¿PROTECCIÓN Y SEGURIDAD O LIBERTAD?

La protección es una forma transitoria de reaccionar ante un peligro para conseguir la seguridad que nos da la libertad. Cuando nos tenemos que proteger de algo es porque nos encontramos ante un peligro real o que interpretamos como real. Estamos en un estado de alerta nerviosa y protegiéndonos conseguimos reducir la sensación de amenaza. Cuando la situación amenazante desaparece, podemos salir de la situación protectora y entonces sentimos seguridad. El sistema nervioso se relaja porque estamos libres del peligro.

Protección desde la dependencia

Por tanto, la naturaleza nos dota de la capacidad de afrontar lo amenazante buscando protección y luego seguridad. Tenemos la capacidad de saber que ante la adversidad real, lo ideal es escapar de la amenaza,  no mantenernos constantemente protegiéndonos de ella.

Pero a veces seguimos aguantando amenazas, utilizando la protección desde la dependencia, desde el sometimiento, por no sentirnos capaces de separarnos de lo amenazante y desarrollar nuestra propia seguridad. La seguridad real.

Las sensaciones amenazantes pueden ser muy variadas. La sensación de nerviosismo o inseguridad aparece ante situaciones que pueden dañarnos físicamente o bien peligrar nuestra vida. En situaciones que nos producen desajustes o desorganización vital. Cuando nos sentimos invadidos o nos presionan. También puede activarse ante la incertidumbre, lo desconocido o cualquier mensaje que percibimos como potencialmente dañino. Incluso ante la sobrecarga o preocupación emocional.

El miedo enferma al organismo

En cualquiera de estas circunstancias sentimos miedo. El miedo es la respuesta emocional que se genera por la activación del sistema nervioso. En el caso de que la situación no sea controlable o más poderosa que la capacidad de afrontamiento, entonces nos sentimos inseguros, no sabemos qué hacer, entramos en confusión, incertidumbre y angustia.

El sistema nervioso no puede estar mucho tiempo en activación, necesita regularse y calmarse para poder vivir y ser útil para otras funciones vitales. Si el sistema nervioso está permanentemente activado, desajusta al organismo, tanto al físico como al psíquico. Entramos en estrés. Y el estrés disfuncional mantenido en el tiempo, hace vulnerable y daña al organismo.

Cualquiera que vive situaciones de estrés o ansiedad, sabe que afectan al sistema inmunológico, lo debilitan. De hecho, hay mucha literatura científica que explica la relación del desajuste nervioso y las enfermedades cardiovasculares, inflamatorias o infecciosas, entre otras.

Personas con dermatitis atópicas, papilomas. ¿A quién no le ha brotado un herpes después de vivir una situación de estrés, angustia, tensión nerviosa o emocional? ¿Infecciones o alteración de la flora intestinal generadas por tiempo de exposición a situaciones de angustia vital? ¿Helicobacter pilory asociada a estrés, generando úlceras estomacales? ¿Cuadros catarrales o gripales variados porque el sistema inmunológico está deprimido?

A veces me pregunto: ¿por qué los niños se enferman tanto en las guarderías? ¿Por estrés de separación de sus figuras de apego? ¿Por estar en un lugar desconocido? ¿Por cambio repentino de rutinas o porque se lo contagian otros? Y esos otros ¿Por qué enferman?

Necesitamos reducir la respuesta de ansiedad y miedo. Que el sistema nervioso deje de estar con sobrecarga de tensión y de activación. La salud es evitar el estrés crónico y mantenernos en un estado de equilibrio y bienestar.

La información de los medios nos alarman

¿Qué ocurre cuando la situación de amenaza nos está acechando y parece que no se va? ¿porque es una situación que nos bombardea constantemente? ¿Y si esa amenaza constante nos la están inoculando desde los medios de comunicación, con una información de peligro a la vida, por un virus que acecha a la sociedad?

¿Y si están utilizando la  sensación de peligro a morir para generar una alarma social y colapsan los hospitales, creando un caldo de cultivo, allí donde hay más peligro? ¿Y si ese virus está afectando selectivamente a la gente? ¿Por qué mueren sobre todo personas mayores o inmunodeprimidas? ¿pero no se investiga ni cómo ni por qué está ocurriendo? ¿Y si parece que no hay otra enfermedad infecciosa, inflamatoria o cardiovascular sobre la Tierra y todos mueren de este virus?

