REALITY SHOW COMO FORMA DE VIDA: ¿ESPERANZA DE LOS JÓVENES?

Maquillaje, ropa ajustada o sugerente, accesorios de última moda y un perfil en Instagram con un gran número de seguidores, muchas veces gracias a trucos informáticos. Sea el protagonista masculino, femenino o no binario, los reality shows están empezando a dejar huella en la audiencia joven, hasta el punto de que los concursantes se convierten en un modelo a imitar.

Detrás de las cámaras: un concursante es un trabajador

Pese a la impresión que pueda darnos, un participante de un reality de televisión está trabajando. Es más, la figura del concursante en sí está considerada como una profesión más, con sus derechos laborales y un salario pactado con la productora, el cual varía en función del tipo de programa y las expectativas que haya de cara a la audiencia (en el caso de ‘Gran Hermano’, según un reportaje publicado por ‘El País’, los concursantes anónimos ganan 500 euros por cada semana que estén dentro de la casa). No será la primera vez que se contratan a actores para que puedan reproducir hechos o situaciones reales, como ocurre en Caso Cerrado, donde algunos los denunciantes están representados por intérpretes.

El fulgor del momento puede hacer sentir un icono a quien disfruta de la fama. Ser parte de un meme, tener una frase estrella o crear tendencia con un estilo concreto es el sueño de muchos jóvenes en algún momento de sus vidas, aunque finalmente se quede en una fantasía íntima y no se convierta en prioridad. Vemos casos como los de Ylenia Padilla, quien gracias a Gandía Shore (concurso centrado en el estigma de vida ‘joven’ con un entorno fiestero y con el sexo, las discusiones y el alcohol como pilares principales) consiguió ser colaboradora de Telecinco, cantante y, más adelante, concursante de ‘Gran Hermano VIP’, lo que le aseguró una sección fija en ‘Sálvame diario’ y participar en los debates de ‘Gran Hermano’. Después de su etapa en Telecinco, inició una etapa en la radio con Daniel Mateo, para, posteriormente, colaborar con ‘Mtmad’ donde administra un canal dedicado al feminismo.

¿Y a ti? ¿Te gustaría participar en un reality show?
¿Y a ti? ¿Te gustaría participar en un reality show?

Las figuras famosas muestran al público una vida basada en lujos y materialismo, algo relacionado con el éxito y la vida fácil. La palabra ‘influencer’ ha adquirido fuerza en esta Era Digital, transformándose también en otra profesión con sus peligros, pues no siempre es fácil dar una buena imagen o, al menos, al gusto de todos: JPelirrojo, por ejemplo, fue despedido por Nestlé debido a sus tuits de celebración de la muerte del torero Víctor Barrio.

Sin embargo, a veces los participantes de estos duros concursos han de hacer dejarse llevar por sus agentes o productores en contra de su voluntad, convirtiéndose en un vacuo producto de marketing. Es el caso de Belén Esteban, quien afirmó que le habían “obligado a entrar en GH VIP”: “No lo he dicho nunca, pero a mí me dijeron sí o sí. Yo tenía muy bien organizada mi vida y me hicieron entrar en una casa” confesó en una emisión de ‘Sálvame’.

¿Cuánto vale nuestra intimidad? ¿Qué precio debería tener nuestra voluntad?


El espectáculo como meta en la vida

El mundo de YouTube también es una forma de vender una realidad que no es tal. Los creadores de contenido afirman interpretar un personaje para darle personalidad a sus publicaciones. Es el caso de UTBH o Dalas, quien se catalogó de “actor en YouTube” tiempo atrás. Así, mientras hay vídeos premeditados y guionizados, otros administradores se dejan llevar por la avalancha de peticiones populares o sufren de accidentes con consecuencias irreversibles, como el caso de ReSet (quien dio de comer galletas con pasta dentífrica a un mendigo porque sus espectadores le retaron a ello) o el de una mujer que asesinó a su marido por ejecutar una broma viral, siempre con la intención de adquirir fama y aceptación absoluta.

Pero, ¿cuántas personas confunden la realidad con la ficción? ¿Cuánta gente vive enganchada a un reality show creyendo que lo que se emite es totalmente verídico o un ejemplo de vida?

‘La isla de las tentaciones’ ha batido récord de audiencia, congregando durante más de dos horas al 30% de los espectadores. Gritar “Estefanía” a cualquier hora del día, en honor a un concursante que sufrió la humillación de que su pareja le había sido infiel durante un programa, se ha convertido en un reto público, y decir “mamá, quiero ser tronista” un ejemplo de cómo la programación televisiva hace mella en las nuevas generaciones. La competencia entre las cadenas televisivas por romper récord de audiencia ha empujado a las corporaciones mediáticas a triunfar al precio que sea, llenando la parrilla de los considerados “programas basura”, limitados a la superficialidad.

Laura Gorjón Palos y Ana Isabel Isidro de Pedro realizaron un trabajo de investigación en el cual se recogían los escalofriantes datos que demostraban cómo la influencia de los reality shows no dejaba a nadie indiferente:

“Tras analizar, agrupar, contrastar e interpretar los datos, constatamos que el consumo de televisión entre los sujetos de la muestra es masivo y cotidiano (99,4%), así como los comentarios al respecto en las redes sociales. De igual manera, un 73% de los sujetos manifiesta ser seguidor de, al menos, un reality show, una mayoría (87,3%) encuentra importantes ventajas al hecho de salir en televisión, a un 35% les gustaría ser personas relacionadas con la fama y a un sorprendente 27% les gustaría participar en un reality show”

¿A qué podría deberse este anhelo por formar parte de un programa de estas características o al intento de copiar la vida de un icono mediático?

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