EL SÍNDROME DE LA VIDA OCUPADA PERJUDICA A TU MENTE

El síndrome de la vida ocupada es una expresión que deja claro el nivel acelerado de vida que lleva una persona, así como también la carga de autoexigencia en la realización de las tareas. Es una ocupación permanente que puede tener graves consecuencias para la salud si no se detecta a tiempo y si tampoco se le pone freno en el momento justo. ¿Cuántas veces has dicho o has escuchado la frase «no me da la vida»? Seguramente, muchas.

La sociedad vive en un no parar constante de hacer cosas. El problema es que al final las personas se acostumbran a vivir de esa manera tan acelerada, absorbiendo por todos los sentidos todo tipo de estímulos. Es tan habitual estar rodeados de ruido que hasta resulta estar cómodo con él y cuando algo se queda quieto o en silencio, desespera, genera ansiedad porque no sabes por dónde te tienes que mover. Es como pensar «¿qué hago sin hacer nada?».

El síndrome de la vida ocupada guarda una relación muy estrecha con el síndrome burnout, pero no significan lo mismo. Si bien este último se asocia a una persona que está quemada por tener mucho trabajo, no siempre es así ya que el trabajador puede estar quemado por no saber desempeñar bien sus funciones o por no tener tareas que realizar. Y el síndrome de la vida ocupada es justo lo contrario: tener siempre algo que hacer.

Hay que partir de la base de que aunque se llame «síndrome», no es ninguna patología que haya que tratar sino que responde a unos patrones de comportamiento y formas de tomarse la vida que tienen muchas personas y a los que por supuesto se les puede poner remedio.


¿Qué hay detrás del síndrome de la vida ocupada?

Poco a poco vas metiendo eventos personales y profesionales en tu agenda casi a presión. Te motiva ver la agenda llena porque suena a productividad. Algo que en realidad no tiene por qué ser negativo, excepto si no se gestiona adecuadamente. Está bien tener cosas que hacer pero si te sobrecargas de obligaciones dándole a todas la misma importancia y haciéndolas todas a la vez, aparece el estrés y la ansiedad. Eso sí que es un problema. O más bien la base de lo que será una cadena de problemas.

Las personas que viven con el síndrome de la vida ocupada no se dan cuenta de lo que les pasa. Y de repente un día sin razón aparente, se encuentran muy cansados, les duele la cabeza que solucionan tomándose un analgésico y a seguir con la actividad, aunque sea a la fuerza porque tienen que completar la inmensa lista de tareas que se han propuesto hacer en el día. Pero el cansancio va a más y les hace ir más lento. Entonces aparece la frustración, el cabreo, el «tengo que» y la culpa por no haber cumplido con las altísimas expectativas creadas en vez de reconocer que era demasiado. ¡Cuidado porque puede pasarte factura!

Tener el cerebro ocupado todo el tiempo puede suponer un peligro para tu salud porque es un músculo y como tal, se agota. Pierdes la capacidad de concentración, de memoria y de atención porque está siendo sometido a más trabajo del que puede hacer. Vamos a llevarlo al terreno físico: ¿qué pasaría si hicieras una caminata de 30 kilómetros por la mañana y otra de 30 kilómetros por la tarde? Pues que sería demasiado para tu cuerpo y terminarías agotado. ¿Y si lo haces todos los días añadiéndole un par de kilómetros cada día? Pues probablemente te lesionarías.

Cuando sometes al cerebro a un trabajo extra a diario, se cansa, se fatiga y se lesiona. La mente de muchas personas está lesionada porque está sometida a un nivel de actividad tensa y con prisas para que les dé tiempo a hacer todas las cosas. Pero llega un momento en que dice «basta».

Y lo hace mandando señales como por ejemplo: agotamiento, ganas de dormir, falta de paciencia y de vitalidad, ganas de llorar o pérdida de la ilusión. Cuando te pasen estas cosas, párate y observa el tipo de vida que llevas porque esto es un reflejo de lo que te pasa por dentro. Y la salud es un todo, no va por partes, por lo tanto hay que cuidarla tanto por dentro como por fuera. Si le prestas atención a tiempo, puedes evitar caer en trastornos de ansiedad y depresión.


¿Cómo puedes solucionar el síndrome de la vida ocupada?

El síndrome de la vida ocupada es un problema que tiene solución. Veamos qué alternativas puedes emplear.

  • Establece horarios de desconexión laboral. La desconexión tiene que ser al 100%. Desactiva todas las notificaciones del móvil y si puedes, déjalo en un sitio lejos de ti. Así evitarás la tentación de responder mensajes o hacer alguna cosa fuera del horario establecido para el descanso.
  • Agenda los descansos. Cuando planifiques tu agenda incluye los descansos como parte de las cosas que tienes que hacer. Tiene que ser tan innegociable como lavarte los dientes o comer.
  • Cuida la alimentación. No se trata solo de tomar nutrientes y alimentos frescos, sino de masticarlos bien, saborearlos y disfrutar de tu tiempo de comida. Lo único que tienes que hacer es comer, así que el móvil fuera de la mesa y olvídate de comer delante del ordenador. Una cosa a la vez y todo irá mejor.
  • Haz ejercicio. Para sentirte mejor, sin más. Eso quiere decir que te lo tomes como un premio que te mereces, no como una obligación más que al final te cause más estrés. Es un tiempo de disfrute contigo mismo que hará que tengas menos ansiedad. Hacer ejercicio puede ser dar un paseo por la naturaleza, respirarla y sentirla con el que se bajan los niveles de ansiedad de forma natural. Y por supuesto alejarte de la «enfermedad de la prisa».

Poner en práctica las soluciones anteriores es una cuestión de hábito. Al principio te costará pero dar un paso hacia adelante siempre es mejor que nada. Además te vendrá bien darte cuenta de que tú controlas tu vida y tú decides hasta dónde quieres llegar, qué es lo bueno que quieres para ti e introducirlo en tu vida. Hay que aprender a poner límites y a soltar lo que no se puede controlar porque te dará precisamente eso, control sobre tu vida. Lo otro es sometimiento y sumisión. Así que aprovecha que comienza a hacer buen tiempo y los días son más largos para tener la vida ocupada contigo y no con las demás cosas. Vive ocupado pero no preocupado porque el síndrome de la vida ocupada no te hace más productivo, sino que a la larga supone una amenaza contra tu bienestar emocional.


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