el momento que diviso un temporal en lontananza, echo el ancla rápidamente y me agarro con fuerza al mástil. De esta manera tengo más posibilidades de capearlo y mantenerme a flote para seguir navegando por la vida hasta encallar en la playa final.

Ten en cuenta querido lector que, aunque nuestras canoas sean iguales, lo que nos hace únicos es la forma de navegar con ellas. Y eso es una decisión única, personal e incomparable. Si quieres que tu canoa no zozobre ante las tempestades de la vida y puedas disfrutar de los mares en calma, que sin duda llegarán (siempre llegan), revisa la estructura de tu navío (tu esencia) y mantén tu ancla y mástil (tu aquí y ahora) en condiciones óptimas. Así serás consciente de que eres único, como todos.


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