¿QUÉ ES UN TRAUMA?

Un trauma es un acontecimiento de carácter estresante, muy amenazante que genera una angustia intensa. La persona que lo vive bloquea su sentir. Entra en shock y el recuerdo permanece bloqueado en la memoria inconsciente. Para que se produzca dicho bloqueo y con el fin de proteger a la persona de la sensación de miedo que sintió, el cerebro genera respuestas defensivas (mecanismos de defensa) que tienen como finalidad impedir que vuelva a producirse la sensación de angustia que vivió durante el suceso traumático. 

Hay muchas veces que los acontecimientos traumáticos pueden recordarse cognitivamente pero están aislados de la conexión emocional y afectiva. Así recordamos experiencias infantiles que son ingratas pero les quitamos el valor angustiante utilizando la relativización y bromeando sobre ellas. 

El trauma: sensación de amenaza

El trauma es un fenómeno inconsciente directamente relacionado con el miedo a morir de forma inesperada y brusca. El miedo a morir tanto física como afectivamente. Los sensores que captan dicha amenaza provocan una parálisis sensitiva para que, pase lo que pase, el organismo no sufra y no colapse las posibles respuestas de adaptación y supervivencia. Cuando la persona supera la situación, ha desarrollado respuestas que el cerebro integra como óptimas para la vida, para salir adelante. Las configura como mecanismos esenciales y les da un valor prioritario para que la persona pueda afrontar situaciones futuras potencialmente peligrosas.

El amor en todas sus manifestaciones es la cura para sanar las heridas de la infancia.

Boris Cyrulnik

Así, hay personas que, ante el peligro o la amenaza, activan conductas tensionales. Otras se hiperexcitan con el fin de salir huyendo. Algunas se paralizan, se esconden, miran para otro lado, se abstraen o incluso atacan. Todas estas respuestas son condicionadas a un momento de la vida en el que las personas han sentido o percibido un peligro en su ser. Y han ido desarrollando respuestas defensivas ante la amenaza. 

Cuando la sensación de amenaza es permanente, la conducta defensiva se convierte en un rasgo que determina una forma de actuar ante cualquier situación. Así, hay personas que son más excitables, más evitativas, más pasotas, más obsesivas, más tensionales, más irascibles. Pero cuando la sensación de amenaza se constituye como una realidad coyuntural o contextualmente específica, la persona reaccionará con estos mecanismos de forma puntual. La intensidad de la respuesta será directamente proporcional a la intensidad del peligro percibido.

Alteraciones como pánico o incluso fobia

Cuanto más inespecífico o primario- ontogenéticamente- es el trauma, más alteración siente la persona ante una situación percibida como potencialmente peligrosa. El cerebro detecta sensaciones similares a las que constituyeron la situación primigenia que generó el trauma. Éste responde con los mismos mecanismos defensivos, sin evaluar siquiera si la persona tiene otros recursos superiores de índole emocional o racional para hacerles frente. Surgen así reacciones de pánico, crisis de ansiedad, obsesivas o respuestas fóbicas que, en apariencia y racionalmente, son desproporcionadas respecto al estímulo que las genera.

Esto produce una sensación de alteración nerviosa y de confusión que afecta de forma profunda a la persona. Siente sensaciones reales de que se muere, se vuelve loca o pierde el control. Siente alteraciones vegetativas intensas (sudoración, alteración del ritmo cardíaco, mareos, alteraciones digestivas, náuseas, distorsiones perceptivas). Incluso una gran e intensa sensación de miedo y/o angustia. Durante mucho tiempo se pensó que el trauma era una respuesta que se producía en la vida del sujeto, sobre todo al inicio de la vida, aunque también podría producirse en otros períodos.

La evidencia clínica y las observaciones de las respuestas traumáticas nos permiten advertir que, cuanto más inicial es el trauma, más intenso es el desorden emocional que la persona puede llegar a desarrollar ante lo que percibe como amenazante. Entendiendo que el trauma afecta a lo que percibe pero también, a lo que siente respecto de lo que percibe. Si la experiencia se graba en la memoria cuando la persona es muy vulnerable, por ejemplo al principio de la vida, la persona puede sentir que la realidad vital en su totalidad, es amenazante. Así puede desarrollar conductas desajustadas filtradas por esa idea prefijada en su memoria.

El trauma puede afectar al feto

Las experiencias tempranas pueden permitir a la persona diferenciar entre sensaciones gratificantes y sensaciones desagradables. Si el trauma se genera después de haber desarrollado estas distinciones, la persona utilizará respuestas alteradas en momentos vitales en los que se activen los sensores que percibieron el agente amenazante primario. Ahora bien, la investigación relacionada con la memoria experiencial y traumática, nos acerca a una nueva forma de entender patrones de desajuste emocional o conductas desajustadas que, hasta el momento solo se explicaban por traumas vitales personales.

Por una parte, la investigación prenatal determina que todo lo que sucede antes de nacer, desde el momento de la concepción hasta el alumbramiento, está determinando el sentir del feto. Así cualquier desajuste bioquímico, funcional del medio intrauterino o del propio desarrollo, una vez que el sistema nervioso se ha formado y tiene capacidad de sentir, está generando respuestas y desarrollando aprendizajes en función de lo que siente el neonato. Cualquier proceso desajustado de carácter sorpresivo, que rompe con la dinámica natural, puede ser considerado un peligro para la vida y por tanto un agente traumático que quedará grabado en la memoria del bebé.

Con respecto a este tema, son muy interesantes las investigaciones sobre los gemelos supervivientes. Esta investigación explica determinados patrones de comportamiento que desarrollan los gemelos que han perdido a lo largo del crecimiento intrauterino alguno de sus hermanos, naciendo solo uno, pero quedando grabado en su memoria, la ruptura traumática de la pérdida de su/s “compañero/s de viaje“.

Epigenética: alteración del ADN

Por otra parte, las investigaciones en el ámbito de la herencia genética nos demuestran que, no sólo se hereda lo que está en la estructura del ADN de nuestras células, sino también que cualquier experiencia vital puede alterar funcionalmente al ADN. A esta alteración funcional se le denomina epigenética. Estas investigaciones se iniciaron para explicar determinadas patologías fisiológicas como el cáncer, alteraciones neurológicas o cardiovasculares.

Pero de igual forma, las experiencias traumáticas afectan a la epigenética por el contenido de alteración neuroendocrino inmunológico asociado a ellas. Producen una información nueva en el ADN que puede transmitirse de generación en generación. Así traumas que han vivido nuestros padres podríamos heredarlos nosotros. O traumas que hemos vivido nosotros, podríamos transmitírselos a nuestros hijos. 

Esto permite también reflexionar respecto a los motivos por los que pueden estar apareciendo novedosos patrones alterados en los niños. Estos en la actualidad, cada vez proliferan más. ¿Podrá tener algo que ver el tipo de vida estresante y alterada que las personas desarrollamos en una sociedad cada vez más artificial, dominada por dogmas rígidos, cultura competitiva, alejada intensamente de lo sensato, coherente y esencialmente natural?

Y de igual forma, sería bueno hacer una reflexión de cara al futuro. Los cambios que nosotros determinemos en nuestra forma de sentir, los procesos de evolución y desarrollo personal que nos permitan liberarnos del estrés o de los traumas adquiridos o vivenciados podrían por qué no, favorecer nuevas generaciones más sanas y capaces de vivir con mayor plenitud y bienestar.


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