PROPÓSITOS Y OBJETIVOS EN LA VIDA

Los seres humanos necesitamos propósitos, motivaciones, metas, ilusiones y sueños para que nuestra vida en la Tierra tenga un sentido. Así será mucho más sencillo litigar con nuestras obligaciones diarias. Algunas son más gratas que otras, trabajos más pesados que realizamos para subsistir. Tareas domésticas que la mayoría aceptamos con resignación porque forman parte de nuestra cotidianidad. Cuestiones diversas que también forman parte de “esas obligaciones” propias y personales de cada uno de nosotros, que intentamos sobrellevar de la mejor manera que podemos.

Yo soy de las que pienso que la vida es un equilibrio entre nuestras obligaciones como personas y nuestras satisfacciones personales, gozo, disfrute de nuestro tiempo libre y también cómo no, de la persecución de nuestros propósitos y objetivos. Esos objetivos personales e intransferibles son nuestro combustible para arrancar nuestros motores y así poder funcionar con suficiente carburante todos y cada uno de los días de nuestra vida. Algo así como el Yin y el Yang que se usa en otras culturas para representar a dos fuerzas fundamentales, opuestas pero a la vez fuertemente vinculadas. Estas fuerzas se encuentran en todas las cosas. El Yin es el principio femenino: la tierra, la oscuridad, la luna, el descanso. El Yang es el principio masculino: el sol, el cielo, la actividad y el tiempo.

De lo que se puede deducir que ningún concepto existe por sí solo, sino que continuamente se está transformando. Y que todas las ideas pueden verse diferentes, contrarias según desde qué punto de vista las miremos. El filósofo griego Platón tenía una teoría sobre las ideas. Explicaba que existía una dualidad separada entre el Mundo intangible, que son las ideas al cual pertenecemos todas las personas desde nuestras almas, razonamientos y sentimientos. Y el segundo Mundo, el tangible o sensible, que son las cosas que nos rodean, que podemos percibir con nuestros sentidos. Es el mundo real tal y como lo sentimos mediante el tacto, el gusto, el oído o el olfato. Lo que nos demuestra que en la vida cotidiana nos podemos encontrar con infinitas “dualidades” y la dificultad estará en saber descifrarlas.


Propósitos que nos invitan a soñar

Ir consiguiendo proyectos de vida que nos ilusionen y les den un sentido a nuestra existencia, para que de alguna manera nuestra vida mejore. Aprender un nuevo idioma, conseguir nuestra figura deseada, tener hijos, trabajar en aquello que nos haga sentir realizados y una larga lista de objetivos personales e individuales que cada uno de nosotros podemos fijarnos como metas propias. Aunque no es fácil, hay personas que tienen muy claros sus objetivos. Los persiguen y van a por ellos sin dudarlo. Pero muchas otras personas no acaban de tenerlo tan claro y por ello el camino hacia sus metas es mucho más incierto y esto les puede llegar a producir mucho desanimo. 

Hemos vivido unos meses de muchísima angustia con la pandemia. Durante este tiempo nuestras metas han quedado paralizadas, ya que solo ha existido preocupación, incertidumbre, nerviosismo y dolor por todo lo experimentado y vivido. Mucha tristeza por tener que estar separados de nuestros seres más queridos, muchos de ellos tristemente fallecidos. Indignación por ver cómo no podías vivir tu vida con la más absoluta libertad, sino rodeada de restricciones y prohibiciones que sesgaban todo nuestro ocio, bienestar, vida familiar y futuros sueños anhelados. Por ello ha habido muchas personas que se han hundido, apagado y se han visto sumidas en un gran decaimiento personal y general. Solo nos ha permitido planificar el presente, el día a día, sin poder tener ningún sueño en un futuro inmediato.

Ahora que hemos vuelto a recuperar la esperanza, que el mundo se ha vuelto a poner en marcha poco a poco, con precaución, ya podemos volver a soñar. Podemos retomar la búsqueda de esas ilusiones aparcadas en nuestro interior desde hace tantos meses y dejarlas salir en libertad, que vuelen como si de un ave se tratara y que escojan su destino. Mientras caminamos para lograrlas, empecemos a creer en nosotros mismos, respetémonos y respetemos también a los demás. Esas metas cobraran fuerza cuando empiecen a influir en cómo somos.

Y en ese momento, consigamos o no llegar hasta el final de nuestro camino, se habrá producido un gran cambio en nuestro interior. Tendremos que ir experimentando y a través de esas experiencias, comprobar cómo nos hacen sentir. Si aquello es realmente lo que nos llena, encontraremos por fin dónde encajamos y a qué pieza del puzzle enorme que es la vida, pertenecemos.

En conclusión: es importante tener metas, objetivos, proyectos o propósitos llamémoslos como queráis. Estos propósitos nos alientan a ser mejores tanto en nuestro interior como en nuestro exterior, en nuestra vida diaria. Y aunque no las alcancemos, habremos aprendido y vivido nuevas experiencias. Éste será nuestro éxito: haber vivido y aprendido al máximo de nuestra gran aventura.


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