RELATO: “TODOS LOS DÍAS IGUAL”

Mi vida es monótona. Todos los días igual.

Me despierto, me coloco las pantuflas, abro la persiana, abro la ventana… el sol ciega mis ojos legañosos. Voy al baño, desahogo mi vejiga, me ducho. Desayuno rápido en la cocina. Vuelvo a la habitación y me enfundo el traje de trabajo. Todos los días igual.

Bajo al garaje, subo al coche y me dirijo a la oficina, mientras coches camuflados me flanquean. Todos los días igual.

Aparco en el parking reservado. Entro en el edificio, las sonrisas falsas y los “Buenos días Señor Director” del personal con el que me cruzo me asquean. Les respondo con más sonrisas falsas que sé que les asquean. Una tropa de pelotas me rodean en el ascensor. Me asquean. Mantengo mi sonrisa falsa. El ascensor avisa, “Piso 40”. Salgo de él y entro en la sala de reuniones. Todos los días igual.

Las miradas de mis colaboradores se clavan en mí con avidez cuando me siento en el sillón que preside la mesa. Esperan impacientes mis instrucciones. “¿Cuál será nuestro objetivo hoy? ¿Qué país arrasaremos? ¿Qué entidad bancaria quebraremos?”.

Todos los días igual.


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