Síndrome de Frégoli: te persiguen y no hay escapatoria

Hace unos días, hablábamos en It-Magazine del síndrome de Capgras, el desorden mental que hace sentir a quien lo padece que uno de sus seres queridos es un mero impostor. Esta enfermedad mental está estrechamente relacionada con el síndrome de Frégoli, en el cual el sujeto tiene la creencia de que diferentes personas son una sola que cambia de apariencia o que está disfrazada. De hecho, el nombre de esta enfermedad es un tributo al actor Leopoldo Frégoli, quien tenía una notable habilidad para cambiar su apariencia facial.

El padecimiento de tal delirio se ha documentado en personas con lesiones en el lóbulo frontal, concretamente en la región temporoparietal y en el giro fusiforme, implicado en el reconocimiento visual, que contiene un área específica para las caras; la corteza fusiforme ventral.

Aunque se considera a rasgos generales como un delirio “de falsa identificación”, los tratamientos psiquiátricos usan medicación antipsicótica y antidepresiva. Durante un tiempo se utilizaron los antidepresivos tricíclicos, aunque tras observar sus numerosos efectos secundarios negativos, prácticamente se han dejado de lado. Además de estos, también puede prescribirse medicación anticonvulsiva.

Por otro lado, pueden tener gran dificultad para recordar información visual, controlar y supervisar su propia conducta, diferenciarse a ellos mismos de los demás, o pensar en varios conceptos a la vez. A su vez, el síndrome de Frégoli conlleva la incapacidad de controlarse adecuadamente a uno mismo, así como la falta de conciencia propia. Imposibilidad de llevar un pensamiento abstracto, falta de memoria visual y delirios y episodios alucinatorios entre otras cosas.


El Frégoli puede aparecer en cualquier momento y época

Uno de los casos más llamativos en la comunidad psiquiátrica –datado del siglo pasado- es el de “Betty”, una señora de Reino Unido que, a sus 64 años sufrió un derrame cerebral, causándole daños permanentes.

El síndrome de Frégoli no consiste sólo en tener sensación de persecución
El síndrome de Frégoli no consiste sólo en tener sensación de persecución

Tras ese espantoso suceso, Betty empezó a pensar que su primo y su novia la seguían de cerca. Estaba totalmente convencida de que ambos se disfrazaban usando pelucas, barbas postizas, gafas oscuras y que tenían la asombrosa habilidad de cambiar de edad y sexo, así como de rasgos faciales. Así fue como su familia podía ser un perro y su anciano dueño o dos niñas de guardería, entre otras cosas.

“Ellos tienen que seguirme para mantenerme controlada. Siguen cambiando su ropa y peinados, pero sé que son ellos” dijo a los médicos. La afectada no podía conciliar el sueño ni dejar de fijarse en qué caminos podrían ser los más escurridizos para sus vigilantes. También estudiaba las matrículas de los coches que le parecían sospechosos. Aunque su comportamiento parecía inofensivo, el límite se rompió cuando Betty empezó a enfrentarse a los conductores, llena de rabia por despecho, pues se averiguó que había tenido una aventura con su primo años atrás.

El caso más reciente de Frégoli que pueda hacerse público, es el de un chico de 21 años llamado Simón, quien se había enamorado perdidamente de una chica que no le pudo corresponder. A partir de entonces, el joven se convenció de que todos sus amigos de Facebook eran en realidad la misma chica, que utilizaba una crema facial para disfrazarse.

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