¿QUÉ LLEVABAS PUESTO CUANDO TE VIOLARON?

Esa es la pregunta que está en boca de muchas personas. Lo que te preguntan cuando acudes a la comisaría de Policía a poner la denuncia. El juez o el fiscal te cuestionan el tipo de ropa que llevabas cuando te violaron, cuando abusaron de ti. Se acaba de aprobar en el Congreso la Ley orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual más conocida como “solo sí es sí”. Solo el consentimiento ha de ser explícito y expreso para mantener relaciones sexuales. La línea entre agresión sexual y abuso se dibuja con más claridad a la hora de castigar los delitos. Y algo muy importante: esta Ley deja muy claro que el silencio o la pasividad no necesariamente significan consentimiento.

La jurisprudencia es abundante en este tipo de delitos. Como también abundan los magistrados y magistradas que aún en pleno siglo XXI, siguen dictando sentencias en las que se puede leer: “Por más que dicha versión pudiera resultar subjetivamente verosímil, no implica otorgarle un carácter de autoridad como si la víctima fuera ‘oráculo incuestionable de lo verdadero’. La credibilidad genérica de un relato no equivale a la suficiencia para la condena. Es muy complicado valorar el testimonio de un niño de unos ocho años de edad por aquel tiempo, incluso aunque la exploración haya sido llevada a cabo por profesionales psicólogos adscritos al servicio de atención a la víctima, porque su discurso no tiene las mismas estructuras narrativas que el de una persona más adulta”. Una sentencia absolutoria del delito de agresión sexual a un menor de edad y en grado de tentativa de un adulto: su propio tío.

Llama mucho la atención el hecho de que los testigos estén obligados a decir la verdad en sede judicial. La presunción de inocencia se lleva a límites insospechados. Y en cambio la persona imputada puede mentir con total descaro (véase la sentencia del caso Kote Cabezudo). La víctima abusada o violada relata por enémisa vez los hechos. Revictimización al amparo de la Justicia, oiga.

Y esto nos lleva a la pregunta: “¿Qué llevaba puesto?”. Los magistrados que supuestamente cuidan de que las leyes se respeten y juzgan los supuestos delitos, se erigen en múltiples ocasiones en “abogados defensores” del propio acusado. Sobre todo cuando realizan este tipo de preguntas. Incluso hubo alguno que se atrevió a sentenciar que: “la joven menor de edad -17 años- pudo provocar, si acaso inocentemente, al empresario J*** F*** por su vestimenta”. El imputado solo pagó una multa. Se conoce como la sentencia de la minifalda y fue un juez de la Audiencia Provincial de Lérida. ¿Tendrá hijas o nietas ese señor?


Una exposición con mensaje

El Centro para la Educación y Prevención de la Violencia Sexual de la Universidad de Kansas (Estados Unidos) ha montado la exposición que lleva por título: ‘What were you wearing?’ (¿Qué llevabas puesto?). En esa exposición se muestran historias de personas que han sido víctimas de abuso sexual. Nos muestran las prendas que vestían cuando éstas fueron agredidas. Ahora esta exposición ha recalado en la ONU. Más de 100 atuendos que sirven para denunciar la actitud de todas esas personas que intentan culpabilizar a la víctima de la agresión.

Si ya de por sí el hecho traumatiza y deja en shock, a ese calvario se suma la actitud del sistema que supuestamente ha de protegerlas y contenerlas. Se siente como una traición e incluso para algunas, como una segunda violación. Interposición de denuncia en la comisaría, pruebas hospitalarias, exámenes psicológicos, período de instrucción, el juicio oral… La denunciante -sea menor de edad o no- revive una y otra vez la agresión. Y a pesar de su testimonio y de la abundante carga probatoria que apunta al violador, los magistrados deciden que la culpable es ella: la víctima (véanse las resoluciones de Ana Isabel Pérez Asenjo).

Una de las mujeres cuya ropa ha pasado por la exposición es Samantha McCoy. Una abogada de Texas que fue violada a la edad de 22 años por un oficial de policía. «Me quedé con lesiones físicas, pero lo más devastador fue la angustia mental inimaginable», afirma. «Se cometieron errores cruciales en la recopilación de pruebas. Me criticaron, dudaron y me hicieron preguntas que a las víctimas de otros delitos no se les hacen como ‘¿qué llevabas puesto?’».


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