¿QUE SERÁ DE NUESTROS NIÑOS?

Los niños son el fruto humano de una etapa evolutiva frágil e indefensa. Dependen de un mundo adulto, de un sistema impositivo al que tienen que amoldarse. Porque en nuestra sociedad, los niños están sometidos al arbitrio natural del abuso de la gente. Y en su deambular vital pueden tener experiencias diferentes, unas buenas, otras no tan buenas u otras que les marquen para siempre.

Cada niño es único y necesita una libertad para crecer y explorar el mundo por sí mismo porque sólo de esta forma estaremos educando a los futuros hombres.

María Montessori

Cuanto más libres son, más se les enseña que tienen que doblegarse. Si queremos conseguir una sociedad mejor, los debemos cuidar, atender, respetar y proteger su libertad, porque nuestros niños son el futuro de la Humanidad. Los niños han sido y siguen siendo víctimas de un sistema global y con variantes socioculturales que, aunque no se quiera ver, sus prioridades están más centradas en utilizar la infancia que en cuidarla. 

El maltrato infantil en nuestra sociedad

Actualmente en muchas partes del mundo, los niños siguen siendo utilizados, explotados, desnutridos y buscando sobrevivir en las calles. Muchos son abusados, expuestos a redes de tráfico o abandonados a su suerte. Pero eso pocas personas lo saben o no lo quieren ver.

La prueba de la moralidad de una sociedad es lo que hace por sus menores.

Dietrich Bonhoeffer

En la sociedad donde existe más progreso, se ha establecido la idea de que los niños viven con plenas garantías y mucha más libertad. Sin embargo, el sistema sibilino de forma paulatina y engañosa, les ha ido desajustando.  Los adultos del presente somos los niños del ayer. Y los niños que han nacido han entrado en las directrices del Sistema sin que nos demos ni cuenta.

De hecho, la forma de comprobar si ha habido bienestar en la infancia del pasado, es ver el perfil psicoemocional y personal que tienen los adultos en nuestra sociedad. Cada vez hay más adultos nerviosos, dependientes, inseguros, con perfiles sometidos o inestables, alterados con alta fragilidad, estresados, marginados con conductas que maltratan o se dejan maltratar.

Esos adultos que han desarrollado altas ansias de poder, pueden ser psicópatas integrados, manipuladores, que cada vez más, se suelen encontrar en cualquier ámbito de nuestra esfera social. Cuánta mayor es la posición de poder, mayor es el índice de maldad.

Niños sin libertad en sus juegos

El sistema ha inoculado necesidades para poder alterarnos. Y se ha ido reforzando el imperio consumista. Todo es prisa, presión, competencia por tener y por ganar. Los padres están fuera de casa trabajando con un estrés demencial, los niños viven en dos casas, sin su padre o su madre o en una familia monoparental, pero nadie trata de verdad la conciliación laboral y familiar. 

Nos introducen tensiones para que nos enfrentemos. Utilizan a los medios que manejan los conflictos. Nos distraen y nos estresan. Una época donde lo material nos lo han hecho prioritario y se tiene más de lo que se necesita. Y lo familiar, vivencial y emocional lo han ido deteriorando. 

Al transmitirnos la idea de que ahora hay más peligro, ha aumentado la tendencia a proteger a los niños en exceso, por miedo a que les pase y, de una u otra forma, no les dejamos crecer. Y como no tenemos tiempo, además de infantilizarlos, les generamos tensiones, les invadimos su espacio, su ritmo de evolución y maduración. Creamos niños controlados que pasan del colegio a hacer actividades extraescolares forzosas, sin libertad natural. Han dejado de jugar libremente perdiendo la experiencia de aprendizaje del juego y la diversión que surgía en la calle, relacionándose con sus iguales. 

Nuevos cambios en salud y educación

Y con la presión social, las doctrinas imperantes, las permanentes campañas de hábitos saludables, sanitarios y educativos, se ha ido instalando en la mente colectiva que los niños han de vivir con una serie de  normas y mucha más disciplina, dejando sin atender la relación familiar.

Los padres obedecen a lo que se les dice y responden para cubrir las supuestas necesidades de sus hijos. Y además, les exigen responsabilidad para colaborar en ámbitos escolares, tienen que ayudarles a adquirir aprendizajes formales. También han de obedecer a las consignas sanitarias de lo que deben comer, cómo les deben cuidar o cómo deben dormir.