Lo que ocurre es que esa amenaza se incrementa con la incertidumbre, el alarmismo, información ambivalente, información de muertes reales que, aunque estadísticamente sean menos significativas que otros motivos, no paran de asociarse al coronavirus. Un virus que brota y rebrota en gente joven y no pasa nada, pero los medios lo transmiten como si fuera terrible, estigmatizando a los que cuestionan lo que está pasando y cómo se está gestionando.

Protección a través de nuestros salvadores

Entonces se crea un escenario de angustia constante porque no podemos controlar lo que está sucediendo. Como necesitamos reducir la sensación amenazante, si alguien nos proporciona fórmulas para protegernos de ella, lo vemos como la única salida y le damos un valor de necesidad. Aumenta nuestro miedo si no nos protegemos. “Hay que protegerse para salvarse.”

Así nos van controlando, sometiendo, organizando. Y sentimos que al estar obedeciendo al sistema protector, estamos un poco mejor. Sin embargo, seguimos alertados, afectados, nerviosos y preocupados. Porque seguimos utilizando la protección, “su protección” y seguimos sintiendo que estamos ante un peligro, que solo se resolverá cuando sean ellos mismos los que nos consigan salvar con alguna solución.

Mientras estamos en actitud de protección, confirmamos que existe una amenaza y cuando nos dan seguridad, desaparece la amenaza. Ellos son nuestros salvadores. Pero no nos damos cuenta que son también nuestros manipuladores.

La seguridad real, la que permite salir de la relación de dependencia en la que nos han metido, es la de ser conscientes de que quien nos está matando, quién nos está intoxicando, es quien dice protegernos con estas raras medidas. Para luego ofrecernos la solución con una rápida vacuna. ¿Y les seguiremos creyendo?

¿Dónde está la libertad?

Sentir seguridad es sentirse conectado con recursos. Es sentirse libre de amenazas. El pensamiento es libertad. La libertad es la mejor seguridad.

La seguridad es un estado de calma. Es una sensación que surge con la comprensión, la certeza, nos da estabilidad y equilibrio. Con el pensamiento claro, independiente y consciente podemos buscar formas de entender, reflexionar, gestionar creativamente para intentar resolver la sensación amenazante y procurarnos seguridad.

Y lo que hay que explorar y descubrir, en este caso concreto, es qué o quién es realmente la amenaza. Si es ese virus letal o si es quien, de forma intencionada, nos ha generado caos, estrés, incertidumbre, angustia ante algo incontrolable y peligroso. Ha utilizado a los medios para poder manejarnos. Nos ha mantenido con aislamiento durante meses, con medidas protectoras, mascarillas, distanciamiento, control y coerción, para seguirnos teniendo presos de miedo.

El sentido común: nuestro gran aliado

Si quieres ser y estar consciente, abre los ojos. Sólo piensa que la única forma de escapar de esta barbarie es utilizar el sentido común, el pensamiento crítico, la exploración y el cuestionamiento. El pensamiento científico no se basa en la obediencia. La ciencia es observar, cuestionar y contrastar. Y eso te dará certeza. Escucha a otras personas que te aporten seguridad, no protección. Escucha a quien te explique lo que es bueno para ti. Lo que te puede aportar la libertad natural, no miedo y ansiedad.

Porque en este momento, nadie da respuestas basadas en la evidencia, en razones, en certezas que expliquen lo que está pasando y la forma en que lo están gestionando. La única evidencia es que nos están manipulando y engañando. Posiblemente si te das cuenta de ello, no lo podrás resolver, pero sentirás la calma de sentir  libertad y tener la oportunidad de transmitirlo a quien, en algún momento, pueda dudar de si lo que está pasando realmente tiene sentido y está destinado al bien de la Humanidad. 

De momento, este proceso que estamos viviendo no parece diseñado para aportarnos salud. Estamos obedeciendo, manteniendo medidas de protección que nos quitan libertad y también seguridad. La seguridad de pensar y también de cuestionar. Cambiemos y reencuadremos. La oportunidad del cambio nos la da la libertad de activar creatividad. Esperemos. Tiempo al tiempo.


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