PIENSO DIFERENTE: ¿ME ACEPTAS?

En la actualidad hay muchos temas con los que pensamos diferente, con nuestras amistades, pareja, familiares, compañeros de trabajo o desconocidos ocasionales. Recibimos un auténtico bombardeo de información a través de prensa, radio o televisión. Cada día de la semana un nuevo tema de discusión. Los más populares son política, virus y vacunas. Han surgido expertos en el tema, hasta de debajo de las piedras. Partiendo de estos espinosos temas ya tienes conversación asegurada con tus compañeros de trabajo, tu pareja o simplemente con nuestro vecino. En definitiva, con cualquiera que nos crucemos en el trayecto al trabajo, tomando un café en un bar, en la panadería o con cualquier persona con la que iniciemos una mínima conversación. Enseguida nos podemos ver envueltos en una batalla de dimes y diretes sin apenas darnos cuenta.

Pero ¿sabemos comunicarnos con personas que piensan diferente a nosotros? ¿Somos capaces de hacerlo? Si somos sinceros, nos arriesgamos a que sea contrario a nuestras ideas y acabar ofendiendo a la otra persona. Si guardamos silencio y evitamos decir lo que pensamos, nos estamos traicionando a nosotros mismos porque estamos siendo «alguien» que en realidad no somos ante los demás. Lo complicado empieza cuando la otra persona es importante para nosotros. De lo contrario, no tenemos por qué intercambiar muchas opiniones o profundizar en ellas. A veces simplemente por haber nacido en una determinada región y ser natural de esa comunidad, hay personas que ya te «etiquetan» y ni tan siquiera les has expresado tu opinión.

Ya han presupuesto que sí perteneces a ese lugar, tendrás una ideología política y no otra. Lo he vivido personalmente con una amistad en Facebook, la cual muy disimuladamente me fulminó de su lista de amigos solo por haber nacido en el lugar «trending topic» del momento. Muchas personas presumen de tolerantes cuando están lejísimos de serlo.

En estos días el debate nacional son las vacunas. La población está dividida entre dos bandos: los vacunados versus los no vacunados, surrealista. Pero aquí el debate según en qué lado estemos y como expresemos nuestra opinión, podemos vernos sumidos en una acalorada discusión y enemistarnos para siempre. Debo ser de las pocas personas que piensa que dialogando se puede llegar muy lejos, eso si hay que hacerlo desde el más profundo respeto hacia el prójimo e intentar expresarnos con consideración. Mantener siempre la calma y no menospreciar las ideas de la otra persona, siendo asertivos desde el primer momento. El problema es que muy pocos saben discutir bien.

Se puede estar en desacuerdo pero hacerlo con tolerancia. Podemos debatir y defender nuestra manera de pensar sin alzar nuestra voz ni perder la compostura. Parece una utopía, algo muy improbable, realmente irrealizable pero a mí me gusta pensar que no lo es tanto y que si queremos, podemos.

En un mundo donde predomina la intolerancia y la intransigencia que nos lleva a enfrentarnos entre nosotros, sería bueno pararnos y reflexionar qué tipo de mundo queremos: uno donde nuestras libertades estén limitadas, donde las personas estén constantemente enfrentadas, donde la convivencia sea imposible, el odio y el rencor estén a la orden del día. O bien un mundo con libertad de expresión y opinión, donde nuestros políticos se esfuercen en mejorar nuestra sociedad y aborden los problemas reales de sus ciudadanos sin importar si son ricos o pobres, de derechas o de izquierdas, hombres o mujeres. Mi reflexión sería: ¿estaríamos preparados para vivir en un mundo así? 


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