SOLIDARIDAD ANTE EL ABANDONO DE UN PERRO

El grupo musical español, Revolver, tiene una canción que durante mucho tiempo ha estado sonando en mi coche cuando he ido de viaje. Después la dejé aparcada en el fondo del cajón y hace unos días me ha vuelto a la memoria. La canción se llama “Odio”. Y me siento tan identificada con ella que no me queda otra que aplaudir a su autor. Me he acordado de la canción porque tiene una frase, entre las muchas que cuenta las cosas que no soporta y que odia, que dice: “No soporto a la gentuza que tiene perro en invierno y en verano va a la calle porque sobra”. Yo tampoco soporto a ese tipo de gente. Pero no hace falta que sea verano para que alguien sin corazón deje abandonado a un animal.

El otro día en uno de mis paseos matinales, con un frío helador, eran las siete y media de la mañana, iba yo por el parque cuando una chica me llamó y me pidió que le echara una mano. Acababa de encontrar entre los matorrales, al lado del camino de acceso al parque una caja con un perro envuelto en una manta fría y sucia, tiritando de frío. Había llamado a la policía y llegarían en una media hora, según como estuviera el tráfico, a recogerlo. Me pidió que me quedara con ella hasta que llegaran. Mientras esperábamos, sacamos al perro de la caja, lo envolvimos en una manta seca y vimos que sus ojos estaban con una nube blanca. Las patas estaban llenas de heridas y las uñas las tenía tan largas que se le clavaban en las almohadillas, no podía andar.

El animal agradeció el calor y el cariño que le dimos apoyándose en nosotras y quedándose quieto. Empezaron a llegar los habituales del parque con sus perros y se fueron acercando para saber qué pasaba. Según iban conociendo lo sucedido, se creó un vínculo solidario. Una chica fue a su casa y trajo una lata de comida para perros. Otra fue a por agua y el perro comió, bebió y entró en calor. Por supuesto, los comentarios eran los que nos podemos imaginar: ¿Quién era capaz de abandonar a un animal indefenso, en la fría noche en un parque?

No había justificación para semejante acción. Si no puedes tener un perro, no lo tengas. Y si por cualquier circunstancia, después de tenerlo no puedes mantenerlo, llévalo a una protectora. Difunde una foto, habla con centros veterinarios. O cualquier cosa menos abandonarlo.  Nadie se fue. Allí se quedaron todos junto al perro hasta que llegó la policía y el veterinario del Ayuntamiento para recogerlo. 

Cuando llegaron los servicios de Recogida de Animales, la veterinaria, una mujer encantadora nos pidió que le mostrásemos dónde estaba el animal. En la caja estaba la manta sucia y una bolsa de basura cerrada. Ella cogió la bolsa, la abrió y encontró unos papeles con un nombre, se los llevó a la policía municipal que estaba con ellos mientras metía al perro en la furgoneta. Nos miró a todos los que allí estábamos y nos tranquilizó diciendo que no iban a sacrificarle, que estaría atendido por el veterinario del Centro de Protección Animal y que si podíamos difundiéramos la foto para encontrarle una familia que le adoptase.

Cada vez entiendo menos al ser humano. La capacidad de destrucción que tiene es directamente proporcional al aumento de su propia destrucción. Por eso, cuando vi la unión que se creó ante el abandono de un animal indefenso volví a creer un poquito en ese ser humano que todavía tiene esperanza y lucha contra las injusticias que cometen otros de su misma especie. En fin, ya lo decía el poeta del romanticismo británico, Lord Byron (1788-1824) “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.


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