¿QUEREMOS UN FUTURO ASÍ? (II)

FUTURO

En algún lugar del planeta tierra. Año 2043

El nieto miró al anciano con gesto impertérrito y dijo: «Abuelo, ¿cómo consigues respirar sin el neurotraje?». El anciano no contestó de inmediato. Sabía que su nieto nunca entendería que la atmósfera siempre había sido respirable sin necesidad de ningún tipo de traje inteligente y no quería crearle un trauma aún mayor del que ya tenía con su triste, aséptica y temerosa vida.

—Mi piel es demasiado sensible y no admite la nano tecnología de la que está compuesto el neurotraje —mintió el abuelo.

—Entonces, ¿por eso vives en esta cueva apartada de las ciudades inteligentes?

—Eso es, cariño. Las rocas que componen esta cavidad me protegen de la atmosfera tóxica del exterior, por eso no necesito el neurotraje—siguió mintiendo el anciano.

El niño se acercó al hombre hasta la mínima distancia de separación entre individuos que le permitía el neurotraje. El anciano se alegró de ello, puesto que ese gesto indicaba que el niño sentía un gran afecto por él. En muy raras ocasiones los neurotrajes permitían un acercamiento tan drástico y eso el anciano lo sabía y por eso valoraba aún más la actitud del pequeño.

Tal vez algún día el abuelo le explicaría a su nieto que no era necesario ningún traje para poder respirar y que él vivía en aquella cueva porque nunca podría volver a las ciudades inteligentes, ya que si lo hiciera sería inmediatamente fulminado. Hacía ya muchos años que no admitían individuos «desnudos» (sin neurotraje) en las ciudades inteligentes y él, fiel a su convicción, siempre se negó a que le instalaran uno. Por esa causa fue baneado del sistema y desterrado de por vida.

Tal vez algún día se lo contaría. Tal vez…

—¿Por qué me sueles llamar «cariño»? —preguntó el nieto, después de un largo periodo de silencio.

—¿No te gusta que te lo diga?

—Sí, me hace sentir bien —replicó el muchacho, con su habitual tono frío.

—¿Nadie te había dicho «cariño» hasta ahora? —preguntó el anciano, simulando sorpresa.

—No, tú eres el único que me lo dice. Cariño es sinónimo de afecto, según me indica el neurotraje. Alguna vez había oído esta palabra, pero desconocía el efecto que produce en el cuerpo al escucharla.

—En los tiempos antiguos la gente apenas la utilizaba, a pesar de que todos necesitábamos esa sensación a la que te estás refiriendo. Éramos bastante ignorantes…

—Claro, porque no existía el neurotraje.

El anciano iba a intentar explicarle que la ignorancia a la que se refería no radicaba en adquirir mayor información sino en aprender a «sentir», pero desistió. El muchacho aún no estaba preparado para asimilar algo así.

—Es posible que esa fuese la causa, sí —replicó el anciano y desvío la mirada hacia la oscuridad de la cueva apenas iluminada por una candela.


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