SERVICIOS SOCIALES Y SU APOROFOBIA

Servicios Sociales, qué crueldad la vuestra. La Aporofobia es un mal de desprecio a los demás, a los que se consideran pobres, inferiores o peores. Así, los Servicios Sociales llevan tiempo utilizando esta impropia actitud. Triste realidad la nuestra, que quien tiene que ayudar esté menospreciando al que solicita ayuda.

Sentir rechazo y desprecio por los que se consideran inferiores es una actitud cruel. Y despreciar a las personas viéndolas como pobres desgraciados que vienen con sus harapos emocionales a pedir un favor, respalda esta actitud. Esto es lo que desde hace tiempo puede explicar el trato que los técnicos de Servicios Sociales están teniendo con los más necesitados o vulnerables.

La importancia de la humanidad

Las personas tenemos cierta tendencia a sentir rechazo hacia quienes tienen formas de actuar muy distintas a lo que consideramos aceptable o adecuado. Sin embargo, una de las características que debería tener cualquier profesional, que esté en contacto con personas en situaciones de vulnerabilidad y de necesidad, es la actitud humanitaria. Utilizar, por tanto, la empatía y la comprensión. Ser capaz de ver las necesidades emocionales, personales y priorizar ayudar sin juzgar. En definitiva, favorecer su bienestar y cuidado.

Quienes conocemos algunos aspectos de cómo están actuando algunos técnicos de los Servicios Sociales, en temas de infancia, nos sorprende ingratamente que detrás de sus decisiones, prime un sesgo perceptivo negativo, el cual, determina esas decisiones.

Pensamientos inconscientes integrados de desprecio: “Eres pobre, hablas mal, eres discapacitada, eres vulgar, eres diferente, eres vulnerable, das vergüenza, no tienes modales, eres débil y sumisa, maltratada. Fuiste tutelada, maleducada, me das asco, tienes tatuajes, te desprecio, eres lo peor, definitivamente, eres inferior” son escuchados y utilizados con frecuencia.

Sería conveniente reflexionar sobre ello y ver qué está pasando para que la visión subjetiva y negativa prime por encima de decisiones sanas y sensatas para cualquier persona que necesite ayuda. Porque esa actitud de rechazo, que hace que se justifiquen decisiones, es la forma de mostrar la pobreza interior de quienes las toman.

Servicios Sociales: técnicos utilizados y manipulados

Algunos Técnicos “cualificados” de los Servicios Sociales no se están dando cuenta que están pervirtiendo su actuación. Han cambiado criterios, principios esenciales, la honradez, por sentirse superiores. Y lo que cada vez es peor, es que están extendiendo los dominios a otros sistemas de ayuda: sanitarios y judiciales. Entre todos, están destrozando vidas.

No existe una forma libre de actuar cuando se trata de un grupo. Existen consignas, doctrinas y formas que se van trasladando a las personas que lo integran sin que éstas sean conscientes. Así ha ido ocurriendo en la estructura de trabajo de los Servicios Sociales. Se han ido cambiando las actitudes y las decisiones en temas de atención social con las familias y con la infancia.

Y lo que se detecta, es que como siempre que se utiliza a un grupo, se manipula a sus miembros. Y los técnicos de los Servicios Sociales están siendo manipulados, les están utilizando y no se dan cuenta de ello. Qué triste que, sin darse cuenta, estén quedando como vasallos a intereses del poder. Los principios esenciales que pueden darles valor se han quedado diluidos en una forma mezquina de abusar y maltratar. 

Las posiciones de poder generan una falsa seguridad. Favorecen que se tenga una actitud de autoridad frente al indefenso. Y desde hace tiempo, a los técnicos se les ha ido dando esa potestad. Ese poder se nutre, en muchas ocasiones, humillando, rechazando, despreciando y dañando a los demás. Y lo más tremendo de todo, es que están ciegos al hacerlo y están convencidos de que sus acciones son correctas, de que tienen mil razones para actuar así.

El abandono y maltrato a la infancia por el sistema de protección

Y eso les hace sentirse diferentes, y lo que más les refuerza internamente, es sentirse superiores.  Y no se están dando cuenta de que están siendo utilizados y sometidos. Son obedientes a un poder para acechar al vulnerable.

Y al ser esta situación algo que se va instalando de forma progresiva, provoca cambios inconscientes. Por esta razón, los técnicos no lo notan, pero se adaptan a las formas que se van instaurando, sin revelarse, incluso justificándolas. A unos les gustará sentir esa posición, otros se adaptarán y otros ni se percatarán.

Y cuanto más se someten las personas ante ellos, cuanto más les imploran, más tienden a abusar de su posición para conseguir el fin que tienen establecido. Y les presionan, coaccionan, les engañan, porque no hay forma honesta que pueda hacer compatible el daño que les hacen con una explicación sensata.

Firman informes sin contrastar, sin argumentos de peso y no se plantean que están destrozando cualquier vida familiar. Y dejan sin amparar a niños, sin preocuparse ni saber qué será de ellos después. Al final, lo mas triste de todo, es que son los niños las víctimas de esta barbarie y terminan cayendo en las redes de un sistema de protección que les sentencia la vida y les deja en absoluto abandono y desamparo.

El muro de la indiferencia

Definitivamente, se puede asegurar que muchos técnicos de los Servicios Sociales han asumido un papel de control, poder y abuso, porque alimentan su posición. No pueden tomar conciencia de que están destrozando a las personas a las que ven miserables y a las que estigmatizan por considerarlas inferiores y peores. Han desarrollado el grande y descarnado muro de la indiferencia hacia quienes ven con limitaciones, con debilidades o con dificultades .

En la actualidad, ya somos muchos los que nos damos cuenta de que algo está pasando. Ya hay muchos profesionales que detectamos serias irregularidades, bien diseñadas o bien blindadas. Y también que los principios humanos de ayuda, compromiso, empatía, consuelo y apoyo han desaparecido en la forma de trabajo de los técnicos de infancia. 

Y desde fuera, detectamos amoralidad, falta de humanidad y pobreza moral en la forma en que actúan. Sin piedad y sin sentido, han perdido el auténtico espíritu y la gran humanidad que es preceptivo tener en el Trabajo Social. Y pasarán a la historia, a una parte indigna y vergonzosa, que lacró a la humanidad, destrozo a miles de niños y rompió su identidad. Y así, por esa vileza, se les recordará.

Objetivo: concienciar a la sociedad

¿Qué están haciendo a la infancia? Tanta ceguera moral, no se puede tolerar. Si alguien puede apreciarlo, si queremos ayudar a cambiar este sistema, no hay que mirar para otro lado, hay que observar cómo los niños son las monedas de cambio. Este sistema global parece que quiere niños maltratados, adultos adoctrinados y destrozar la humanidad.

Si tenemos que aguantarnos y cambiar de paradigma, que seamos unos pocos los que dejemos patente que el mundo fue aniquilado por personas sometidas, que se dejaron llevar por estructuras dantescas con intereses espurios, y que engañaron al mundo.

En este caso, integraron la idea en los Servicios Sociales de que existe gente inferior. Y reforzando su ego, su miedo y su ambición, muchos de los trabajadores, fueron cómplices perversos de esta enorme decadencia que llevó a la perdición.


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