Exigencia y obediencia a las voces de la ciencia por encima de criterios personales con conciencia y experiencias afectivas naturales con mamá y con papá en la vida familiar. Así la doctrina del deber, ha imperado sobre la de disfrutar. Los niños estresados con más deberes que nunca, con más fracaso escolar y menos conocimientos. Cambios en leyes educativas que venden como mejoras y que más que ayudarles, les han ido desajustando. Los niños comen peor. Hay más oferta alimentaria que les daña el metabolismo, el cerebro y el corazón.

Las tecnologías como nuevos juegos

El Sistema incorporó a la oferta social las nuevas tecnologías, y los niños empezaron a jugar en conexión virtual. Ya no saben lo que es vivir sintiendo la realidad, compartiendo las experiencias que suponen el aprendizaje real. Sus conexiones cerebrales les llevan a ser adictos de juegos que les aíslan, les limitan y les anulan. Aumenta la celiaquía, las alergias, el TDHA, el TEA. Hay niños con ansiedad, depresión y más acoso que nunca. 

Los padres y las familias están preocupados, quieren lo mejor para sus hijos pero no se dan cuenta del peligro que establecen las corrientes de consumo, las normas establecidas y las corrientes de moda que afectan a la educación, sanidad y a todo el marco social. 

Los nuevos adolescentes sumisos, adoctrinados, dormidos con información sesgada y contaminada. Distraídos con las redes, con Tik Tok, Instagram, Twitter y sus #hashtags. Estos que están tan de moda para poderles captar y también condicionar. También los hay que viven pegados a videojuegos de moda, que les impiden crecer, tener criterio, leer o ser mejores personas. Han aumentado también las adicciones al juego en toda clase de apuestas. 

Y en este desajuste y desequilibrio infantil y juvenil ¿quién asume la responsabilidad? ¿Se podría estar hablando de maltrato del sistema a toda la sociedad? ¿Se podría establecer que este formato social ha pervertido a la infancia, ha dañado su crecimiento, maduración y limitado conciencias, haciéndoles más alienados, débiles y mucho más desajustados?

Más maltrato a raíz de la pandemia

Y ahora que tienen a todos los jóvenes condicionados, aparece una pandemia que ataca a la Sociedad, dejando muertes mayores y aumentando el miedo social y la obediencia al Sistema. Aquí todos obedecen, temerosos a ver si se les detiene o se les multa por saltarse las normas establecidas. Todos los estudiantes durante el estado de alarma y por decreto del gobierno, han perdido el año escolar.

Pero en este nuevo curso, las mismas autoridades imponen como criterio sanitario el control de los niños y la obligación de que vuelvan al colegio. Los niños saldrán dañados y contaminados, física y psicológicamente. Les van a hacer someterse a una falsa realidad con el fin de “protegerles“. En los colegios los profesores están sin saber cómo actuar, llenos de miedos, presiones y muchas obligaciones. Muchos padres también están indignados o asustados. Qué más da, en cualquier caso, están alarmados. 

Además en los colegios también se ha justificado la necesidad de la figura de un coordinador de los Servicios Sociales para tener controlados a los niños vulnerables, por si son desatendidos en sus casas por sus padres o porque no estén cumpliendo las normas que se establecen en esta nueva normalidad que nos están imponiendo. Y no se nos olvide que estarán en contacto con los centros sanitarios. PCR por aquí y PCR por allá. Y así habrá más motivos para tener controladas a las familias y al fin decidir sobre sus vidas. Y cuando salga la vacuna, adelante. Los niños tendrán su dosis para la posteridad.

Futuro con cordura y libertad

No veo nada saludable en lo que va a suceder. No me gusta el escenario. Los niños son el futuro. ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Qué será de nuestros niños? Ya os lo digo: escenarios decadentes, sociedad adormecida y sometida. Un poder que se aprovecha y destruye el equilibrio vital, cercenando toda nuestra libertad y la de nuestros niños.

Pero hay que confiar porque la evolución natural es cíclica y, cuando ya no se pueda respirar, este imperio del poder tendrá sus días contados. Los grupos de resistentes que vayan apareciendo gracias a la influencia de los que no soportamos lo que está pasando ahora, en nuevas generaciones, serán los que cambien el rumbo hacia un nuevo mundo.


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