¿POR QUIÉN ACTÚAS COMO ACTÚAS?

¿Te has parado a pensar alguna vez por quién actúas como actúas? ¿Por quién haces lo que haces cada día? Tal vez puedas pensar que ese “quién” sea algún ser querido, tu pareja, tu hijo o cualquier otra persona importante para ti. O quizá sea un grupo de personas del entorno donde vives que ejercen influencia sobre tu yo y por eso actúas como actúas, para encajar en ese entorno y no sentirte excluido de él.

En el fondo todos sabemos que cada acto que ejecutamos, cada emoción que sentimos e incluso cada pensamiento que se nos cruza por la cabeza tiene un “quién” muy bien definido: nosotros mismos como individuos independientes.

No me malinterpretes

No estoy haciendo apología del egocentrismo. Solo quiero que comprendas que todo lo que hacemos en esta existencia está orientado a nuestra propia felicidad. Y eso no significa que no seamos generosos, sino que lo somos “porque nos hace sentir plenitud y nos llena por dentro” y eso es muy egoísta, entendiendo este término como algo fantástico y necesario para nuestro crecimiento personal.

Siempre nos han contado que lo correcto es adoptar una actitud generosa hacia los demás. Y estoy de acuerdo con ese axioma. Sin embargo para que puedas dar a otros esa generosidad y ese amor, primero has de generar esa generosidad y ese amor dentro de ti. No es posible dar algo que no posees, ¿no te parece?

Por eso es necesario que alimentemos todos estos valores de generosidad y de amor primero dentro de nosotros mismos, “hacia” nosotros mismos. De lo contrario sería como si quisieras invitar a unos amigos a tu casa para tomar unas cervezas sin tener ninguna en la nevera. Es evidente que tus amigos volverían a sus respectivos hogares decepcionados y sedientos. Lo lógico es que, unas horas antes de la cita con tus amigos, vayas a comprarlas y las metas en la nevera. Entonces sí que quedarán satisfechos y tú cumplirás con lo que les prometiste.

De la misma manera primero tienes que centrarte en llenar de generosidad y de amor tu interior y luego ya no tendrás ningún problema para expandir esa energía positiva y esa bondad que todos tenemos dentro hacia el exterior.

¿Cómo hablamos con nosotros mismos?

Es sencillo: nuestra experiencia de vida nos insta a centrarnos en complacer y amar a algo o a alguien externo ya sea el trabajo, el jefe, los hijos, los amigos, etc., y nos olvidamos de complacer y amar a la verdadera fuente de todo lo bueno que hay en esta existencia, que somos cada uno de nosotros.

La clave es tener una conversación sincera con nuestro interior, siempre desde el amor más absoluto, sin quejas ni rencores, sin juicios. Debemos tener una charla agradable con nuestro yo de vez en cuando y demostrarnos a nosotros mismos que nos respetamos y nos amamos, que nos perdonamos de nuestros errores del pasado y de las acciones reprochables que todos hemos realizado alguna vez en la vida.

Debemos entender que somos humanos, que nos equivocamos y que es correcto que sea así para poder crecer, que tenemos un camino aún por andar y que debemos hacerlo con paso firme, alegre y confiado. De esta forma nuestro interior se cargará con una hermosa energía de felicidad, generosidad y plenitud.

Es entonces cuando podremos ser generosos y entregar todo nuestro amor a los demás, porque ya lo poseeremos.


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